“¡Qué molleja de polo!”, la historia del pingüino de Maracaibo - Efecto Cocuyo

CIENCIA · 20 NOVIEMBRE, 2020 06:30

“¡Qué molleja de polo!”, la historia del pingüino de Maracaibo

Texto por Rosmina Suárez Piña

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El 14 de febrero de 1955, Maracaibo recibió la visita del huésped más inusual: un pingüino.

Sí, un pingüino en una de las ciudades más calurosas de Venezuela. Murió seis meses después, y no por el calor.

Esta es la historia de Polo*, el recordado pingüino de Maracaibo.

***

En 1955, Maracaibo ya era una de las ciudades más importantes de Venezuela. Recibía reconocidos visitantes, desde el cantante y actor argentino Carlos Gardel (1935) hasta el comediante mexicano Mario Moreno “Cantinflas” (1943, 1957, 1969), por mencionar unos.

Pero ningún visitante fue tan inusual como Polo: un pingüino saltarrocas (Eudyptes chrysocome) que apareció en las costas de la playa Zulia Mar, cerca de Caimare Chico, el 14 de febrero de 1955.

Fue avistado por el señor Martín Pérez, propietario del balneario. Él avisó de inmediato a expertos en Maracaibo, la capital. Y la noticia del “pingüino en el Lago” se regó rápidamente por la zona.

Como estaba vivo, hicieron lo necesario para trasladarlo al Zoológico de Maracaibo, en el sector Los Haticos. Allí funcionaba el Instituto de Ciencias Naturales de Maracaibo, con la dirección de Agustín Pérez Piñango.

Pérez Piñango, un músico y escritor nacido en Caracas, llegó a Maracaibo en 1925. Era un naturalista autodidacta, pero comprometido con la preservación del patrimonio cultural e histórico de Venezuela, especialmente del Zulia.

Y a él le tocó cuidar de Polo, básicamente.

Según el Dr. Adolfo Pons, quien fungió como ornitólogo en ese entonces, Polo era de la especie Eudyptes crestatus o chrysocome “con penacho en la cabeza de color rojo opaco, 45 centímetros de estatura, pico de 5 centímetros y medio; cabeza, dorso y cola de color gris negro”.

En efecto, el pingüino saltarrocas o pingüino de penacho amarillo (Eudyptes chrysocome) es el más pequeño de los pingüinos crestados. Es negro y blanco, de unos 55 centímetros de longitud y pesa unos 3 kilogramos.

El Eudyptes chrysocome tiene la parte superior oscura coronada por cejas de plumas de color amarillo brillante que van hacia atrás con sus ojos rojos. Estos pingüinos se alimentan de kril, calamar, pulpo, pescado, moluscos, plancton, sepia y crustáceos.

En la actualidad, el pingüino saltarrocas o de penacho amarillo es una especie considerada como “vulnerable”, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), debido a que 24 % de su población ha desaparecido en los últimos 30 años.

La mascota de Maracaibo

Polo se fue adaptando al clima de Maracaibo gracias a que acondicionaron un espacio exclusivo para él  en el zoológico y le proporcionaron muchos alimentos “ricos en calorías”, propios de su dieta y hábitat.

Tenía una sorprendente evolución, teniendo en cuenta que nunca supieron cómo viajó desde el Polo Sur hasta el Zulia: lo equivalente a más de 9 mil kilómetros.

En el Zoológico de Maracaibo, Polo era mostrado a los visitantes, quienes (según relatos) pagaban unas 4 lochas los adultos y 2 lochas los niños.

Así, Polo se convirtió en la mascota de la capital zuliana.

De allí, la noticia del “pingüino de Maracaibo” llegó hasta oídos de la producción del programa “Aunque usted no lo crea, de Ripley”, quienes visitaron la ciudad para constatar la veracidad del acontecimiento y hacer un reportaje.

Las teorías de cómo llegó al Zulia seguían generándose: que si escapó de un zoológico marino o un barco chino o si era mercancía de tráfico ilegal de especies.

Sin embargo, como no hubo reportes de algún pingüino extraviado o algo parecido, nunca se supo.

Y claro, tampoco faltaron las visitas de expertos ornitólogos extranjeros, de Estados Unidos y Europa principalmente, para estudiar cómo era posible que Polo se adaptara a nuestro clima tropical. Porque, si bien el espacio estaba acondicionado, igual es Maracaibo y no era totalmente frío.

