La red hospitalaria de La Guaira atrapada entre las ruinas y la improvisación (Serie 1/2)
Tras los terremotos del 24 de junio, los dos principales complejos hospitalarios funcionan a una capacidad estimada de entre 20 y 30%

Este trabajo periodístico forma parte de dos entregas sobre la red de hospitales de La Guaira. Un informe al cual tuvimos acceso nos permitió “tomar una fotografía” de la atención sanitaria en la región más afectada del país tras el mayor evento telúrico que ha vivido Venezuela en los últimos 200 años.
Para el momento del doble terremoto, la red hospitalaria del estado Vargas estaba ya debilitada, arrastraba las consecuencias de la emergencia humanitaria compleja. Después de los hechos del 24 de junio, el colapso de la infraestructura de los centros de salud y la merma de personal médico dejan un solo diagnóstico posible: la salud en La Guaira está en terapia intensiva.
El estado Vargas, el más golpeado por ambos sismos, concentró los mayores daños estructurales de la red hospitalaria nacional, de acuerdo con un informe sobre la afectación de los centros de salud al que tuvo acceso Efecto Cocuyo.
El documento describe desprendimientos de mampostería en los pasillos principales del Hospital Dr. José María Vargas, uno de los más importantes de la entidad, donde hubo agrietamiento de columnas de soporte en sus áreas administrativas y fallas totales en los ductos internos de ventilación. “La gravedad de los daños obligó a instalar tres hospitales de campaña en las inmediaciones del centro para asumir las emergencias, ante el riesgo de un derrumbe interno”, se lee en el documento.
En el Hospital Rafael Medina Jiménez, en Pariata, de la parroquia Carlos Soublette, el movimiento telúrico rompió tuberías matrices de agua que terminaron por inundar áreas críticas y agrietar las paredes de la zona de emergencias, según el mismo documento.
El único pabellón que se mantenía operativo en Pariata quedó inhabilitado por la contaminación de polvo y escombros, lo que forzó el traslado masivo de heridos hacia Caracas en vehículos particulares durante los primeros días de la emergencia.
Según el reporte hecho por gremios de medicina y enfermería, los hospitales principales de La Guaira sostenían, antes del sismo, una infraestructura médica frágil. La falta de quirófanos operativos, el desabastecimiento de anestésicos, la parálisis de los laboratorios y los equipos de rayos X inoperativos formaban parte de una precariedad que el terremoto no originó, pero sí profundizó.
Vargas y Pariata, los dos pilares que sostienen la emergencia
El Hospital Dr. José María Vargas, adscrito al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, operaba antes del sismo con apenas dos de sus pabellones habilitados para emergencias estrictas. El desabastecimiento de anestésicos y material médico-quirúrgico superaba el 70% y las cirugías electivas permanecían suspendidas de forma indefinida, según el informe revisado por este medio.
El laboratorio de este hospital se encontraba paralizado por la falta de reactivos para hematologías, urea o creatinina, lo que obligaba a los pacientes a acudir a centros privados externos, mientras el equipo de rayos X acumulaba años inoperativos por falta de repuestos.
El hospital de Pariata no tenía de una situación distinta. Contaba con un solo pabellón quirúrgico activo, limitado por fallas recurrentes en el aire acondicionado, y los familiares de los pacientes debían costear desde las suturas hasta el kit de ropa quirúrgica para los médicos. El laboratorio operaba con apenas un 10% de su capacidad para exámenes de rutina y el servicio de rayos X funcionaba de forma intermitente o permanecía completamente inactivo, de acuerdo con el mismo documento.
Jaime Lorenzo, director de la ONG Médicos Unidos, informó a Efecto Cocuyo mediante un contacto telefónico, que ese centro representaba, hasta antes del sismo, la principal vía de respuesta a emergencias en el estado.
“El Hospital de Pariata ha sido el gran caballo de batalla para las emergencias en el estado, pero sus quirófanos sufrieron daños estructurales severos durante el sismo y aún no han sido rehabilitados”, explicó.
