“Era quincena y teníamos dinero, pero no había qué comprar”, testimonios de El Cumanazo

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Paralizada. Para ella no era normal ver a una multitud de personas aglomeradas y mucho menos corriendo sin sentido por la calle al mediodía.  En Cumaná, ni en la época de “guarimbas” de 2014 vieron tal avalancha de gente y menos, como si fuesen grupos organizados, rompiendo las santamarías con macanas, lanzando piedras a las vitrinas, tumbando estantes y agarrando lo que las manos les permitía. Mujeres con niños, motorizados, transeúntes, hombres encapuchados y armados. Todos se juntaron en los saqueos que arrasaron con más de una veintena de locales comerciales el martes 14 de junio en la capital del estado Sucre.

“¡Despierta niña! No puedes quedarte allí sin hacer nada”, le dijo un conductor desde su carro. María Teresa Carrillo, de 20 años de edad y estudiante de Comunicación Social, despertó de su conmoción; y entre la turba violenta y el desconocido que le ofrecía la cola hasta su casa prefirió al segundo. Desde el sector Tres Picos llegó a las 4:00 pm a su residencia, ubicada en la urbanización Los Roques.

La noche de “El Cumanazo” los vecinos de su comunidad la pasaron en vilo. El temor de que habitantes del barrio El Valle, ubicado detrás de la urbanización, saltaran el muro del estacionamiento y desvalijaran los carros le quitó el sueño a los vecinos. El vigilante, humano al fin, decidió irse a su casa. El “cierren bien las puertas”, era el consejo más repetido en el edificio.

Nada pasó. El 15 de junio Cumaná amaneció entre escombros, otros intentos de saqueos y con la tensión en sus habitantes. “Era quincena, teníamos dinero, pero no había dónde comprar. Todo estaba cerrado“, aseguró María Teresa. Las clases universitarias y escolares fueron suspendidas hasta el lunes 20 y en las calles la presencia del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas) de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) se dejaba ver de forma intermitente. Las tanquetas fueron apostadas en sectores como La Llamada y Brasil en donde se produjeron allanamientos a las viviendas.

La violencia alcanzó a la urbanización Los Roques, donde vive María Teresa, a las 5:00 pm. En el barrio, que tienen de patio trasero, las tanquetas de la GNB ingresaron, los funcionarios de uniforme verde también. “De las casas les dispararon. Hubo un tiroteo que duró como una hora. Nos tuvimos que resguardar en el pasillo porque nuestras ventanas dan hacia el barrio. Comenzamos a leer noticias en internet o mandar mensajes a nuestros conocidos para saber cómo estaban”, narró la joven.

Cuando hubo silencio, ella se arriesgó, miró por el balcón y logró ser testigo de cómo a dos muchachos la GNB los sacó de su vivienda, ensangrentados y se los llevaron detenidos. Pero la curiosidad le duró poco, los uniformados apuntaban a los vecinos mirones de los alrededores. De ese episodio de guerra, el inmueble de María Teresa se quedó con dos ventanas rotas.

“Mi familia tuvo que ir a Cumanacoa (a 45 minutos de distancia) y a Puerto La Cruz (a una hora y media) para ver si podían comprar algo de comer. Por aquí no hay nada, el mercado municipal abre hasta el mediodía; y lo que consigues ahora está más caro. Por ejemplo, el kilo de arenque que hace una semana costaba 200 bolívares ahora se consigue hasta en 700″, manifestó la joven. Sus parientes regresaron a las 6:00 pm con vegetales  y charcutería que compraron en Las Piedras porque en Cumanacoa las santamarías también estaban abajo.

Norma Hernández también se indignó con los precios. Denunció que la situación en la que quedaron los cumaneses es insostenible, pues los productos que se consiguen están al doble y triple de su precio antes de los saqueos.

“Todo esto que nos pasó, quizás la oposición tenga que ver, pero ellos (Gobierno) tienen que entender que son culpables de esto, porque no son suficientes las políticas económicas que están aplicando”, exclamó la mujer.

Encerrada

A Carmen López la salvó la advertencia de uno de los saqueadores. A las 2:00 pm, al frente de su agencia de lotería en la calle Bolívar, pasaron decenas de personas encapuchadas, armadas, alebrestadas. “Me gritó uno de ellos que tenía que cerrar, que sino iba a caer también en el paquete”, dijo.

Así lo hizo y da gracias a Dios por tener no solo una santamaría, sino también una reja que protege su propiedad. Cerca de ella, las puertas de una licorería, un abasto y un supermercado sucumbieron al poder de los palos y golpes de los que buscaban alimentos.

