Las heridas que no cierran a un año del arrollamiento masivo en Lima

VENEZUELA MIGRANTE · 1 MAYO, 2021 19:31

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Ayatola Núñez


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La madrugada del primero 1 de mayo será difícil de olvidar para un grupo de caminantes que tres días antes había comenzado su periplo de retorno a Venezuela, debido a la pandemia que paralizó a todo el Perú así, como el resto del mundo.

En el kilómetro 39 de la carretera Panamericana Sur, Lima provincia, un camión cisterna  embistió contra 12 migrantes,  y causó heridas a 9 de ellos, tres no sobrevivieron.  

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A un año, tres de los sobrevivientes que luchan por recuperarse cuentan cómo han sido sus días desde que llegaron al paíslas secuelas físicas y emocionales que no terminan de desaparecer y las dificultades que actualmente enfrentan:

 “Esto que nos pasó es difícil de olvidar y superar”

La pesadilla, como lo describe Jhony Puertas, no comenzó después de aquel fatídico accidente ocurrido en la provincia limeña de Barranca. El primero de enero de 2020 ya había tenido “un encuentro cercano con la muerte”, por lo que la idea de volver a Venezuela ya estaba rondando su cabeza.

“Fui atracado y golpeado brutalmente en Lima. Estuve más de 8 horas inconsciente en peligro de muerte. Como pude, hice mi denuncia, y esa fue una de mis razones para retornar”, cuenta el sobreviviente natural de Valencia, estado Carabobo.

Por aquellos días, los pocos trabajos que conseguía eran subpagados y cuando llegó la pandemia, se quedó sin oportunidades, por lo que el camino de vuelta fue la única opción que encontró.

Después de aquella madrugada del 1 de mayo, pasó un mes en el Hospital Álcidez Carrión de Barranca, cuyos gastos fueron asumidos por la administración de Maduro.

“Gracias a Dios me salvaron mi pie izquierdo. Tuve cinco operaciones, limpieza quirúrgica y en la última intervención médica me colocaron un injerto de piel para poder cerrar la herida”.

El apoyo económico del Estado venezolano se fue diluyendo tras su regreso en 21 de septiembre de 2020 a Venezuela. Aún se recupera en cama.

“No puedo sostenerme de pie por mucho tiempo, pues siento mucho dolor en mis pies y tobillos”, describe el hombre de 42 años.

 “Esto que nos pasó es difícil de olvidar y superar. Es muy triste por los que murieron y no pudieron completar el recorrido, fue algo demasiado fuerte”.

“Prácticamente, quedé discapacitado y nadie me quiere contratar así”

Los sueños de Frank Martínez de un mejor futuro para sus dos hijas quedaron prácticamente sobre el pavimento del kilómetro 39 de la carretera Panamericana Sur de la capital peruana. Desde su regreso, también el 21 de septiembre, él se convirtió en receptor de algunas ayudas.

“Prácticamente, quedé discapacitado y nadie me quiere contratar así”, dice Martínez, de 44 años, natural de Maracay, estado Aragua.

 “Las empresas te hacen examen médico, te revisan efusivamente, si tienes puntos, cicatrices amputaciones y te falta un miembro, no te dejan trabajar. El porcentaje de personas discapacitadas siempre está ocupado”, agrega.

Él, como el resto de sus compañeros de camino, tiene secuelas: no puede caminar mucho, “porque se me hinchan los pies”.

Su preocupación continúa siendo la misma: el futuro de su familia. Busca la manera de generar ingresos, pero dice que se la hace imposible porque en Venezuela, donde “nadie invierte en nada, todo es para comer”.

Pero las secuelas no son solo físicas, también son mentales y emocionales. “No tuvimos ayuda de un psicólogo, hemos cargado nosotros solos con el peso de lo que nos pasó”.

“Me hicieron un injerto de piel y perdí la operación”

Ana Rivas tiene 24 años y quedó más afectada por aquella tragedia. “En Perú tuve tres operaciones. En la primera me quitaron la necrosis de piel,  en la segunda me colocaron la platina con clavos y la tercera por una pequeña fractura en el tobillo que notaron después de la intervención”, resume.

Ella regresó a Venezuela por las gestiones de la administración de Maduro, lo cual agradece. El 21 de julio arribó al país. “De no haber sido por ellos, qué sería de nosotros porque la empresa responsable no se hizo cargo de nada”.

A cuatro meses de estar en Venezuela, fue al hospital para que médico cirujano observara la herida de la necrosis. El injerto de piel no le duró mucho tiempo.

 “En pocas palabras perdí la operación y el médico alegó que tenía que hacerme un cultivo, pero decidió no hacerlo por falta de dinero”.

Por el caso de la herida abierta no la aceptan en centros públicos de fisioterapia.

