Derrame petrolero en Jusepín demuestra fallas de seguridad de Pdvsa, dice experto

El derrame petrolero que ocurrió este viernes 6 de julio en dos tanques de la planta de recuperación secundaria del Complejo Operacional Jusepín de Pdvsa, demuestran las fallas de seguridad de la industria estatal venezolana.

Así lo considera el biólogo, Alejandro Álvarez Iragorry, quien dice que lo sucedido por segunda vez en esta instalación de Pdvsa, ubicada en la zona noroeste de Maturín, es una muestra más de que “Pdvsa parece estar funcionando en los mínimos operacionales“.

Ni la propia empresa, el Ministerio de Petróleo o la Gobernación de Monagas informan, 72 horas después del hecho, la cantidad de crudo que cayó al río Guarapiche, pero además hablan del hecho con términos diferentes.

Para Pdvsa cayeron “aguas aceitosas al río“; según el ministro fueron “fluidos petroleros” y el Ejecutivo regional lo definió como “un derrame de crudo“, que llevó a las autoridades a suspender por tiempo indefinido el bombeo de agua al 80 % de la población de Maturín, ya que siete de las 10 parroquias de la capital monaguense se surten del río Guarapiche.

Álvarez Iragorry, quien también es doctor en Ecología y coordinador de la Coalición Clima 21, señala que la falta de información es una norma, no solo en este accidente sino en otros que se han producido desde el que ocurrió el 4 de febrero de 2012 , también en el Complejo Operacional de Jusepín, considerado como uno de los más graves en la industria petrolera venezolana.

“Me preocupa mucho porque desde el punto de vista de seguridad operacional, hay probabilidad de un accidente mayor. Desde el derrame que ocurrió en el río Guarapiche hace seis años, ha habido alrededor de cuatro derrames más, que aunque no fueron originados por Pdvsa, algunos de ellos como el de Trinidad y Tobago, al entrar en aguas marinas venezolanas son su responsabilidad y no han respondido como debe ser”, menciona el experto.

Lea más en: Cinco años después aún hay secuelas del derrame petrolero en Maturín

Para el biólogo, sin información precisa no se puede alertar o recomendar a los ciudadanos con los detalles suficientes para que tomen las previsiones ante lo que sucede en este tipo de casos.

Además, los planes de contingencia de Pdvsa en cada uno de los casos de derrames han dejado en tela de juicio la capacidad de respuesta. Son recordadas varias fotos de cómo en el 2012, quienes estaban bloqueando manualmente el paso del petróleo en el río Guarapiche no tenían uniformes ni equipos de seguridad.

Álvarez Iragorry hace hincapié en esto para recalcar que si se le suma la falta de información, “cuando todo se vuelve opaco, no tienes ninguna idea de lo que está ocurriendo”.

Daño e impacto ambiental

Aunque es temprano para evaluar el impacto ambiental en el río Guarapiche, que ya padecía los efectos del primer derrame en 2012, cuando se calcula que por 21 horas se vertieron a su lecho 100 mil barriles de petróleo,  un nuevo derrame por supuesto que ocasiona un daño inmediato en el caudal.

El primero es el que afecta a la ciudadanía que queda sin suministro de agua por tiempo indefinido. El biólogo cree que los maturineses son quienes deben exigir respuesta a los gobernantes y autoridades. “Un río sano va a dar un agua sana, si no está sano no va a dar agua sana”.

El daño que causa en el río también es directo porque afecta a la vegetación, el suelo y las especies que habitan en uno de los ríos más largos que tiene Monagas  y que atraviesa los municipios Cedeño, Maturín y Bolívar.

El Guarapiche posee manglares que resultaron gravemente contaminados hace seis años. Fue tanta la cantidad de petróleo que cayó en sus aguas, que recorrió 75 kilómetros hasta llegar a los caños Francés, Cuatro Bocas y Colorado, que son la conexión del Guarapiche con el río San Juan y de allí al Mar Caribe.

Solo para tener en cuenta un efecto de lo que sucedió hace seis años, el periodista David González en un trabajo que publicó el diario El Nacional hizo un recorrido por el río y esto fue parte de lo que contó:

El recorrido dura casi dos horas luego de las cuales el visitante sentirá que accedió a una zona de desastre. Al pie de los manglares se despliega una franja negra que sobresale medio metro del agua: parece un gran rodapié en la base de una pared vegetal muy larga. A medida que baja la marea quedan al descubierto más tallos y más raíces y se percibe a cuánta profundidad se adhirió el petróleo. Un dato puede ilustrar que sólo está visible una parte de los mangles: si se mete al agua una vara de dos metros y medio no se tocará aún el lecho del río. Un paisaje semejante puede observarse mientras se navega por una distancia aproximada de 20 kilómetros por los caños adyacentes al río San Juan.

Tras el derrame de este 6 de julio poco es lo que se conoce, porque como ocurrió hace en 2012 el hermetismo de Pdvsa se mantiene.

Para Álvarez Iragorry que las autoridades hablen de hasta tres términos para definir el derrame da cuenta de la falta de seriedad con que llevan las cosas, que pudiera tratar de minimizar el impacto de los sucedido.

“En caso de ser algún tipo de hidrocarburo residual, aquí en este caso no tenemos información al respecto, es un material aún más tóxico. En cualquier caso hay un impacto, porque  no importa si es cualquier otro residuo o agua contaminada con hidrocarburo, pues hay un impacto”, mencionó.

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