Bomberos en La Guaira salvaron vidas a pulso: falta de equipos limitó el rescate
Un paramédico confirmó que desde el pasado 2 de julio no realiza traslados de sobrevivientes en su ambulancia. Ahora se dedica a la recuperación de fallecidos.

La respuesta de los cuerpos de rescate y bomberos nacionales ante la contingencia por el doblete sísmico registrado en Venezuela el pasado 24 de junio ha estado plagada de críticas, especialmente por la tardanza en socorrer a las miles de víctimas.
A 17 días de los terremotos, en las parroquias Caraballeda, Catia La Mar y Urimare —las más afectadas por la catástrofe—, continúa el despliegue de bomberos, funcionarios de Protección Civil, voluntarios y familiares que siguen buscando a sus seres queridos atrapados bajo las estructuras colapsadas.
Aunque la esperanza de encontrar personas con vida se mantiene, los vecinos también exigen mayor apoyo institucional para recuperar los cuerpos de los suyos que yacen bajo los escombros.
Durante un recorrido hecho por Efecto Cocuyo en la urbanización Caribe de la parroquia Caraballeda, la tarde de este jueves 9 de julio, se constató cómo los vecinos de los urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela (OPP) continúan escarbando entre los escombros sin descanso en busca de los suyos. Aunque en el lugar se encuentran equipos de bomberos y Protección Civil, las quejas por las fallas en las operaciones de rescate y recuperación de cuerpos se acentúan a cada hora.
Una de las voces que se alzó contra el mal manejo de las operaciones fue la de Sara Fuentes, madre de un niño de 11 años que sigue atrapado bajo las ruinas del urbanismo OPP26.
“No me interesa una mier** el gobierno (…) tengo a mi hijo de 11 años ahí. Aquí han venido solo a tomarse la foto; además, nos ordenan retirarnos del lugar a pesar de que nosotros mismos somos los que estamos trabajando para recuperar o salvar a nuestros familiares”, denunció a Efecto Cocuyo.
Fuentes añadió que, durante el día, los funcionarios del Estado llegan a imponer órdenes que entorpecen la labor de los propios familiares. En contraste, al caer la noche, cuando las labores voluntarias continúan a pulso, son muy pocos los trabajadores gubernamentales que se quedan apoyando a las familias afectadas.
“Tu vienes para acá en la noche y no ves a ninguno”, recalcó.
Trabajaron con muy poco
Al drama de los familiares se le suma la falta de equipos especializados en los cuerpos de rescate nacionales para ejecutar las labores de socorro.
En las ruinas de lo que fueron las OPP, un bombero conversó con Efecto Cocuyo bajo condición de anonimato por temor a represalias. El funcionario confesó que, desde el primer día de la tragedia, han trabajado casi con las uñas, debido a la carencia de herramientas técnicas y especializadas para la búsqueda de víctimas y la recuperación de cuerpos.

“Los primeros días fueron fuertes, ya que lamentablemente no contamos con el equipo adecuado para este tipo de labores. Pudimos dar una mejor respuesta cuando llegaron los equipos de rescate internacionales; con ellos logramos rescatar a más personas porque ellos sí traían la tecnología necesaria”, señaló desde la urbanización Caribe.
Entre las herramientas ausentes para los rescatistas locales destacan las cámaras térmicas, sondas y detectores de movimiento. “Nosotros no tenemos esos equipos, pero gracias a Dios se logró el objetivo en la medida de nuestras posibilidades”, agregó.
El uniformado reiteró que, aunque contaban con la preparación teórica tras haber realizado talleres y cursos intensivos sobre sismos, la falta de insumos les impidió atender con rapidez a quienes quedaron atrapados bajo estructuras seriamente colapsadas.
El bombero, quien también trabajó en la urbanización Playa Grande —otra de las zonas gravemente golpeadas—, indicó que el grupo bajo su cargo logró rescatar a 19 personas con vida durante las primeras horas de la catástrofe.
“También pudimos sacar de los escombros a cuatro personas fallecidas, entre ellas a un niño”, lamentó.
El funcionario explicó que en este tipo de desastres el tiempo de acción es determinante para salvar vidas. Sin embargo, a pesar de que ya han pasado más de dos semanas desde los colapsos, la fe se mantiene.
“En los últimos días, por lo menos en este sector (OPP), sí han encontrado personas vivas según lo que he visto en redes sociales. Ayer mismo (miércoles) hallaron a alguien con vida en Playa Grande. Los mexicanos, que son los que más han trabajado en tragedias similares en otros países, han encontrado gente viva incluso después de 28 días”, agregó.
Sin traslados de sobrevivientes
El panorama médico en el terreno también refleja el agotamiento y el cambio de fase en el operativo. Un paramédico que atiende las emergencias en las ambulancias desplegadas en la zona relató a Efecto Cocuyo, de manera anónima, como han sido sus últimas jornadas en la urbanización Caribe. El socorrista explicó que la posibilidad de hallar vida se reduce drásticamente con el paso de los días.
“Desde el primer día estamos bajando a La Guaira. Pero yo, en lo particular, no hago un traslado de una persona viva desde el jueves pasado (2 de julio). Sin embargo, las unidades se mantienen en el área esperando que ojalá haya sobrevivientes hoy; pero, por los momentos, es pura recuperación de occisos”, admitió el socorrista.

A falta de sobrevivientes que trasladar, las ambulancias se han convertido en el hospital de campaña de quienes arriesgan su vida entre las ruinas. El desgaste físico ya pasa factura a la primera línea de respuesta.
“Ahorita estamos atendiendo a gente que se descompensa, al mismo personal de salud que trabaja todo el día y se ha deshidratado. Hemos atendido a enfermeros, médicos, o cualquier lesión del personal que está en la remoción, como esguinces o traumas porque les cayó una piedra o un pedazo de escombro. Llevo unos cinco días subiendo y bajando a este punto de la OPP y lo que más hemos atendido es eso”.
El paramédico, quien formó parte de la respuesta gubernamental en el deslave de Las Tejerías, en Aragua, reconoció que la magnitud de este doblete sísmico superó cualquier experiencia previa en el país. A pesar de que su unidad contó con dotación de insumos, coincide en que la catástrofe rebasó los límites logísticos.
“Mucha gente, evidentemente, no estaba preparada para una situación de esta magnitud”, dijo.
Efecto Cocuyo intentó consultar a otros rescatistas y bomberos desplegados en la urbanización Caribe, pero la mayoría se negó a declarar por temor a sufrir represalias institucionales. Los funcionarios coincidieron en que la orden superior es mantener un estricto silencio informativo, pues toda la vocería y los datos oficiales sobre la contingencia centralizada quedaron bajo el control exclusivo de las autoridades militares.
