El reto tecnológico de la industria petrolera venezolana

Paulino Betancourt Figueroa | @p_betanco

Profesor-Investigador Universidad Central de Venezuela • Miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat • Editor de la Revista Catálisis • Presidente (H) de la Sociedad Venezolana de Catálisis.

Los retos más importantes del sistema tecnológico venezolano incluyen desarrollar tecnologías para la producción de crudo de los yacimientos de la Faja Petrolífera del Orinoco, añadir valor a los productos, producir biocombustibles de alta calidad a costos competitivos, reducir emisiones y contribuir a la preservación del ambiente. Para afrontar estos retos, debemos seguir capacitando a los futuros profesionales, buscando conocimientos complementarios en las universidades y centros de investigación. El país debe asignar un rol estratégico a la formación del recurso humano con planes muy estructurados para la contratación y su formación complementaria. La producción de crudos pesados y su procesamiento implica un enorme esfuerzo en inversión y tecnología. En este sentido, se deben conducir programas tecnológicos con portafolios de proyectos dedicados específicamente a la investigación y su consecuente desarrollo para la producción de crudos pesados y extra pesados, así como para el procesamiento de estos crudos.

Aun cuando Venezuela ya ha logrado producir crudos pesados, 16 a 18 grados API, en niveles económicamente atractivos y las refinerías fueron adaptadas poco a poco para procesarlos, el reto ahora son las tecnologías para procesamiento de los crudos extrapesados, es decir, producir combustibles de alta calidad a partir de crudos por debajo de los 14 grados API.

La adquisición (asimilación), incorporación y aplicación de tecnologías avanzadas en el sector petrolero venezolano, elemento básico para el impulso y la viabilidad del desarrollo de la industria petrolera, presenta actualmente los siguientes problemas:

(i) Carencia de una infraestructura de gestión tecnológica en la industria petrolera nacional y su relación con las estrategias del MPPEUCT;

(ii) Deficiencias en los procesos de asimilación, adaptación e incorporación tecnológicas y, por ende, de investigación aplicada;

(iii) En materia de tecnología petrolera, las potencias económicas poseen y manejan la exclusividad de patentes, derechos de autor e industriales, tanto a través de mecanismos proteccionistas internos (proteccionismo industrial), como de las grandes compañías transnacionales;

(iv) Insuficiencia de capacitación adecuada de alto nivel de los cuadros profesionales venezolanos;

(v) Recursos financieros insuficientes para el desarrollo de la industria petrolera, ya que sus ganancias van al gasto corriente del gobierno y hacia la banca internacional, vía servicios de deuda y compromisos varios;

(vi) Presiones externas que han impedido el desarrollo independiente de la industria nacional.

Durante los últimos años, la industria petrolera ha sido sometida a un proceso de corrupción, desgaste y endeudamiento, en el cual “no caben” las políticas de desarrollo científico-tecnológicas. Así mismo, a causa de las políticas económicas aplicadas en el país, se ha reducido la masa crítica del personal técnico especializado del sector petrolero, de exploración, refinación y petroquímica. Además, bajo este proceso, la empresa petrolera se encuentra desvinculada de la dinámica industrial y tecnológica del país, debilitando así su viabilidad económica.

Por tanto, a manera de propuesta de solución a esta problemática, una verdadera transferencia y desarrollo tecnológico de la industria petrolera nacional debe ser guiada por una estrategia y gestión tecnológica que involucre no sólo a las entidades implicadas directamente (PDVSA), sino a los organismos de política energética y tecnológica como son los Ministerios: MPPPM, MPPEUCT y MINEA. Con respecto a los avances y las necesidades tecnológicas en el ámbito de la industria petrolera y del mercado internacional, Venezuela requiere emprender acciones concretas en transferencia, investigación aplicada y desarrollo tecnológico en el marco de una verdadera política energética de Estado. El país deberá asegurar su viabilidad energética, al menos por los siguientes 30 años, dado que, previsiblemente, una parte importante del mundo industrializado continuará utilizando y dependiendo de los combustibles fósiles como fuente primaria de energía.

En la gestión tecnológica, es urgente que el Estado imprima una dimensión práctica y una valoración política y social a la actividad científica-tecnológica. Se requiere crear un nuevo patrón que permita iniciar y sostener un nuevo ciclo de crecimiento económico. Sólo cuando exista una política energética de Estado en Venezuela, se tendrán los elementos esenciales para instrumentar un verdadero Plan.

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