La victoria de Kast “nos pone a todos en una situación de alerta”: venezolanos en Chile
El 42% de los migrantes extranjeros que viven en Chile son venezolanos, según censo nacional
La llegada de José Antonio Kast a la presidencia de Chile ha generado un clima de incertidumbre entre los miles de venezolanos que residen en el país, especialmente tras sus declaraciones sobre la expulsión de más de 330.000 migrantes irregulares en un plazo de 133 días.
Esta postura radical del líder del Partido Republicano, quien salió victorioso en la segunda vuelta de las presienciales del pasado 14 de diciembre y que tomará posesión de su cargo el 11 de marzo de 2026, pone en el centro del debate público la permanencia de una población que ha migrado para escapar de la emergencia humanitaria compleja en Venezuela, y que ha crecido a tal punto que hoy representa más de 8% de los habitantes del territorio chileno.
A pesar de que el presidente electo sostiene que su plan “Escudo Fronterizo” busca poner orden y sancionar a quienes no salgan voluntariamente, la incertidumbre y los nervios se apoderan de los venezolanos que han hecho su vida en Chile, por lo difícil que es salir adelante en su país natal.
Amira González es una de estas venezolanas. Madre de una adolescente de 16 años y de un joven de 31, con quienes migró en el año 2022, cuando sentían que en Venezuela no había posibilidad de surgir. Actualmente se desempeña en el área de servicios de un centro médico en Santiago, la capital chilena.
González, de 52 años de edad, asegura, en conversación telefónica con Efecto Cocuyo, que mantiene la calma, a pesar de la retórica del nuevo gobierno.
“Bueno yo no estoy nerviosa. Estoy tranquila porque primero él todavía no agarra su mandato y él dice que va a sacar todos los emigrantes, más que todo se inclina a los venezolanos (en situación irregular). Pero uno está claro que hemos venido venezolanos buenos a trabajar y a aportar mientras otros han venido a hacer mal”, explica Amira.
Para ella, la promesa de campaña de Kast de ejecutar expulsiones masivas se enfrenta a una realidad logística y familiar muy difícil, pues tiene una hija menor de edad con documentos chilenos y otros familiares con residencia definitiva que ya suman ocho años de arraigo en el país.
La trabajadora de salud recalca que no tiene planes de abandonar Chile por cuenta propia y confía en que los procesos legales para una deportación son largos y costosos para el Estado.
“Yo por mi parte no me voy y si él decide sacarme que me llegue la solicitud o la carta de desalojo, porque aquí hay gente que ya tiene su vida hecha y eso no es fácil de cumplir como él dice. Además para deportar a toda esa gente se requiere un dineral demasiado grande, porque eso es costoso”, afirma Amira mientras recuerda que Venezuela siempre fue un país de puertas abiertas para el mundo.
Amira prefiere esperar el 11 de marzo para ver cómo se ejecuta realmente el gobierno. Además de creer en “la voluntad de Dios”, confía en que se reconozca el esfuerzo de quienes emigraron por necesidad.
Por otro lado, Cristofer García, un periodista venezolano que reside en Chile desde el año 2019, ofrece una visión más analítica sobre cómo el discurso de Kast ha permeado en la sociedad chilena a través de los medios de comunicación.
Para el reportero, gran parte de la campaña presidencial de Kast se basó en el tema migratorio debido al amarillismo en los medios y al enfoque negativo que se le ha dado para encontrar un culpable a los problemas internos del país.
“Cuando Kast habla tan a la ligera de expulsar a alrededor de 330.000 personas, incluso separando familias con hijos nacidos en Chile, nos pone a todos en una situación de alerta porque estos discursos populistas y ultranacionalistas pueden primero ir contra los irregulares, pero luego escalar al resto de la población”, advierte el comunicador.
El riesgo con los discursos de odio
García señala que el peligro no reside únicamente en las políticas administrativas de expulsión, sino en la validación de un sentimiento xenófobo que ha crecido en los últimos tiempos bajo la narrativa de supuestos privilegios de los extranjeros sobre los chilenos.
“Los discursos de odio, de estigma y de segregación me hacen sentir en una situación de riesgo porque siento un incremento del racismo contra los migrantes y su cultura; por lo tanto, este tipo de anuncios y políticas pueden aumentar el problema considerablemente”, apunta.
A pesar de este panorama, García mantiene la esperanza de que la solidez de las instituciones chilenas sirva como un contrapeso a las promesas radicales de campaña y de momento no contempla la posibilidad de migrar nuevamente hacia otro destino o regresar a Caracas.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, hay al menos 1,6 millones de migrantes en ese país, donde los venezolanos son el grupo más numeroso seguido por peruanos y colombianos.
El plan de Kast incluye la disposición de aviones para retornos voluntarios y la creación de centros de refugio para aquellos que no puedan ser devueltos inmediatamente a sus países de origen, especialmente en casos como el de Venezuela con quien Chile mantiene relaciones diplomáticas mínimas.
La inviabilidad logística de las deportaciones masivas
La realidad económica de Chile también juega un papel fundamental en lo viable o no de las promesas del presidente electo Kast, ya que la construcción de zanjas y el mantenimiento de centros de detención temporal suponen una inversión pública importante.
Amira González insiste en defender la estabilidad de quienes ya tienen años en el país y que esta no debería verse amenazada por una promesa electoral.
“Nos ha tocado duro a todos los que emigramos y no ha sido fácil, pero siempre teniendo en cuenta que nosotros hemos sabido llevar la situación y solo Dios le tendrá el pago a cada quien”, dice.
La comunidad venezolana permanece atenta a los movimientos legislativos y a la configuración del gabinete de Kast, entendiendo que el discurso de “mano dura” fue el motor que lo llevó a la victoria en un país preocupado por el incremento de la inseguridad.