Esa parálisis quirúrgica trasladó buena parte de la carga asistencial al Hospital Vargas, que además absorbió los partos de toda la región tras la inoperatividad casi total del Hospital Materno Infantil de Macuto. Ese centro quedó completamente fuera de servicio de forma inmediata tras el sismo y, aunque reanudó una apertura modesta limitada a consultas prenatales, no cuenta con la dotación necesaria para un hospital de su tipo y actualmente no atiende partos, según el testimonio de Lorenzo.
El grupo internacional Samaritan’s Purse opera en la actualidad un área de triaje en la entrada de emergencias del Hospital Vargas, una señal de que el centro no logra sostener la demanda de forma autónoma.
Maryuri Díaz, presidenta del Colegio de Enfermería del estado Vargas, coincidió en que ambos hospitales operaban con normalidad relativa antes del sismo, e incluso realizaban jornadas quirúrgicas programadas, pese a fallas previas como la provisionalidad de la unidad de cuidados intensivos del Seguro Social.
Tras el terremoto, ambos complejos debieron ser evacuados y, para la tarde de este 12 de agosto, funcionan a una capacidad estimada de entre 20 y 30%, limitados a triaje, observación y emergencias en carpas instaladas en sus entradas, de acuerdo con su relato.
Terapia intensiva
El colapso más severo se concentra en las unidades de cuidados intensivos. El Hospital Vargas tenía su UTI completamente inoperativa antes del sismo por falta de monitores multiparámetros, ventiladores mecánicos dañados y ausencia de personal de enfermería intensivista, lo que obligaba a referir a los pacientes críticos hacia Caracas, según el informe consultado. Después del terremoto la unidad sufrió daños severos de mampostería y su anulación es total: las emergencias críticas se atienden en la actualidad de forma exclusiva en los hospitales de campaña instalados por organismos internacionales en los alrededores.
En Pariata, la unidad contaba apenas con dos camas operativas antes del sismo, con fallas severas en el flujo de oxígeno central y desabastecimiento crónico de sedantes como midazolam y fentanilo. La ruptura de tuberías matrices y la pérdida de energía tras el terremoto inutilizaron los ventiladores mecánicos, lo que forzó la evacuación de emergencia de los pacientes críticos hacia Caracas en ambulancias y vehículos particulares, señala el documento.
Durante los primeros días tras el desastre, la respuesta ciudadana con donaciones civiles fue masiva, pero poco después las direcciones de varios hospitales publicaron comunicados asegurando contar con dotación institucional suficiente por parte del Ministerio de Salud y del IVSS, al punto de prohibir el ingreso de más ayuda civil organizada, relató Lorenzo.
“Existe una ópera bufa entre lo que dicen los comunicados oficiales y lo que se vive dentro de los hospitales”, agregó.
Pese a esos anuncios y al ingreso comprobado de grandes volúmenes de ayuda humanitaria internacional gestionada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), a los pacientes se les vuelve a exigir una lista de insumos básicos, como yelcos y gasas, para ser atendidos o intervenidos quirúrgicamente, según el director de la organización.
La presidenta del Colegio de Enfermería de Vargas, Maryuri Díaz, por su parte, enfatizó que los hospitales principales reportan estar abastecidos de insumos médicos y medicinas de contingencia que llegaron al día siguiente del terremoto, pero ese abastecimiento se sostiene, según su explicación, únicamente porque los centros no operan ni al 50% de su capacidad.
“Al no haber consultas regulares, hospitalizaciones ni planes quirúrgicos electivos, el consumo de materiales se mantiene mínimo, mientras la mayor parte de la demanda asistencial ha sido absorbida por los hospitales de campaña internacionales”, precisó la presidenta del gremio.
Un médico residente del Hospital Vargas de La Guaira, que pidió no ser identificado, describió una dinámica que se repite dentro del propio centro en torno al manejo de esos insumos.
“Al momento del terremoto trabajaron genial. Tres días después volvieron a ser los mismos de siempre, acaparando todo, al punto de esconder los insumos”, indicó.
El mismo médico atribuyó la mejora reciente en el funcionamiento del hospital a que el centro se mantiene, según su percepción, bajo supervisión constante.