La otra herida que tampoco cierra es la emocional. “Solo recordarlo me llena de tristeza y dolor por todos los que vivimos eso y aún estamos padeciendo por culpa de ese accidente y por nuestros amigos que perdieron la vida y no llegaron a casa junto a su familia, que era lo único que queríamos todos”, reflexiona.

Les falta apoyo

Desde que fueron arrollados quedaron impedidos de trabajar y ya no tienen las mismas posibilidades de sostener a sus familias como cuando migraron a Perú.

Ninguno de los heridos ha podido someterse a las curas que necesitan. “Me muevo poco a poco con muletas y tengo que someterme a terapias, pero no tengo dinero para cubrirlas”, refiere Puertas.

“Por los momentos me ha tocado hacer la rehabilitación con mi madre en casa y las curas de igual manera”.

El conflicto de intereses y la impunidad

Detrás de aquel fatídico accidente también hubo otros actores que apoyaron de buena voluntad. Otros solo querían sacarle provecho político tal y como lo recuerda el abogado José Alfredo Reyes, quien se ofreció voluntariamente a asistir a las víctimas, pero terminó desistiendo por las trabajas que encontró en el camino.

Luego del arrollamiento y por la misma situación de la pandemia, la Fiscalía peruana no estaba del todo operativa, así que, antes de que se contaminara la escena del crimen, se llevó a cabo un peritaje del trayecto en el que se determinó que el conductor actuó de manera deliberada con el objetivo de matar.

“Estábamos avanzando solos porque el Ministerio Público tampoco hacía nada. Por eso nosotros exigimos el registro de los tres vehículos que pasaron por ahí.  La investigación no avanzó al principio por ese trámite tan simple”, explica Reyes.

Agrega que durante el peritaje se pudo observar la intencionalidad con la que actuó al chofer, pues con las luces cortas, de 500 metros se podía notar la presencia de estas personas que estaban en un tramo de la carretera, que solo estaba habilitado para el tránsito de camiones cisternas.

Por esas pistas, en aquel momento se pudo descartar que se tratara de un error humano por cansancio, como, por ejemplo, que el conductor se quedara dormido, porque el arrollamiento ocurrió a las 5 de la mañana, cuando se supone que estas personas inician la jornada.

A ello se le suma que el conductor nunca se detuvo para ver lo que había pasado ni para brindar ayuda.

Mientras se realizaban esas gestiones las figuras diplomáticas tanto del régimen de Maduro como de la administración interina de Juan Guaidó aparecieron para “figurar”,  según describe el abogado.

El embajador de Guaidó y el encargado de Maduro aparecieron, pero “todo era una pelea para ver quién se llevaba mayores méritos”, recuerda.

Desconoce las razones por las que algunos familiares desistieron de seguir con las investigaciones. “Unos nunca respondieron mis mensajes; otros sencillamente pidieron que no siguiera contactándolos y con mucha frustración me tuve que retirar. Desde el principio les dejé claro que no estaba buscando una retribución económica”.

Otra persona involucrada en el apoyo a los heridos fue el coordinador del Consejo de Residentes de Venezolanos en Barranca, Carlos Romero, que representaba a la embajada de Guiadó. Al ver la intromisión de los emisarios de Maduro también se apartó de manera institucional, pero siguió acompañando a estas víctimas.

“Preferimos no entorpecer las diligencias entre las otras partes. De hecho, se me impidió el acceso a los hospitalizados y conocer información de estas personas y hasta los récipes médicos”.

Como todos los involucrados, también quedó marcado por esa experiencia: “Mi vida cambio totalmente porque me tocó dar declaraciones en vivo sobre los fallecidos, notificar a las familias de lo ocurrido e incluso entrar a la morgue”.

¿Qué pasó con el caso?

El Primer Despacho de Decisión Temprana de la Fiscalía Provincial de Barranca notificó que el caso N°2020-938, EXP 1514-2020 tiene una conclusión de investigación preparatoria.

La fiscal provincial titular, Sarita Luz del Carmen Rodríguez, quien se comunicó directamente con los familiares de los fallecidos y los heridos de mayor gravedad, tal y como se lee en el documento, indica que formalmente se inició una investigación contra los choferes Marco Antonio Sánchez y Héctor Manuel Flores.

Dicha investigación determinará si son responsables del delito de homicidio culposo en agravio de las tres víctimas fatales y las lesiones de Puerta, Rivas y Martínez. También por haberse fugado de la escena donde ocurrieron los hechos.

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José Miguel Quaro, hermano de José Gregorio Quaro, señaló que, tras hablar con la fiscal hace aproximadamente tres semanas, ésta le dijo que espera que caiga todo el peso de la ley contra los responsables del arrollamiento.

Desde Colombia, donde reside actualmente, Quaro confiesa que la pérdida de su hermano ha sido difícil de superar, sobre todo para su mamá. “Yo la consuelo por video llamada, ella está muy sentida”.

Por: Ayatola Núñez/@miliderayatola