“Excesos militares elevan la presión internacional contra Maduro”, afirma Carmen Beatriz Fernández

No es más de lo mismo. Ni el desempeño del liderazgo (tanto del Gobierno como de la oposición) ni de la gente que sale a machar a pesar del miedo. A partir de esa premisa Carmen Beatriz Fernández, presidenta de la consultora DataStrategia y profesora de la Universidad de Navarra, se aproxima al análisis de la actual coyuntura política de Venezuela.

Desde su punto de vista, hay una combinación de presión interna y externa que diferencia la conflictividad social de la que, por ejemplo, hubo en 2014: “Por una parte, las movilizaciones ciudadanas son mucho más multitudinarias y demuestran que el exceso en el uso de la fuerza bruta no ha sido suficiente para amedrentar a la gente. Al inicio de la semana vimos a un Gobierno que se presentó como una dictadura al estilo de Corea del Norte, con una puesta en escena que incluyó escuadras de milicianos a los que el presidente de la República armó con 500.000 fusiles. Se apeló, como suelen hacer todas las dictaduras, al terror; se mostró el poder de fuego y la disposición a utilizarlo contra los opositores al régimen, esta vez a través de la activación del llamado Plan Zamora. Y, sin embargo, dos días después, salieron a protestar millones de personas en todo el país. Lo ocurrido el 19 de abril fue una contundente y trascendental demostración de insumisión”.

Fernández considera que el repudio mayoritario al Gobierno tiene sobrado fundamento en la pérdida de legitimidad de desempeño. “Más allá de las dudas sobre los resultados electorales que llevaron a Maduro a la Presidencia, la mayoría de los venezolanos le echa en cara su ineficiencia, y ya no cala el discurso de la guerra económica”, afirma la experta.

En paralelo, la analista destaca que entre 2014 y 2017 el mundo ha tenido la oportunidad de construir una visión panorámica más integral sobre lo que sucede en Venezuela y, en su opinión, es de suma importancia que algunos líderes mundiales en funciones de gobierno se hayan atrevido a señalar, sin eufemismos diplomáticos, que en el país ya no hay democracia.

“Desde su primer día como nuevo presidente de Estados Unidos, Venezuela ha estado en la agenda de Donald Trump. Y se ha esforzado por hacerlo saber, incluso a través de su controversial cuenta en Twitter, donde publicó el encuentro que tuvo con Lilian Tintori, la primera figura latinoamericana a la que recibió en la Casa Blanca”.

Ese tipo de elementos, sumado a libres interpretaciones de los más recientes señalamientos del jefe del Comando Sur sobre Venezuela, Kurt W. Tidd, ¿pudiera alimentar a la retórica oficialista sobre el peligro de una invasión extranjera?

­-El imperio existe. Pero no solo se trata de Estados Unidos. Pensemos en los logros de la persistencia del secretario general de la OEA, Luis Almagro, específicamente la Alianza de los 14 y la vocería de México presionando por una salida democrática en Venezuela. La diplomacia mexicana, que durante 100 años se rigió por la Doctrina Estrada, que reivindicaba la legitimidad de origen de un gobierno revolucionario, ha virado a tal punto de que, hoy por hoy, no le da crédito democrático alguno al Gobierno de Maduro y condena el intento de aniquilar a los opositores.  Además, Europa ha sido muy consistente en la condena de la represión, y hoy mismo se discute en el Parlamento Europeo una nueva moción de censura. Y no se trata de España o de Alemania en solitario, sino de toda la comunidad europea. El aumento de los excesos militares eleva la presión internacional contra Maduro. Si en estos momentos los tambores de guerra no fueran más estridentes en otros lugares del planeta, la exigencia extranjera de democracia en Venezuela (que no es injerencismo sino defensa de las libertades en términos de derechos humanos) habría tenido resultados más determinantes.

-¿Cómo se explica el irrestricto respaldo al Gobierno de la cúpula militar?

-El análisis militar se dificulta por la opacidad del sector castrense, que da cabida a todo tipo de rumores sobre inconformidades y ruidos de sables. Lo más concreto es aquel famoso memo del Vaticano que indicaba que 70% de los militares en posiciones medias y bajas votó contra el chavismo en las elecciones parlamentarias. Y más recientemente el silencio de la Fuerza Armada ante la postura de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, contra las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia que disolvían la Asamblea Nacional.

-La actuación de grupos paramilitares promovidos por el Gobierno dificulta aún más el ejercicio de los derechos ciudadanos.

-Los llamados colectivos constituyen un factor fuertemente erosivo de la institucionalidad castrense y, probablemente, algunos militares de carrera lo resienten.

Pero se han visto colectivos actuando con aquiescencia de militares.

-Sí, pero, más por poder real que por doctrina, los militares no deben estar conformes con la pérdida del monopolio del uso de las armas.

-Con el déficit de ingresos causado por la caída de los precios del petróleo, se habría debilitado el asistencialismo como una manera de comprar voluntades políticas.

-No lo creo. Sencillamente, se han ajustado las estrategias y ahora, quizás, sean más perversas. Con los Clap, el Gobierno ha encontrado una manera grosera, pero relativamente efectiva de administrar la miseria en un país donde el hambre es la principal angustia de la gente y las medicinas más esenciales escasean. Precisamente por ello los Clap comienzan como un mecanismo de distribución de alimentos y en poco tiempo han pretendido  ampliar su alcance y, por ejemplo, vender cauchos a precios regulados.

Fernández es coautora del libro Marketing político: herramientas para ganar elecciones. Y opina que, independientemente de todos los esfuerzos del oficialismo de postergar cualquier proceso comicial porque sabe que lo perdería, la medición electoral es lo único que podría devolver el país al cauce democrático.

“El chavismo pudiera estar tratando de construir la transición, aunque por lo pronto apela a la primera opción de toda dictadura: aferrarse al poder. Sin embargo, hay episodios, como la inhabilitación política de Henrique Capriles Radonski, que pudieran implicar el propósito de crear condiciones para que el ajuste de cuentas no les resulte tan costoso a los altos funcionarios civiles y militares, una vez que pierdan el poder”, concluye Fernández.

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