López contabilizó tres comerciantes asesinados durante los disturbios, además del dueño de un negocio de origen asiático que murió por un infarto al ver cómo arrasaron son su local. Incluye en su lista, sin nombres, al propietario de una licorería que se resistió al robo del whisky: “rompieron una botella y se la clavaron en la cabeza. Murió desangrado ahí mismo”, comentó.

Cuarenta y ocho horas después de los sucesos, el gobernador Luis Acuña no indicó cuántas personas murieron; pero los medios regionales contaron a tres víctimas de los hechos violentos.

Carmen salió de su comercio a las 5:00 pm. La zona fue tomada por funcionarios de la policía del estado y ella sintió más seguridad. Media hora después hubo un enfrentamiento a tiros entre armados que formaban parte de los saqueos y los funcionarios de la fuerza pública.

“Yo solo pensaba en mis hijos. Quería estar en casa, aunque estuviéramos resguardados todos en un cuarto por el olor de las bombas lacrimógenas. Todavía no quiero abrir mi negocio, hay tensión en las calles; aunque ya todo está más tranquilo”, agregó.

Audio cortesía de Radio Fe y Alegría

Detención

Mary Febres, abuela de seis niños menores de edad, ha pasado dos días entre las sedes policiales y el comando de la GNB suplicando a los funcionarios que le digan dónde están sus hijas de 26 y 28 años de edad, madre de la media docena de nietos.

“Me tienen engañada. Estoy afónica, sin comer. No me dan respuesta de dónde me las tienen. Ya van tres días detenidas. Y sí, ellas salieron a la calle a buscar qué comer porque sus hijos tienen hambre. ¡Pido respuestas!”, espetó la mujer, habitante de Caigüire, donde los residentes protestaron el lunes por la falta de alimentos y la indignación de la muerte del joven de Cerezal; sitio donde comenzaron los saqueos del martes 14 de junio.

Jhonn Colmenares, de 19 años, llegó a las 5:00 pm este jueves, después de visitar a su amigo de la universidad que fue detenido el martes durante los disturbios. “Él no estaba saqueando, ni nada. Él protestaba. Pacíficamente no, porque le estaba lanzando piedras a los guardias”, reconoció.

Ellos salieron al mediodía de la Universidad de Oriente, luego de ver clases para graduarse de licenciados en Educación.  Se toparon con los hechos violentos, fueron exhortados por los militares para que fueran a sus casas, perseguidos por las tanquetas y en carrera recorrieron varias cuadras hasta la avenida Las Industrias.

Allí, un grupo de personas saqueaba un depósito de mercancía. Él aprovechó el desorden y la confusión para agarrar lo suyo: pañales, cloro, jabón en polvo. Hasta que llegó la GNB. “Los militares sacaron a todos del depósito, se metieron ellos, se llevaron varios paquetes y luego dieron como una orden para que volviera a entrar la gente. Pero, lanzaron una bomba lacrimógena”, señaló el joven. En ese momento se llevaron detenido a su compañero.

No quiso revelar su nombre, pero indicó que su amigo de 20 años de edad estuvo casi dos días sin comer ni tomar agua. “No lo golpearon, pero fue en la segunda noche cuando le dieron una arepa y agua. Ahora debe presentarse por dos meses y le pusieron los delitos de robo y saqueo”,  contó.

El gobernador Acuña no dio la cantidad de muertos, pero sí la de los detenidos por presuntamente formar parte de “El Cumanazo”. En total, fueron 431 aprehendidos, tanto en los sucesos como en los allanamientos.

Jhonn agregó que en el comando de la GNB les indicaban a los detenidos que a los que nombraran (leían una lista en un papel) los mandarían a las cárceles de San Juan de los Morros (Guárico) y de Carúpano (Sucre).

Molestia. Entre comerciantes y habitantes se cuela un descontento entre la tensión de que se repitan los saqueos y la tristeza por los daños ocasionados. Dicen que a dos días de “El Cumanazo”, las autoridades no se han tomado los hechos violentos con “seriedad”, no han ofrecido soluciones al sector comercio ni una promesa de que protegerán a los ciudadanos.

“Estoy decepcionada. Acuña en su programa de radio no quiso tocar el caso. Lo llamaron pidiéndole apoyo y lo que dijo fue que le cambiaran el tema, que hablaran de cultura, de algo bonito de Cumaná. En medio de la desesperación, ese es el mensaje que nos da a los ciudadanos”, reclamó María Teresa.

*Nota del redactor: Los nombres fueron cambiados a petición de las fuentes

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