No eres tú, es el modo de relacionarnos

La cultura surge del modo en el que se relacionan las personas que generan esa cultura. Y para relacionarse se necesitan dos o más de dos personas. En estricto rigor no son las personas sino la relación que tejen entre ellas lo que hace que nuestra cultura sea de un modo y no de otro.

Las personas no son de una manera determinada, se relacionan de modos diferentes, se encuentran de distintas formas y esas relaciones tejen el entramado cultural de una comunidad, un país, una empresa.

No está demás decir que cuando digo cultura no me refiero a las manifestaciones artísticas del entramado relacional, sino las relaciones en sí mismas, a su calidad, sus características, al estado emocional, a las conversaciones y, por supuesto, los resultados que de ellas surgen.

Tengo a la mano el ejemplo de Messi. Él es una persona que entra al sistema que constituye el equipo del Barcelona y entra también, eventualmente, a la selección argentina. Fíjense cómo la persona en sí misma no determina el performance del sistema, y tampoco define sus resultados. Aunque Messi hace los goles en el Barça no los hace en la misma cantidad en la selección argentina. No es Messi, es el entramado relacional en el que convive, es el modo de relacionarse de los miembros de los equipos y de eso dependen los resultados.

Uno de los errores frecuentes en materia de transformación cultural es concentrarse en cambiar a las personas, como si algo malo tuviera su constitución biológica, su estructura, como si vinieran con una falla de nacimiento que ya no se pudiera reparar o, peor, que se debe reparar de inmediato. Pero no son las personas, son las relaciones las reparadoras, restauradoras o transformadoras de ese entramado cultural.

Ese mismo error se comete cuando se valora una cultura nombrando a los premios nobel, a las artistas, científicas, autores destacados. De todo entramado cultural surgen personas destacadas y Venezuela no es la excepción, hay muchos destacados por nombrar. Aquí el tema es aumentar la calidad de las relaciones con el otro, ese que ilusoriamente podemos creer que no tiene nada que ver con nosotros. Me refiero a ese otro que también es parte y que pensamos que es el problema.

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Autor(a)

Consultora y facilitadora en materia de comunicación interna y transformación cultural de organizaciones y comunidades humanas.