Hipótesis del mono borracho: nuestro gusto por el alcohol - Efecto Cocuyo

Hipótesis del mono borracho: nuestro gusto por el alcohol

Alcohol y evolución
Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

¿Por qué el consumo de alcohol es un hecho tan natural en las culturas humanas? El alcohol en sí mismo es malo para nuestra salud si se consume en exceso, pero parece que todas las personas desde Venezuela hasta la China, hemos crecido con el alcohol como parte de nuestras sociedades. Las características psicoactivas y placenteras del alcohol ciertamente nos hacen sentir más felices, particularmente en contextos sociales, pero también actúa para aumentar la ganancia en energía.

Una teoría llamada “hipótesis del mono borracho” originalmente propuesta por el biólogo Robert Dudley, indica que la conexión humana con el alcohol se debe a que nuestros antiguos antepasados primates, tenían una mutación genética común que permitió adquirir el gusto por la fruta fermentada hace unos diez millones de años. Los simios bajo la influencia del alcohol, y principalmente el etanol, tenían menos inhibiciones, que les ayudaba a aprender a confiar entre sí y participar en los rituales diarios de vinculación.

Según los científicos, esto dio a los simios una ventaja evolutiva clave. Más aun, los investigadores creen que los primates arbóreos comenzaron a pasar más tiempo en el suelo, ¿y dónde encuentras fruta pasada? Bueno, la fruta más pasada se encuentra frecuentemente en el suelo. Y esto lo podemos unir al trabajo de la paleoantropóloga Brenda Benefit, quien descubrió evidencia fósil de que los monos que comían frutas del suelo en Kenia hace 15 millones de años se adaptaron para caminar y correr sobre el suelo del bosque, llevándola a especular que la dieta fue un factor determinante en la evolución.

No es la uva, ni el vino obtenido de los mostos fermentados o de los “prendidos” en la fiesta. En realidad, hay un trasfondo natural mucho más amplio sobre la producción de alcohol dentro de la fruta y el consumo de decenas de miles de especies de animales. Como lo explicó Louis Pasteur por primera vez en el siglo XIX, la fermentación es un proceso natural derivado de la acción metabólica de las levaduras en las moléculas de azúcar.

Las levaduras producen alcohol para matar a sus competidores bacterianos, acumulándose el alcohol en bajas concentraciones dentro de las frutas y el néctar. También entra en el ambiente, produciendo un rastro a favor del viento que indica de manera confiable la presencia de frutas y azúcares. Cualquier animal que pueda percibir y seguir este olor en la dirección del viento llegará a la fuente de etanol y, por supuesto, a los azúcares dentro de la fruta. En los bosques tropicales, la fruta madura se presenta de manera irregular, por lo que cualquier habilidad para encontrarla a largas distancias es beneficiosa. El alcohol también puede actuar como un estimulante de la alimentación a través del bien estudiado “efecto aperitivo”. Hoy en día, a menudo bebemos cuando comemos y, en consecuencia, la ingesta de alimentos tiende a aumentar.

¿Pero alguna vez los animales se emborrachan? Hay historias anecdóticas sobre un mono que comió fruta fermentada y se embriagó. Sin embargo, solo en raras ocasiones los animales han sido estudiados científicamente y la prueba directa de embriaguez es rara. Normalmente se sacian mucho antes de que se puedan alcanzar niveles incapacitantes de alcohol en la sangre. A pesar de que algunos animales pueden comer hasta el 10% de su peso corporal al día en frutas maduras, las concentraciones típicas de alcohol en la pulpa de la fruta son solo alrededor del 0,5-3%. La mayoría de las especies silvestres, incluidas las moscas de la fruta, tienen enzimas realmente buenas para degradar cualquier alcohol ingerido ¡Para que nunca se emborrachen! Pero somos diferentes.

Hace unos 10 millones de años, a medida que nuestros antepasados simios se volvieron progresivamente más erguidos y comenzaron a caminar bípedamente, se produjo un cambio interesante en nuestra capacidad fisiológica para procesar el alcohol. Sobre la base de los datos de la secuencia de ADN y la reconstrucción moderna de las enzimas ancestrales, ahora sabemos que la capacidad de estos primeros simios para metabolizar el alcohol aumentó aproximadamente 20 veces debido a una mutación en sus genes, consistente con una mayor exposición alimentaria a esta molécula.

Estos animales caminaban por el bosque o las sabanas, podrían haber estado obteniendo un mayor acceso a los frutos caídos que habían estado fermentándose por más tiempo y, por lo tanto, contenían más alcohol. Cualesquiera que hayan sido las ventajas iniciales para esta mutación en particular, la hemos mantenido hasta los tiempos modernos.

El alcohol desde una perspectiva evolutiva

Lo que una vez ayudó a encontrar comida de manera más eficiente en la naturaleza se ha convertido en una parte importante de la cultura humana. Hoy, claramente tenemos una relación conflictiva con la molécula de alcohol. Algunos beneficios para la salud, como la reducción del riesgo cardiovascular, se manifiestan en personas que toman bebidas alcohólicas de bajo grado. Para quienes gustan del consumo de alcohol a un alto nivel, este representa un peligro importante para ellos mismos y para los demás (especialmente cuando están detrás del volante de un carro).

¿Puede una perspectiva evolutiva de nuestra relación con el alcohol ayudarnos a entender el problema aparentemente irresoluble de la adicción al alcohol? Como mínimo, el reconocimiento de una exposición dietética antigua y persistente a la molécula sugiere que la conducta de beber de hoy está motivada, en parte, por vías de recompensa profundamente arraigadas dentro de nuestro cerebro. Y estas respuestas las compartimos con criaturas tan diversas como los murciélagos de la fruta, las moscas y nuestros parientes vivos más cercanos, los simios.

Aunque lo anterior es solo una teoría, es posible que la especie humana no haya sobrevivido, o lo hubiera hecho con menos éxito, si no fuera por la unión social que el alcohol estimula. Así que la próxima vez que disfrutemos de los frutos de la fermentación, pensemos en el tiempo de evolución y en nuestros ancestros similares a los simios que se alimentaban dentro de los bosques tropicales.

foto: https://www.playgroundmag.net

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