De hecho, también fue noticia que Polo padeció un resfriado crónico en julio de 1955, debido a una fuerte ola de calor en la ciudad. Aparentemente, lo superó con un “tratamiento especial” para salvarle la vida.

Polo estuvo exhibido al público por al menos seis meses. Se estima que casi 300 mil personas pagaron la entrada para verlo.

Llegó un final trágico e inesperado

El 28 de agosto de 1955, el Dr. Pons dio la noticia más triste: Polo falleció.

De acuerdo con los reportes, la muerte de Polo no fue causada por el calor de Maracaibo, sino por asfixia: Polo cayó al agua desmayado por una pedrada lanzada por un niño o espectador adulto.

En la época, dedujeron que Polo estaba al borde de su pileta; la pedrada le destrozó el pico y quedó inconsciente. Por eso, cuando cayó, se ahogó casi inmediatamente.

“No se pudo determinar si fue casual o deliberadamente que se cometió el repudiable hecho. Tampoco se sabe si fue practicado por un niño o adulto. Ocurrió a eso de las 10:15 am, puesto que el cadáver del pingüino fue hallado flotando en su pileta de natación a las 10:20 am por el único agente de guardia: el número 244, quien lo vio con vida a las 10:10 am cuando le practicaba la visita reglamentaria”, reseñó el Diario Panorama el 29 de agosto de 1955.

Una noticia triste, pues Polo, un pingüino que vive a temperaturas de 40 grados bajo cero, había superado la aclimatación. “Últimamente, no parecía sentir las molestias del clima ardiente de Maracaibo”, confirmó Pérez Piñango a Panorama.

Fue embalsamado

“El ejemplar del pingüino taxidermisado (disecado) fue donado al Museo de Ciencias, en Caracas, por el Dr. Pons. Cuando fui Presidente de ese museo, llevamos a Maracaibo la exposición ‘Extinción’ e incluimos al pingüino, para contar su particular historia”, cuenta Sergio Antillano, divulgador científico venezolano y expresidente del Museo De Ciencias.

Esa exposición fue realizada en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (Maczul) en el año 2000.

Para Antillano, es probable que el ejemplar disecado de Polo siga en la Colección de Ornitología del Museo de Ciencias. “Y en el Centro de Documentación del Museo están documentos de cuando Pons donó al Museo el ejemplar disecado”, agrega.

Polo “marcó” una generación

Luego del suceso, solo quedó el recuerdo para quienes pudieron observar un pingüino sin salir de la ciudad.

El “Pingüino de Maracaibo” llenó la memoria histórica de la ciudad con muchas anécdotas. Tan memorable que incluso el escritor venezolano Salvador Garmendia escribió “Un pingüino en Maracaibo”, libro basado en esa historia.

Además de fotografías en blanco y negro, “El Pingüino” se mantiene como nombre de algunos comercios relacionados con refrigeración. Incluso, aunque la historia fue corta, inspiró canciones, principalmente gaitas que cuentan lo sucedido.

Igualmente, la esquina de las calles El Tránsito y El Saladillo, en Maracaibo, se conoce como sector El Pingüino. Aunque antes de la aparición del ave, ya tenía ese nombre, pero lo conserva desde entonces. También, relatan que una fábrica de helados llevó ese nombre.

En fin, “El Pingüino de Maracaibo” originó las más jocosas anécdotas zulianas; entre ellas, el dicho “¡Qué molleja de polo!”, para referirse a viajes largos como el del pingüino, desde el Polo Sur hasta aquí.

¿Se imaginan que no le hubiesen lanzado esa piedra a Polo? ¿Y si hubiesen traído una pingüina con la que salieran más pingüinitos? Sin duda, sería distinto.

Por ejemplo, puede que no existieran las Águilas, sino los Pingüinos del Zulia. Con el uniforme negro con blanco en vez de naranja.

Una historia casi desconocida

Lamentablemente, hay poca información en línea. El cuento de Polo, el pingüino de Maracaibo, solo puede leerse en el Diccionario General del Zulia y escucharse en relatos de los ciudadanos más viejos, además de algunas reseñas casi extintas del Diario Panorama. También, es indispensable revisar la historia de Garmendia.

Pero de este modo, en 1955, Maracaibo se convierte en la primera ciudad de Venezuela en tener un pingüino que no murió por el calor de la ciudad sino por la imprudencia o inconciencia de una persona.

 

Nota: el pingüino es nombrado “Polo” para hacer amigable el relato. Esta ave visitante no tuvo un nombre oficial, aunque en algunas historias cuentan que lo llamaron “Policarpio”