“No puedo costear la universidad de mi nieto”, ausentismo estudiantil deja las #Aulas Vacías

Quería ser ucevista pero el promedio de notas no le alcanzó para entrar a la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es de Los Teques, Miranda y con apenas 17 años, en 2015 se mudó a Valencia para estudiar Ingeniería en la Universidad de Carabobo (UC). Sin embargo, en enero de este año tuvo que abandonar los estudios y regresar a casa porque aunque la UC es pública, el preuspuesto ya no alcanzaba para costear residencia, alimentación y pasajes.

Es la historia de Pedro, nieto de la periodista Alicia Aguilar, egresada de la Escuela de Comunicación Social de la UCV y con más de 30 años de ejercicio profesional, quien conversó con Efecto Cocuyo sobre el daño que está causando a los venezolanos la coyuntura económica que se vive en el país.

“Los abuelos nos hemos visto frustrados al ver a nuestros nietos sin las posibilidades que nosotros tuvimos”, afirma Aguilar, quien apoyó económicamente a Pedro con tal de que estudiara y alcanzara su meta: ser ingeniero químico.

La historia de Aguilar y su nieto es un ejemplo donde se refleja la magnitud la crisis económica que padecen muchos venezolanos. En 2015, ambos fueron a Valencia en busca de una residencia estudiantil; consiguieron una, pero estaba muy alejada de la UC. “En esa primera residencia pagábamos Bs. 6.000 mensuales, pero le quedaba muy lejos; entonces decidimos buscar otra más cerca de la universidad. La conseguimos pero teníamos que pagar Bs. 10.000”.

En enero de 2016, el sueldo mínimo, recuerda Aguilar, estaba en 9.648 bolívares. “Con un salario mínimo pagábamos justico la residencia. Pero bueno, aceptamos porque ahora solo utilizaría dos transportes públicos para llegar a clases, estaría más cómodo y en un lugar más céntrico”.

A lo largo de 2016 se registraron tres aumentos de sueldo que Aguilar recuerda con  detalle: “Hubo uno en marzo, uno en mayo y otro en septiembre. El sueldo mínimo pasó de 9.648 bolívares a 27.092 bolívares, y la residencia también la fueron aumentando poco a poco hasta que llegó a 25 mil bolívares”.

A los gastos de alquiler se sumaban los de pasajes, que también se incrementaron, y los de alimentación, sin contar gastos en guías de estudio, ropa, salud o recreación. “Mi nieto preparaba su cena, pero el desayuno y el almuerzo tenía que comprarlos en la universidad, porque no hay comedor para los estudiantes”.

Aguilar explica que, ya para el último trimestre del 2016, necesitaba cerca de 100 mil bolívares solo para cubrir los gastos más elementales del estudiante. “Entonces se me puso la vida chiquita y me tocó un día decirle: hijo, yo no puedo seguir costeando la universidad“. A partir de ese momento, la posibilidad de que Pedro se convierta en un ingeniero químico se ha visto limitada.

“Lo sacamos de la UC. En enero de este año regresó a Los Teques. Pasó unos meses inactivo, se sentía frustrado, derrotado. Aquí entra el aspecto emotivo que tuvo y que tiene que vivir, no solo él sino toda la familia. Yo me preguntaba: ¿Y entonces? ¿Hasta aquí llegamos?”, narra Aguilar.

Esta abuela forma parte de un grupo de cuatro hermanos, entre los cuales hay dos universitarios egresados de la UCV y dos técnicos superiores universitarios (TSU). Pero además, Aguilar tuvo tres hijas que estudiaron en colegios públicos y que, sin embargo, pudieron ir a la universidad: dos egresaron como TSU y una egresó como ingeniero agrónomo.

Toda esta herencia universitaria que, según explica Aguilar, le brindó movilidad social a dos generaciones de su familia, no ha sido suficiente para garantizarle, en la actualidad, un futuro mejor a la tercera generación de la que forma parte Pedro.

El joven, quien “lloró como nunca”, cuando se enteró de que no había sido admitido a la UCV para estudiar Ingeniería, no consume alcohol ni cigarrillos. “Gracias a Dios, porque si no ¡imagínate!”, dice su abuela. Además cargar con sus ganas de ser ucevista e ingeniero, maneja bien el inglés y le gustan las computadoras. “Ahorita está haciendo un curso de programación HTML5, eso lo va a ayudar mucho”.

“No es posible que el sueño de una persona se vea frustrado por factores ajenos a la propia persona”, exclama la comunicadora. Mientras conversa con Efecto Cocuyo vía telefónica, el nieto llega a la casa: “¿Que cobraste tu primer sueldo? ¡Qué bueno!”, expresa; y es que Pedro ha conseguido trabajo en un centro de llamadas de la Alcaldía de Carrizal.

“Está contento, pero ese no es el futuro que yo quería para él ni que él quiere. Está en edad de vivir su vida universitaria, no de andar pensando en cómo pagar esto o lo otro. Yo a su edad era una comeflor, pendiente de estudiar, de leer, de ir al teatro”, rememora.

Mientras tanto, Pedro y su familia esperan el mes de noviembre para intentar nuevamente que el Estado venezolano, a la través de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu), le permita entrar a la casa que vence las sombras, como se conoce también a la UCV, recinto universitario en el que el joven espera se concrete su anhelo académico, no solo por su vocación sino porque tiene más posibilidades de costearse la carrera.

  • LUIS

    esos son los legados QUE deja este gobierno hambreador comunista avaro depredador,,,,,,,,,LE QUITO LA PROGRESIVIDAD AL VENEZOLANO,,, de poder realizar sus sueños,,,,,,,,el comunismo hambreador anti social que se aplica en Venezuela es un caos total,,
    POR ESO DALE EL VOTO CASTIGO,,,,ESTE 15 DE OCTUBRE,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,NO AL FRAUDE ELECTORAL EN MARCHA,,,,!!!!