Investigadores consideran que bajar la pobreza no disminuye la violencia en América Latina

América Latina es la región más violenta del planeta. Entre los países más violentos en el continente Venezuela es el tercero, con 63,6% de homicidios por cada 100.000 habitantes, según cifras registradas por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en 2015, las cuales no incluyen los homicidios cometidos en legítima defensa ni aquellos realizados por funcionarios de los cuerpos de seguridad.

Ante el incremento de las muertes violentas en la región, especialistas e investigadores realizan estudios del fenómeno para poder realizar políticas precisas que puedan bajar los índices de homicidios.

En un artículo redactado por Ignacio Cano y Emiliano Rojido, investigadores de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro señalaron que en América Latina, a diferencia del resto del mundo, han aumentado los índices de homicidios en los últimos años. Entre 2005 y 2015, las muertes violentas se incrementaron en 23,6%.

Cano y Rojido afirman que el 66% de los homicidios en la región, se cometen con armas de fuego y que el 88% de las víctimas son hombres, la mayoría jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 29 años.

No basta con la disminución de la pobreza y la desigualdad

Los investigadores explicaron que el paradigma que determina a la pobreza y la desigualdad como el problema a resolver para bajar los índices de homicidios, se enfrenta a una realidad histórica que según su criterio, la refuta.

Esta visión plantea que al ser las víctimas y los victimarios habitantes de sectores con pobreza y desempleo y tener bajo nivel educativo, mejorar sus condiciones permitiría que la violencia se redujera. Sin embargo, los autores señalan que según su experiencia, la violencia no acabaría por la reducción de la desigualdad y la pobreza.

En el caso de Venezuela, donde señalan ellos que habría habido mejoras en las condiciones de vida de las personas más vulnerables, Cano y Rojido señalan que en el mismo período de tiempo incrementó la cantidad de homicidios en el país. En 1998 se registraron 4.550 homicidios, mientras que para 2016, según cifras del Ministerio Público, 21.752 personas murieron violentamente.

Cuatro enfoques del problema

Un enfoque utilizado por especialistas en violencia, para describir el problema se centra en los niveles de impunidad. Según los especialistas, los estudios sobre la particularidad de la violencia en América Latina señalan, que si el Estado no es capaz de impartir justicia y no puede controlar los conflictos conforme a las leyes, los conflictos son resueltos por medio de la violencia.

Los investigadores explicaron que “las elevadas tasas de impunidad, lentitud del sistema judicial o prisiones hacinadas, y con escasa capacidad de reinserción”, contribuyen a que se cometan delitos. Según las cifras que manejan, de cada 100 homicidios, solo 24 son resueltos por las autoridades.

El segundo enfoque señala que el Estado actúa violentamente, lo que causa que se acentué las consecuencias del fenómeno y sea más difícil resolver la situación, ya que los cuerpos de seguridad se incluyen en el problema y al mismo tiempo son parte de la solución.

Venezuela es un ejemplo violencia del Estado. Desde el año 2015 se implementó lo que se conoce como Operación de Liberación del Pueblo (OLP), que causó hasta marzo del 2017, 505 personas fallecidas. Sin embargo, los homicidios perpetrados por cuerpos de seguridad bajo las OLP son solo una parte de los perpetrados por uniformados. Según cifras del MP, 4 mil 441 personas murieron a manos de funcionarios policiales durante 2016.

Lea también:

Cifras de muertos en OLP desde el 2015 son solo “la punta del iceberg”

La tercera visión se enfoca en la prevención de factores de riesgo, como el alcohol y la presencia de armas de fuego. Los investigadores explicaron que la aplicación de políticas que reduzcan la cantidad de civiles con armas de fuego y establezcan limitaciones de horarios para el consumo de alcohol, prometen rebajar los índices de homicidios.

El último enfoque explica las incidencias homicidas como causas del crimen organizado. Cano y Rojido señalaron, que los grupos criminales que controlan territorios para el control de rutas de tráfico de drogas y armas inciden en los homicidios, al presentarse guerras entre grupos, conflictos dentro de las organizaciones y enfrentamientos contra las fuerzas públicas.

Los especialistas indicaron que bajo esta mirada, una manera de reducir la violencia causada por crimen organizado se logra, cuando el Estado dialoga con las organizaciones delincuenciales, “como parece haber ocurrido en Sao Paulo, Brasil”.

Los autores del artículo consideran, que plantearse esta perspectiva significa considerar a los grupos criminales como actores estratégicos, puesto que si se les contempla de esa manera, se supone que tienen el poder de reducir los homicidios.

Políticas de múltiples enfoques

Los autores consideraron en su investigación que para disminuir las tasas de homicidio, se necesita aplicar varios enfoques, que puedan complementarse entre sí, para lograr que los homicidios se reduzcan.

Investigadores han señalado en diferentes estudios que se necesita un mayor control de las armas de civiles, la implementación de un sistema de justicia criminal eficiente, del uso adecuado y apegado a las leyes por parte de los cuerpos de seguridad y la aplicación de políticas adaptadas al contexto de cada país.