"Pensé que era un terremoto", vecinos tras explosión de subestación en Terrazas del Club Hípico - Efecto Cocuyo

“Pensé que era un terremoto”, vecinos tras explosión de subestación en Terrazas del Club Hípico

Los vecinos del Centro Comercial Concresa se acercaron a la subestación Terrazas del Club Hípico (municipio Baruta), ubicada en La Ciudadela, para ver a la luz del día los tres transformadores que explotaron la madrugada de este lunes, 11 de marzo. Mientras estuvo abierto el portón del lugar, las personas aprovecharon para tomar fotos. Algunos se acercaban a los trabajadores de Corpoelec para preguntar cuándo se reestablecería el servicio eléctrico y de gas.

Uno de los empleados de la compañía estatal le dijo al señor Andrés León, de 73 años, que “esto es rápido, van a hacer la transferencia de una subestación a otra”. También le informaron que la compañía de gas ya estaba al tanto de la situación.

A la señora Begoña Zubillaga, de 70 años, le dijeron que “mínimo el jueves” se reestablecería el servicio eléctrico. Un grupo de vecinos comentó que las autoridades de Corpoelec no dieron fecha límite a los trabajos de reparación. El portón se cerró apenas llegaron los trabajadores de Corpoelec.

Terror

Ante la incertidumbre, los vecinos empezaron a comentar lo vivido durante la madrugada. Algunos edificios de los alrededores del centro comercial Concresa tenían luz desde la noche del domingo, 10 de marzo. A otros sólo les llegó el servicio eléctrico “5 minutos el día viernes”, como fue el caso de las residencias Los Hermanos (la más cercana a la subestación Terrazas del Club Hipíco).

Desde sus ventanas, varios vecinos aseguraron a Efecto Cocuyo que dos trabajadores de Corpoelec se encontraban trabajando en la subestación antes de la explosión.

Entre la 1:15 y 1:30 a.m se escuchó la primera explosión, que vino acompañada de los gritos de terror de los vecinos y dos estallidos más. “Mamá, tírate al suelo”, gritó el señor Óscar Belisario, de 42 años, al escuchar el sonido. La subestación queda justo al lado de su residencia. Óscar, su madre (que tiene problemas en una rodilla) y decenas de vecinos empezaron a bajar las escaleras. Muchos de ellos sufren de problemas cardiovasculares y tienen dificultades para movilizarse por sí mismos.

La señora Carmen Centeno, de 68 años, vive en una casa cercana a la subestación. Confundió el estallido con un terremoto. “Se escuchaban los gritos, los niños llorando. Todo el mundo bajó de los edificios en bata, con los zapatos en la mano”, explicó. Al igual que decenas de personas, Carmen se acercó hasta el incendio.

Otra de las vecinas de la zona, Claudia Beer, aseguró que las líneas de alta tensión se pusieron “al rojo vivo” antes de la explosión. Según le comentó una amiga en la zona, una de las tanquillas que se encontraba a los alrededores de la Clínica Leopoldo Aguerrevere “salió volando” con la explosión.

El incendio

Las primeras autoridades en acercarse al incendio fueron los funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), según contaron los vecinos de La Ciudadela. Ordenaron a las personas alejarse del lugar.

“Las llamas casi llegan al quinto piso del edificio, donde vivo yo”, dijo una señora de 81 años, quien vive en la residencia Los Hermanos.

Los bomberos y Protección Civil (PC) llegaron una hora después de registrarse el incidente, aproximadamente a las 2:10 a.m. Instaron a los vecinos a moverse hasta la cancha que está a unas cuadras de la subestación y a cerrar la entrada de gas de sus hogares. También mandaron a retirar los vehículos que estaban a los alrededores del incendio y conversaron con los vecinos para saber si había alguna persona con discapacidad motora para desalojarlo de su residencia.

A las (10:00 a.m) de este lunes, las máquinas continuaban echando humo

Entre las 4:00 y 5:00 a.m las personas empezaron a subir a sus casas a descansar un rato y pensar en un “plan B”, para subsistir ante la falta de agua, luz y gas.

“Mi suegra tiene un apartamento en El Bosque. Vamos a ver qué hay para allá”, comentó el señor Enrique Quesada. Tenía reserva de proteína en su casa, pero teme que se “eche a perder”. La señora Silvia Sánchez, de 55 años, salió de su casa a “resolver la comida”.

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