66 horas frente a los escombros del edificio Obelisco, donde quedó atrapado su hijo
Yerel Corredor, un karateca de 39 años, fue uno de los fallecidos por el desplome del edificio Obelisco,. Su padre y sus amigos se incorporaron a las labores de rescate.

Ella se refiere a él como “el sensei”, pues era su maestro de kárate. Marisol Rojas fue la última persona que vio a Yerel Corredor con vida, y cuenta lo ocurrido con el sobresalto prolongado de quien estuvo a punto de morir durante los dos terremotos de este 24 de junio de 2026.
A las 6:04 p.m., los dos jóvenes estaban entrando al edificio Obelisco, ubicado en la avenida Luis Roche, de Altamira, frente a la sede de la CAF. Iban al apartamento de José Cedeño, quien vivía en ese edificio junto a sus padres Zoila Cedeño y Jacinto Ruiz. Marisol, Yerel y José habían pasado el día juntos en una playa de La Guaira.
“Cuando todo se empieza a desmoronar, lo primero que pensamos fue en salvar a los padres de José, que eran unos señores mayores. Hicimos lo posible por entrar al apartamento que estaba ubicado en la planta baja, pero las paredes y los techos nos caían encima. A mí me cayó una placa de mármol en la cabeza. No sé cómo estoy viva”, relata Marisol, quien recuerda haber sido aventada hacia el exterior del edificio.
“Yo quedé atrapada, golpeada y enceguecida por un polvo rojizo que cada vez se hacía más denso. Escuchaba como un ruido de lluvia. Llamaba desesperadamente a mi sensei y a José, porque ya no los podía ver. Yo agarré este rosario morado, este mismo que llevo puesto ahora mismo, y me encomendé a Dios”, recuerda la mujer y muestra los hematomas que tiene en el costado derecho y en el brazo izquierdo
Ella misma no se explica cómo pudo salir de los escombros que la aprisionaban: “Vi un espacio abierto e iluminado, me arrastré hacia allá y logré salir. Yo estaba aturdida y salí corriendo. Pasé por encima de los restos del edificio Petunia, que también se había desplomado, y seguí hacia la Tercera Avenida de Los Palos Grandes, donde vivo y donde vive el papá de Yerel”.
En su cuenta de Instagram, Marisol se despidió de su amigo: “Que las Valquirias te vengan a buscar y te lleven en sus corceles blancos al Valhalla y en ese lugar grandioso nos encontramos al final…”
Padre devenido en rescatista
Yerel Corredor tenía 39 años de edad y era un destacado profesional de las artes marciales. De hecho tenía su propia academia, llamada Randori, donde enseñaba un estilo híbrido. Su afición por este deporte era una herencia de su padre, Enrique Corredor, quien fue uno de los primeros en llegar al edificio Obelisco después de que la estructura se desplomara.
“Como a las 6:15 p.m. del miércoles yo ya estaba aquí, pues Marisol me avisó rápidamente y yo vivo a pocas cuadras. Desde ese momento, me involucré directamente en las labores de búsqueda y rescate de todas las personas que quedaron atrapadas en el edificio Obelisco”, dice Corredor cerca del mediodía de este sábado 27 de junio, con una entereza difícil de comprender, si se tiene en cuenta que este padre suma casi 66 horas de esfuerzo físico y mental.
Enrique Corredor es un hombre bajo de estatura, pero especialmente enérgico. Lleva casco y guantes que le han servido para remover escombros junto a los rescatistas de los cuerpos de seguridad del Estado desplegados en el edificio Obelisco. A fuerza de perseverancia, Enrique se ganó el acceso al lugar del siniestro, un acceso que estuvo prohibido para el resto de los familiares que también aguardaban cerca. Incluso, durante los casi tres días de espera, Enrique fungió como el líder de los voluntarios, entre los cuales se contaba una veintena de jóvenes karatecas amigos de Yerel.
Cuando reunía a los jóvenes dispuestos a sumarse a las labores de salvamento, Enrique insistía en que debían tener mucha fuerza espiritual: “Dios está con nosotros. Sigamos adelante con fe. Lo vamos a lograr”.
A las 12:55 p.m. del sábado 27 de junio, Enrique fue abordado por un grupo de allegados. Le pidieron que se sentara en la isla que divide la avenida Luis Roche para recibir la noticia. A esa hora habían confirmado la muerte de Yerel, cuyo cuerpo sin vida había sido extraído del edificio Obelisco al final de la tarde del día anterior. El hombre estalló en llanto.
Casi tres días de incertidumbre
Permanecieron 66 horas frente a los escombros del edificio donde quedó atrapado su hijo y durante ese lapso no hubo autoridad alguna que les informara de manera oficial que Yerel había muerto; la familia lo supo por sus propios medios, luego de muchas gestiones en la sede de la medicatura forense, en Bello Monte.
El viernes 26, la madre de Yerel, Nieves Avellán, comentaba que lo más difícil de soportar había sido la incertidumbre: “Hemos implorado que nos indiquen los resultados de la búsqueda, pero nadie nos da la cara. No hay listas, no hay nada”.
Nieves permaneció día y noche frente al edificio Obelisco. Hasta el último momento mantuvo la esperanza de que Yerel sería rescatado con vida: “Mi hijo es un muchacho con fuerza interior, con voluntad espiritual, es un atleta; él es muy fuerte y estoy segura de que sobrevivirá, como han sobrevivido varias de las personas que quedaron atrapadas”.
A pesar de la angustia, Nieves se mostraba reconfortada por el apoyo y la compañía que estaba recibiendo de allegados y también de desconocidos: “Es una bendición sentir la bondad de la gente”, expresó y después daría más pistas sobre el valor que le da a la solidaridad: es maestra de Reiki.
Nieves se mantuvo firme hasta el final, pero después de 66 horas de espera, luego de enterarse de la muerte de su hijo, ya no quiso conversar con nadie.
