George Steer, el cronista de Guernica

Eloi Yagüe Jarque | @eloiyague

Escritor, periodista y profesor universitario. Autor de novelas, libros de cuentos y guiones de cine. Ganador del premio de cuentos Juan Rulfo-Semana Negra de Gijón.

España estaba en guerra en 1937. El lunes 26 de abril era día de mercado en Gernika (nombre en euskera de Guernica). Esta población de 7.000 habitantes al noreste de la península ibérica, era una ciudad emblemática pues desde tiempos inmemoriales los reyes de España juraban respetar los fueros vascos (la autonomía) bajo un centenario roble que allí se encontraba.

Cuando cayó la monarquía española en 1931, se instauró la República y ese gobierno elegido democráticamente también ofreció autonomía a vascos y catalanes. De tal manera que el País Vasco, importante desde el punto de vista industrial y militar, pues en él había fábricas de armas, era leal a la República.

El general Mola, uno de los militares sublevados, responsable de la ofensiva en el norte, había prometido que tomaría el País Vasco. Para ello contaba con el apoyo de la Legión Cóndor, unos cien aviones alemanes que Hitler había ofrecido a Franco. Los alemanes disponían de aparatos de última generación y nuevas armas cuya efectividad probarían en España antes de la Segunda Guerra Mundial.

Entre ellas se encontraba la termita, un tipo de composición pirotécnica de aluminio y un óxido metálico, el cual produce una reacción alumino-térmica conocida como reacción termita. En pocas palabras: un agente de alto poder incendiario y calórico que puede derretir el hierro en pocos segundos. Muchas de las bombas usadas en Guernica fueron de este tipo.

A las 4 y 30 de la tarde empezó el bombardeo

George Steer era un joven periodista surafricano (no había cumplido los 30 años) pero ya tenía experiencia como corresponsal de guerra. Había estado en Etiopía durante la invasión italiana y había denunciado el uso de gas mostaza por parte del ejército de Mussolini. Trabajaba como corresponsal de los diarios The Times, de Londres, y The New York Times. Era amigo personal de José Antonio Aguirre, presidente del gobierno provisional vasco.

Cuando se enteró del bombardeo de Gernika, Steer se encontraba en Bilbao. Se desplazó a la zona afectada y comprobó in situ la vastedad de la destrucción. Levantó testimonios que le permitieron desmentir la primera versión propagandística que se lanzó desde el cuartel general de Franco en Burgos: que los vascos habían incendiado su propia ciudad emblemática.

«Guernica, el pueblo más antiguo de los vascos y el centro de su tradición cultural, fue destruida completamente ayer por la tarde por aviones insurgentes. El bombardeo de esta localidad abierta, muy alejada de las líneas, se prolongó exactamente durante tres horas y cuarto, durante las cuales una poderosa flota de aviones, consistente en tres modelos alemanes, bombarderos Junker y Heinkel y de combate Heinkel, no dejaron de descargar sobre la ciudad más de mil libras de bombas, y se calcula que más de 3.000 proyectiles incendiarios. Los aviones de combate, mientras, planearon a baja altura sobre el centro de la ciudad para disparar a aquellos civiles que habían buscado refugio en los campos».

Así empezaba la crónica de Steer que fue publicada inmediatamente en los diarios. The New York Times le dio la primera plana el 27 de abril. Asimismo se hizo eco de la declaración de Aguirre: “Los aviadores alemanes al servicio de los rebeldes españoles, han bombardeado Guernica, quemando la ciudad histórica…Ellos han tratado de herirnos en el más sensible de nuestros sentimientos patrióticos… de nuestra libertad y nuestra democracia”.

Por su rigurosidad, las crónicas de Steer fueron las más citadas en su momento. Pablo Picasso, el gran pintor español, se inspiró en ellas para pintar su famoso cuadro monumental donde denuncia el horror de la guerra y de la matanza de civiles. Hubo, por supuesto, numerosas versiones del bombardeo, pero finalmente se impuso la certeza de que la aviación alemana al servicio de Franco había cometido una feroz masacre contra una población civil indefensa.

A ochenta años de esta tragedia, vemos que la misma crueldad militarista recorre el planeta: ataques con armas químicas, lanzamiento de bombas cada vez más mortíferas, destrucción de hospitales y escuelas, ensañamiento con la población civil, especialmente los más desvalidos: niños, ancianos, mujeres. Y en medio de esta desolación los periodistas intentando ofrecer al mundo la verdad de lo que acontece, tratando de ir más allá del afán propagandístico de los bandos en pugna.

Steer falleció en un accidente de tránsito en Birmania, el 25 de diciembre de 1944, cuando manejaba un jeep del Ejército. Hoy hay una calle con su nombre en Gernika y otra en Bilbao. Y en septiembre de 2016 fue estrenada Gernika, la película, dirigida por el cineasta vasco Koldo Serra, e inspirada en las crónicas del periodista.