A 12 días del terremoto en La Guaira, familias no desisten de buscar a los suyos
Siguen denunciando poco apoyo del Estado para recuperar a los familiares atrapados bajo toneladas de concreto

A 12 días de los terremotos en La Guaira, los vecinos afectados por el colapso de las edificaciones siguen frente a lo que fueron sus hogares. Permanecen allí, vigilantes, buscando a los familiares que quedaron atrapados bajo los escombros.
Esta realidad se acentúa en Caraballeda, una de las parroquias varguenses más golpeadas por el doblete sísmico del pasado 24 de junio.
Entre esos vecinos está Daviela Rivero, de 23 años. Desde el día de la tragedia, espera la recuperación de los cuerpos de su madre, Yanitza Idima, de 47 años de edad; su hermano Gabriel Rivero, un adolescente de 17 años; además de Jesús Escobar y Jorge Escobar. Todos vivían en la torre D del complejo de la Gran Misión Vivienda Venezuela OPP27, ubicado en la urbanización Caribe.

Daviela, quien reside en una barriada de Caraballeda, cuenta que el día del sismo corrió hacia la zona del desastre para saber de los suyos. Al llegar, se topó con el caos de los desplomes. No había señales de sus familiares.
“Vinimos corriendo y había fuego por algunas partes. La gente gritaba, lloraba; yo también estaba desesperada”, recuerda.
Ante la confusión de esa primera noche en la catalogada zona cero, tuvo que devolverse a su casa. Volvió a la mañana siguiente, el 25 de junio. Ese día la esperanza de Daviela se avivó cuando le entró una llamada telefónica, era su hermano Gabriel que logró comunicarse. Estaba atrapado, pero vivo.
“Mi hermano se contactó con nosotros hasta el 25 en la noche. Me dijo: ‘Mi mamá no logró salir, pero yo estoy en una esquina, como en un triángulo. Ayúdenme a salir’”, relata la joven.

La familia hizo lo imposible. Lo llamaron insistentemente al celular y por WhatsApp, pero la comunicación se cortó. El teléfono de Gabriel empezó a desviar a la contestadora; se había quedado sin batería.
Desde entonces, la espera se mudó a la calle y la ayuda tardó en llegar al urbanismo.
“Estamos aquí porque la máquina la metieron fue anteayer (el sábado 4 de julio)”, denuncia Daviela. Explica que, ante el vacío inicial, las labores de remoción y rescate las asumió el propio grupo familiar junto a un equipo de bomberos, un gremio al que pertenecía Jesús Escobar.
“Ellos nos están prestando su ayuda, también unos obreros y el personal de la maquinaria pesada que finalmente llegó el sábado”, concluye. Hasta la 1:24 p.m. de este lunes aún no había podido sacar de los escombros a los suyos.
Jimmy pide más ayuda
A menos de un kilómetro de donde se encontraba Daviela, estaba Jimmy Requena Da Fe tomando un descanso de las extensas jornadas de búsqueda.
Requena busca a su madre Milagros Josefina Da Fe, de 63 años de edad, que quedó bajo los escombros del urbanismo de Misión Vivienda OPP22, en Caribe, que también se vino abajo tras los terremotos.

“Aquí nos tienen abandonados, seguimos esperando por maquinaria, nosotros no tenemos cómo pagar una. Nosotros mismos hemos estado excavando entre los escombros para ver si encontramos a mi mamá”, asegura.
El hombre pidió ayuda a las autoridades para poder movilizar más maquinarias pesadas que ayuden a levantar las toneladas de concreto que sepultaron a sus familiares.
Vecinos tratan de recuperar sus enseres
Una de las imágenes que más se repite en los complejos residenciales que quedaron en pie, pero con sus estructuras comprometidas, es la de los vecinos intentando recuperar sus enseres.
En Tanaguarena, los vecinos montaban en camiones y camionetas sus neveras, cocinas, colchones y muebles. Algunos no quisieron hablar con este equipo reporteril; tenían su energía concentrada en sacar sus mobiliarios de los apartamentos antes de que comenzaran las demoliciones de lo que, hasta hace 12 días, eran sus hogares.




En los alrededores de otros edificios privados se veía la custodia de funcionarios del Cicpc y de la Guardia Nacional Bolivariana. En la fachada de una de las viviendas, una frase pintada con aerosol señalaba: “Está siendo vigilada”.
La misma situación se evidenció en la OPP25, ubicada en la entrada de Tanaguarena. Allí, una mujer pudo recuperar una nevera, un sofá, sillas y otros enseres del apartamento de la abuela de su hijo. La vecina, quien prefirió reservar su identidad por trabajar en un ente gubernamental, aseguró que su esposo se arriesgó a subir al deteriorado edificio a sacar las cosas porque con su sueldo es imposible volver a comprarlas.
“Mi pareja es la que se está arriesgando a sacar las cosas de la abuela del niño. Él es el que está metiendo el pecho con los seis pisos, subiendo y bajando a cada rato para poder recuperar lo poquito que quedó allá arriba”, dijo la mujer, quien también señaló que solo voluntarios la han ayudado a mudar sus enseres.
“Al principio lo dejamos a la voluntad de Dios, pero a los días fue que nosotros vinimos y hemos estado monitoreando el edificio para poder sacar las cosas y las de los familiares. Aquí el gobierno no ha aparecido para nada”, afirma.
En Catia La Mar algunos vecinos se niegan a ir a refugios
La enfermera Janet Villegas estaba junto a su hijo frente a lo que fue su hogar en el urbanismo de la Gran Misión Vivienda Venezuela Hugo Chávez, ubicado en Catia La Mar, otra de las zonas más afectadas por los terremotos.
Villegas, al igual que algunos de sus vecinos, armó unas carpas frente a su edificio porque se niega a ir a los refugios que destinó el gobierno para quienes quedaron sin techo.



“Yo fui a ver cómo era la situación en el refugio que habilitaron en la Universidad Marítima del Caribe, pero es muy duro estar en un refugio y en malas condiciones. Por eso aún permanezco en estas carpas junto a mi hijo y a otros vecinos”, relató.
Para Villegas, esta es la segunda vez que lo pierde todo. Recuerda que en 1999, cuando ocurrió el deslave de Vargas, vivía en Tanaguarena y de allí fue reubicada al complejo Hugo Chávez. Hoy la historia se repite.
Vecinos de Villega aseguraron que los funcionarios militares le han informado que ese complejo será “demolido” y que estudiarán los suelos para saber si están aptos para construir viviendas nuevamente.

Una de sus vecinas espera que, si los expertos determinan que en ese suelo todavía se puede construir, las nuevas viviendas les sean asignadas a ellos por tener más de 10 años viviendo en el sector.
“Eso es lo que queremos, porque no tenemos cómo comprar una casa. A nosotros nos habían dicho que estas viviendas eran antisísmicas, pero muchas quedaron destruidas”, denunció.
En Catia La Mar, las autoridades han logrado despejar algunas calles que quedaron colapsadas tras el desplome de las edificaciones, mientras los vecinos siguen esperando ayuda para poder sobrellevar la tragedia que dejaron los terremotos.

