Maduro, Cabello y Rodríguez: Los fracasados stalinistas del poder

“El estalinismo fue un problema filosófico aún mayor que el nazismo. Hay una diferencia básica entre las víctimas de uno y otro. Bajo el nazismo, si eras judío, estabas muerto, sin mediar palabra, no había nada que probar: eras culpable por lo que eras. En el estalinismo, la mayoría de las víctimas eran juzgadas por acusaciones falsas; la mayoría no eran traidores y fueron torturados o chantajeados hasta confesar que lo eran (…) Aún tenemos que entender ese proceso. Tenemos que repensarlo, si de verdad queremos ser otra vez de izquierdas” (…) “La tolerancia multicultural es, a menudo, hipócrita en el sentido de que tolera al otro, pero a un otro muy reducido, muy limitado. Se respeta al otro en tanto hablemos de su comida, su cultura, su tradición y sus danzas. Pero ¿qué pasa con la ablación del clítoris?, ¿con quienes dicen que debemos respetar el hinduismo? Muy bien, pero ¿qué pasa con esas viejas costumbres que ordenan quemar a la mujer cuando el marido muere? ¿Lo respetamos también ? Entonces tenemos un problema. Seguir el juego de lo políticamente correcto es racismo invertido y asqueroso”.

Slajov Zizek – En filosofía hoy –

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Luego que el Consejo Nacional Electoral (CNE) validara el 1% de las firmas recogidas por sectores opositores, como primer paso hacia la convocatoria de un eventual referendo revocatorio, las voces del Gobierno, antes y después del anuncio de la presidenta del CNE, las primeras a través de Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, y la segunda por intermedio del propio presidente de la República, Nicolás Maduro, quedan dos visiones que conjugan una sola: la inminente pérdida del poder. Ellos representan el reducto político en la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en su génesis y apocalipsis, luego de la muerte de Chávez. Sólo ellos tendrán frente a la historia, el gran peso de haber destruido toda una construcción política que sucumbió ante los designios partidistas y personalistas. Se convirtieron en la hecatombe del poder.

En el caso de Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, es evidente que ambos significan la hemorragia de un partido que no tiene dolientes. Son como un delincuente herido, el cual ha sido alcanzado por las balas de otros antisociales y agoniza en cualquier callejón de un barrio ubicado en alguna periferia de la ciudad, sin familiares o amigos que se interesen por su vida, porque al final, intuyen que lo mejor para todos, es dejarlo morir.

Por ello, Cabello y Rodríguez sólo vociferan metáforas en referentes de guerra o muerte. Así es la conducta de los antisociales en sus espacios, dentro o fuera de ellos, cuando por ejemplo, muestran sus armas o envían mensajes, amparados en códigos o vocablos propios de pandillas que dirigen sobre sus posibles víctimas de secuestros o asesinatos en determinada geografía agrícola, industrial, comercial, residencial o penitenciaria. Esa es la distinción política que no tienen otros voceros del PSUV, porque ese lenguaje sólo es pronunciado en quienes controlan el poder: ¡Yo amenazo, tú obedeces!

Cabello y Rodríguez son para Maduro, lo que representaron Molotov y Kirov en tiempos de Stalin, salvando las distancias en hechos históricos. Molotov fue en importante medida, el perro faldero de Stalin, pero no por razones de ser un incondicional con éste, sino que de alguna manera anhelaba su posición, es decir, siempre estuvo tras la toma del poder del “comandante en jefe” como solía llamarle en sus apariciones públicas y privadas, pero en especial, y de manera irónica, después de su muerte.

Molotov era el terrorista de Estado, razón por la cual, las populares “bombas” que conocemos con ese nombre, tienen en tal “ideólogo” a su mentor. En cuántas reuniones entre Stalin y Molotov, el primero ordenaba al segundo, sobre todo, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, que negociara con norteamericanos y británicos de manera inflexible, es decir, imponiendo sus propias condiciones. Ese es el espejo de Cabello. El no negocia. Mantiene posiciones que no colaboran con el diálogo. Su acción consiste en dinamitar los posibles acuerdos que vayan dirigidos a tolerar y aceptar la heterogeneidad política.

Sobre Kirov, en algún punto Stalin habría dicho que había llegado el momento de “los hombres de la mente”. Ambos coincidían en que la “educación política” era el centro para resolver los problemas internos en relación con la consolidación de la revolución. Kirok se caracterizaba por tener discursos que cercenaban los derechos de la oposición. Su objeto desde sus palabras era desmoralizar a quienes el stalinismo consideraba sus “enemigos”. No en balde, Trosky fue señalado en rol de “contra-revolucionario”. Si vamos mas allá, Kirov, fue el autor intelectual de la colectivización forzada, es decir, los trabajos obligatorios e inhumanos de la época, sobre quienes ellos decidían, tenían que ser parte de semejante historia de vida. ¿Será casualidad o causalidad, el reciente decreto de Maduro en términos similares sobre la obligación que pretende hacer el Ejecutivo en relación con los trabajadores de otras empresas? Si bien algunos autores señalan a Stalin y Kirov con muchas diferencias, en la praxis, sus acciones estaban muy vinculadas con los preceptos de liquidar al enemigo.

En consecuencia, entre Maduro y Stalin la cercanía del discurso está en pleno pensamiento ideológico. Sería bueno recordar algunos fragmentos de dos discursos. Antes y después de su pacto con los “aliados” para enfrentar a Hitler. En 1927, ante las advertencias en la desviación que había tomado la revolución bolchevique por parte de Trosky y otros críticos, y tal como lo señala Lozano (1987, p. 112), Stalin afirmó: “Sí, camaradas. Soy rudo con los que de manera escandalosa y pérfida destruyen y dividen al partido”. Por supuesto, al momento pidió a los presentes la expulsión inmediata de sus críticos del llamado partido nacionalista, mientras los demás aplaudían y gritaban: “¡Eso, eso! ¡Te reprendemos! (ibidem). En ese discurso, Stalin convenció a sus acólitos que el ser grosero no era una defecto, sino una “cualidad”; es decir, la escatología se convertía en una herramienta revolucionaria del lenguaje ¿Coincidencia en sus palabras contra la disidencia de su gobierno por parte de sectores auténticamente chavistas? Y qué podrán decir del actual discurso de Maduro, cuando Leffler (2007 p.70) nos recuerda palabras de Stalin en 1946 y en transmisión radial a toda la Unión Soviética: “La guerra, en realidad, fue el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas económicas y políticas del mundo, a partir del monopolio del capitalismo”. Si bien tales palabras tenían mucha razón, en la actualidad, sobre Venezuela, lo que revela es una copia al carbón de la orientación del nefasto Gobierno madurista, cuya realidad se distancia por razones históricas.

Maduro, Cabello y Rodríguez son por analogía en sus acciones, los fracasados stalinistas del poder.