Así se vive la noche tras el sismo en Catia la Mar
En medio de la precariedad, la resiliencia es una capacidad necesaria

Entrada la noche en la avenida principal de Catia la Mar, en La Guaira, resuenan los motores de la maquinaria pesada. Escombros de locales comerciales permanecen en el suelo, mientras el terminal de pasajeros se transforma en un centro de acopio para médicos, enfermeras, rescatistas y sociedad civil provenientes de todo el país que sirven como voluntarios.
Entre las calles, el estruendo se reduce, dando paso a un silencio abrumador. La oscuridad, por la caída del servicio eléctrico, envuelve a las personas damnificadas por el terremoto del pasado 24 de junio y refleja en su rostro la tristeza por perder sus casas, familia y vidas.
Quienes se encuentran dentro de las zonas afectadas, como Playa Grande, han desalojado, pero también habilitado espacios improvisados para dormir. En las calles, a la intemperie, hay vecinos durmiendo en colchones, camas y muebles. Sentados conversando sobre lo ocurrido, pidiendo ayuda para sacar personas sin vida de los edificios o solicitando medicamentos para dolores.
Autobuses, automóviles, carpas, mantas y hasta bodegas se han convertido en el hogar provisional de muchos. El escenario contrasta sábanas y colchones con edificios que cedieron ante el movimiento, colapsaron, quedaron inclinados o con otras afectaciones.

Playa Grande, Catia la Mar. Foto: Patricia Ochoa
Refugios a la intemperie
En el Farmatodo de Playa Grande, decenas de familias buscan un cambio de ropa o medicinas. El local, después de sufrir daños estructurales, se convirtió en un centro donde los vecinos acuden para solventar necesidades básicas. Mientras una vecina esperaba ser atendida, contó que el doble terremoto, que suma casi 1.500 muertos, ha sido una experiencia horrible.
—¿Tu casa fue una de las damnificadas?
Sí, ahorita estoy en la parte de atrás del Farmatodo.
Explicó que en su hogar todos sus hijos estaban bien, aunque ha intentado resguardarlos. Con uno de sus pequeños con una discapacidad, la tarea es el doble de difícil.
A las personas deambulando sin un rumbo en específico entre las calles, se suman las caravanas de voluntariado que reparten arepas, insumos médicos y productos de primera necesidad.

Playa Grande, Catia la Mar. Foto: Patricia Ochoa
Labores de búsqueda en la noche
José María González, miembro del equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad Autónoma de Madrid (Ericam), de España, comentó que se han desplegado en varios edificios derrumbados de Catia La Mar. “Localizamos cuerpos de víctimas y tenemos en mira posibles rescates de personas con vida”.
González señaló que las labores de búsqueda y rescate se han complicado, por las altas temperaturas y humedad. “Hemos podido evaluar una zona amplia; aun así, la magnitud del sismo ha sido tan grande, que los primeros equipos que llegamos tuvimos complicado llegar a los sitios de trabajo. Mi equipo se encuentra trabajando 24 horas al día, hemos podido localizar varias víctimas fallecidas”.
Entre vecinos que intentan conciliar el sueño en plena calle sobre colchones improvisados, caravanas de voluntarios que recorren la oscuridad llevando alimentos y el trabajo a contrarreloj de los rescatistas en los edificios colapsados recuerdan que, en medio de la precariedad, la resiliencia es una capacidad necesaria para adaptarse a la adversidad.

José María González, miembro del equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad Autónoma de Madrid (Ericam). Foto: Patricia Ochoa