Trump endurece su discurso sobre despliegue en el Caribe
Estados Unidos pasó de advertencias verbales a despliegue militar más visible
Aunque Donald Trump y Nicolás Maduro reconocieron haber sostenido una breve conversación telefónica, incluso el segundo dijo que se dio en un marco de “respeto”, la retórica pública de Donald Trump se mostró, esta semana, con un tono más elevado.
En solo siete días, Estados Unidos pasó de advertencias verbales a despliegue militar más visible y esta semana del 29 de noviembre al 5 de diciembre de 2025 marcó un punto crítico en la crisis entre Washington y Caracas.
El despliegue militar estadounidense en el Caribe, que alcanza niveles inéditos desde 1989, con el portaaviones USS Gerald R. Ford como eje central y más de 15.000 efectivos en la región, no ha parado.
Esta operación, bautizada “Lanza del Sur” (Southern Spear), justifica Washington como lucha contra el narcotráfico, pero Caracas la califica de amenaza directa a su soberanía.
Paralelamente, una llamada telefónica “cordial” entre Donald Trump y Nicolás Maduro introdujo un matiz diplomático en medio de bombardeos navales contra lanchas que transporta presuntamente drogas y que han dejado más de 80 muertos.
Analistas regionales advierten de un riesgo inminente de choque mayor, agravado por el cierre del espacio aéreo venezolano y la reactivación de bases en Puerto Rico.
El epicentro de la tensión
Estados Unidos acumula una fuerza naval y aérea masiva en el Caribe, con el USS Gerald R. Ford —el buque de guerra más grande del mundo, capaz de transportar 90 aviones—. Lo acompañan destructores misilísticos, un submarino nuclear y cazas F-35 basados en Puerto Rico.
La isla caribeña, territorio estadounidense, emerge como plataforma logística clave: la Estación Naval Roosevelt Roads, inactiva desde 2004, reabrió para operaciones de marines y aviones de combate. Imágenes satelitales muestran al menos 7.500 efectivos en tierra, con vuelos de B-52 y drones MQ-9 Reaper.
El Pentágono, bajo el secretario Pete Hegseth, sigue ejecutando ataques contra supuestas “narcolanchas” vinculadas al Cartel de los Soles —designado terrorista por Washington— y al Tren de Aragua.
En total, 23 embarcaciones destruidas en el Caribe y Pacífico, con 83 víctimas fatales confirmadas. El último incidente, este 4 de diciembre, deja cuatro muertos en aguas internacionales. Maduro denuncia “ejecuciones seriales” y exige investigación de la ONU; organismos internacionales critican la falta de transparencia y posibles crímenes de guerra, como un segundo bombardeo contra sobrevivientes en septiembre.
De la retórica a la acción
Donald Trump endureció esta semana su postura en una rueda de prensa con su gabinete el 2 de diciembre. Declaró apoyo total a las operaciones del almirante Frank Bradley y Hegseth, evitó cuestionar ataques a sobrevivientes y afirmó: “Esto es la guerra; los responsables mataban a nuestra gente por millones”.
Trump avanzó, además, en una expansión a tierra firme: “Empezaremos ataques por tierra muy pronto… Acabaremos con esos hijos de perra”, refiriéndose a los líderes de los carteles narcotraficantes, a los que acusó de causar 200.000 muertes anuales por sobredosis en EE.UU. y extendió sus amenazas a Colombia por sus “fábricas de cocaína”.
El 29 de noviembre, Trump, a través de su red social Truth, dirigió un mensaje a aerolíneas, pilotos e incluso narcotraficantes en el que les decía que consideraran que el espacio aéreo venezolano estaba cerrado en su totalidad, lo que generó un caos en vuelos regionales y alertas de la FAA.
El 30 de noviembre, Trump confirmó la llamada con Maduro: “No salió bien ni mal; fue una llamada telefónica”. Fuentes de medios internacionales acusaron un ultimátum: salida de Maduro o escalada militar, sin concesiones en sanciones.
Llamada “cordial” y diálogo inesperado
El 3 de diciembre, Maduro reveló la conversación del 25 de noviembre como “respetuosa y cordial”, iniciada por la Casa Blanca. Insiste en disposición a la diplomacia “Estado a Estado” para buscar paz, pese a los bombardeos.
Trump reconfirmó parcialmente, pero reiteró que hubo presión. Analistas ven en esto una vía para reapertura bilateral tras meses de hostilidad, aunque coincide con retórica belicista.
El Nobel de Machado
En este contexto, el Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado, que será entregado el 10 de octubre en Oslo, resuena con fuerza. El Comité Noruego la galardona “por su incansable labor en la promoción de derechos democráticos y lucha por una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.
Aún se desconoce si Machado asistirá a la ceremonia en Noruega, en tanto este sábado está previsto la celebración de marchas por “la paz y la libertad” en 80 ciudades en más de una veintena de países.
“Nos vemos este próximo sábado, 6 de diciembre, y ese día el mundo va a saber por qué el Nobel es nuestro”, afirmó Machado en un video que difundió a través de sus redes sociales.
