¿Revolución de dinosaurios? - Efecto Cocuyo

¿Revolución de dinosaurios?

Realidades inocultables
Antonio José Monagas

Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

El concepto de revolución si bien es significativo de cambios que buscan optimizar procesos de toda razón humana, con el propósito explícito de mejorar cualquier ámbito de vida en cualquiera de sus manifestaciones, es igualmente objeto de interpretaciones y de hechos equivocados apoyados en intereses que encubren causas no siempre alineadas con objetivos que comprometen transformaciones constructivas.

El caso Venezuela, es exponente de una tragedia sociopolítica y socioeconómica cuya base funcional se erige sobre una noción de revolución totalmente ambigua. Quizás, para soportar así un andamiaje de consideraciones al voleo que sólo han servido para actuar y decidir ejecutorias de gobierno discrecionalmente adelantadas. De esa manera, poder justificar cualquier yerro cometido o por cometer. O para darle cabida a equivocaciones o determinaciones al tanteo y en ejecución. Pero con la libre posibilidad de acomodar o justificar, al margen o no de toda torpeza, lo que de las mismas puede restaurarse o modificarse en aras de las conveniencias pautadas a instancia de intereses puntuales o focales.

¿O acaso es revolucionario, en lo que cabe bajo un llamado “socialismo del siglo XXI” y una doctrina política supuestamente inspirada en el ideario del Libertador Simón Bolívar, concebirse que de ser Venezuela un país petrolero que dispensaba la gasolina más barata del planeta, toda vez que cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo, haya pasado a ser un país sin gasolina alguna? ¿O la más cara?

No obstante ante tan patética y cruda situación, la cúpula del poder político central alega que todo lo que ha tramado la carencia de la gasolina, es un invento de mentes retraídas de la oposición nacional.“ Ellos dicen que son “fakes news” puestos a rodar propagandísticamente con el perturbado propósito de enredar la dinámica funcional de Venezuela. Sin embargo, las realidades hablan por sí solas. Son inexorables. Y por tanto, imposibles de borrar.

Realidades que no admiten justificaciones

No hay forma alguna de asomar justificaciones que no coincidan con las realidades sobre las que se supedita la crisis de la gasolina en Venezuela. El problema es que la cúpula del régimen autoritario, se ha visto impedida de comprar los aditivos y disolventes que necesita la producción. Aunque ya era bastante deficitaria. Pero que a pesar de las inconveniencias a que dio lugar la pésima administración de gobierno llevada de la mano por personajes ineptos y corruptos en cuanto al manejo operativo de la industria petrolera nacional, alguna gasolina se generaba.

Para hoy, la refinería que algo de combustible producía, era la refinería de Punta Cardón, una de las emblemáticas del Complejo Refinador Paraguaná en el estado Falcón. Al lado del Centro Refinador Amuay y Bajo Grande.

Sólo que hace nueve meses, esta Refinería cayó en desgracia al ser objeto de condiciones que afectaron su desempeño por la indolencia inducida por la falta de mantenimiento y de experticia. Al extremo que su capacidad de producción se constriñó a escasamente 20% lo cual prendió las respectivas alarmas sin que las mismas pudieran corregirse a tiempo. Más, cuando esto se escribe, la falta de componentes importados que requiere la elaboración de dicho producto, está afectando su terminación en tanto que proceso químico-industrial o petroquímico. Aun cuando lo que en verdad agrava el estado de hechos, es que las reservas de gasolina ya estaban por debajo de los límites críticos, reduciendo así la holgura de tiempo de auxilio para respaldo del parque automotor nacional.

Nadie piensa en el otro

En todo caso, es imposible ocultar el problema que tiene al país estancado, paralizado. Sobre todo, envuelto en el agotador e improductivo tedio que resulta del hecho de soportar tantas horas que suman días esperando por algunos litros de gasolina. O cuando no, sobrellevando insolencias y arrebatos de envalentonados que buscan sortear la espera para surtir en lo inmediato su vehículo. O la matraca de agentes policiales o de factores militares del Estado venezolano quienes abusando de su fuerza y presencia, cobran en divisas para privilegiar a aquellos que tienen las capacidades financieras para ofrecer lo solicitado en el marco de la circunstancia sufrida.

Todo ello es revelador de que nadie piensa en el otro. Menos cuando las contingencias que dominan el momento actual en que está sumido el país, incitan peligrosas decisiones de índole mayor. Es decir, todo configura un escenario de realidades tan horrible, que pudiera calificarse de vulgar acoso en medio de un estado de crasa impunidad, donde no existe gobierno ni orden alguno. La anomia es exacta en cuanto a sus consecuencias. Es la ley del más fuerte. O será lo que la teoría política tilda de maremágnum toda vez que está viviéndose algo parecido a una ¿revolución de dinosaurios?

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