La utilidad del poder - Efecto Cocuyo

La utilidad del poder

Oscar Morales Rodríguez

Economista con un Magister en Políticas Públicas. Colaborador de varios medios nacionales.

A lo largo de la historia de las naciones, se ha demostrado que el problema del poder no es ostentarlo, sino cómo usarlo. Hay muchos ejemplos de qué ocurre cuando el poder es bien o mal utilizado. Las potestades que te entrega el poder no son dañinas en sí mismas, pero en su práctica está la potencial vileza.

Hay algunos líderes políticos que utilizan el poder para ejercer el dominio absoluto contra una población, en lugar de emprender proyectos que eleven el desarrollo humano de sus ciudadanos. Están otros gobernantes que prefieren dedicarse a perseguir a sus disidentes, cerrar medios de comunicación, pisotear las leyes y aplicar reformas que le permitan eternizarse, antes que fomentar la convivencia nacional y generar prosperidad en la sociedad.

Sobran los casos de políticos que terminan desvirtuando su autoridad y consumen sus días finitos en buscar la concentración de poder para su ego, olvidándose que están ahí para escuchar las demandas sociales y propiciar la creación de la riqueza nacional para distribuirla con mayor equidad.

En concreto, si utilizas el poder para hacer tu voluntad personal, terminarás convirtiéndote en una bestia hegemónica destructiva, y no será difícil que aniquiles 70% del aparato industrial de tu país, ni mucho menos ejecutes extrajudicialmente a 8.000 personas o encarceles a 1.300 por causas políticas.

No obstante, si administras el poder respetando a las minorías y aceptando la pluralidad de visiones, entonces estarás más cerca de construir un país equilibrado y armonioso con buenos niveles en la calidad de vida de sus habitantes.

De nada vale empeñarse en la acumulación del poder, porque no hay nada más transitorio y escurridizo que el mando

Antes de nosotros existieron poderes que se abrigaban con fundamentos supremos: Las dinastías chinas, el Imperio Romano, Alejandro Magno, Gengis Khan o Napoleón Bonaparte. No importó el número de años de señorío, ni sus apariencias de indestructibilidad y ni sus influjos imperiales, siempre terminaron derribados y/o consumidos su “grandeza” por la ley natural de la vida.

El poder no debe pretender que agrega un minuto más de permanencia, por el contrario, debe considerar que agota un minuto de su existencia finita. “El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo”, dijo Séneca.

El poder mal utilizado aplicará coacción hacia sus dirigidos, inmovilizará el pensamiento y finalizará en obediencia autoritaria dogmática. Bien distinto sería si se aprovecha el poder para convocar a todas las fuerzas vivas del país y/o promover consultas ciudadanas, seguramente de ahí resultará un proyecto nacional fértil que derrame prosperidad.

De modo que dependiendo de cómo uses la facultad que arropa el poder, terminarás polarizando y empobreciendo a la sociedad o generando bienestar y confort.

¡Qué olor tendrá el poder que unos quieren imponer y otros dialogar!
¡Qué sonido tendrá el poder que unos prefieren hostigar y otros indultar!
¡Qué sabor tendrá el poder que a unos enloquece y a otros ennoblece!

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores

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