Miriam Rengel, una astrofísica venezolana que deja su huella en misiones espaciales de la ESA

CIENCIA · 22 OCTUBRE, 2021 06:30

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Rosmina Suárez Piña


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Desde pequeña, Miriam Rengel sabía que quería explorar el universo. Cuando iba de Caracas a Mérida, a visitar a su abuela, y pasaba cerca de las cúpulas del Observatorio Llano del Hato, en Mérida, se emocionaba.

“Algún día trabajaré ahí, explorando el espacio y el universo”, decía.

Y el deseo se cumplió.

Como astrofísica e investigadora, Rengel puede contar una gran trayectoria en diversas misiones espaciales de renombre mundial: desde Rosetta –para investigar el cometa 67P/ Churyumov-Gerasimenko-; la misión JUICE, que enviará en el 2023 una sonda a estudiar Júpiter y sus lunas heladas; hasta el Observatorio Espacial Herschel, el gran telescopio que ofrece “una visión sin precedentes” del universo en las longitudes de onda de infrarrojo lejano y submilimétricas.

También algunas misiones de la Agencia Espacial Europea (ESA) a las que pudo llegar con disciplina y constancia, al igual que al Instituto Max Planck de Investigaciones del Sistema Solar en Alemania (donde trabaja actualmente) y la Unión Astronómica Internacional (IAU).

El cielo estrellado, su pasaporte a la exploración

“Acostarme sobre una cobija y ver el cielo y tantas estrellitas titilando (…) eso se fue acrecentando y decía ‘yo quiero algún día en mi futuro trabajar y estudiar justamente allí’ [Llano del Hato]”, cuenta la astrofísica a Efecto Cocuyo vía Zoom desde Gotinga, en Alemania.

Ese deseo inmenso de explorar fue precisamente el que la tomó de la mano… y no la soltó.

Primero estudió Física en la Universidad Simón Bolívar (USB) para luego continuar una maestría en Física Fundamental, mención Astrofísica, en la Universidad de los Andes (ULA), donde tuvo la oportunidad de hacer su tesis en el Centro de Investigaciones de Astronomía Francisco José Duarte (Cida), ese mismo donde, en su niñez, siempre se imaginaba trabajando.

En el año 2000, después de culminar sus estudios en Mérida, se mudó a Alemania. Esta vez, para cursar su doctorado en la Universidad de Jena.

“Ahí me convertí en doctora en Astrofísica. Tuve la oportunidad de hacer mi tesis doctoral en el Observatorio de Turingia. Pasé por el Observatorio Europeo Austral (ESO), de los telescopios que están en Chile, y finalmente llegué a donde estoy actualmente: el Instituto Max Planck de Investigaciones del Sistema Solar», enumera la científica.

En esa última institución ya lleva 16 años laborando.

-¿Se imaginaba trabajando en misiones de gran envergadura?

-Sí lo pensé, lo quise y trabajé duro para ello. Claro, no sabía exactamente en aquel entonces en qué misiones iba a trabajar o en qué proyectos. Porque hacer ciencia es como abrir una cajita de Pandora (sin que contenga los males del mundo, pero problemas científicos): resolvemos un problema y abrimos nuevamente nuevos misterios y nuevos problemas por resolver. Entonces se abren nuevos proyectos también y claro cuando estudié y me fui formando, no llegue a pensar que íbamos a estudiar el universo frío así ni pensé que íbamos a estudiar a Júpiter como lo vamos a estudiar en unos pocos años.

Pero sí me imaginaba llegar a institutos, digamos de envergadura, con proyectos de punta, siempre quise eso y se ha logrado; siempre a fuerza de mucho trabajo, dedicación y disciplina”.

 

Miriam Rengel frente al avión de la NASA/DLR «Stratospheric Observatory for Infrared Astronomy» (SOFIA) como observadora invitada, Estados Unidos. | Foto cortesía

“Cada misión es única”

Cuando le preguntamos a Miriam sobre cuál misión espacial le ha apasionado más, enseguida, con una sonrisa, nos responde: “Cada misión es única”.

Su campo principal de investigación son las atmósferas planetarias y la astronomía en el infrarrojo, además de tener experiencia observando con numerosos telescopios desde la Tierra.

Inicialmente, participó en la misión Rosetta, de 2004. Una sonda espacial lanzada por la Agencia Espacial Europea (ESA), cuya misión era orbitar y estudiar el cometa 67P/ Churyumov-Gerasimenko, de período corto o llamado de la familia de Júpiter, con el objetivo, además, de tratar de comprender el origen de los cometas.

Después de Rosetta, participó en el Observatorio Espacial Herschel de la ESA, lanzado en marzo de 2009. Se trata del único observatorio espacial -hasta ahora- que abarca longitudes de onda, desde el infrarrojo lejano hasta submiliméticas, que son invisibles para el ojo humano.

Herschel, nombrado en honor al descubridor de Urano, William Herschel, permite a los astrónomos explorar las regiones frías y con polvo que habían permanecido ocultas.

Actualmente, también trabaja en JUICE, una misión planetaria de la ESA, cuyo lanzamiento está previsto para 2023 con la finalidad de explorar Júpiter y sus lunas heladas: Europa, Ganímedes y Calixto.

“Digo que cada misión es única porque tiene preguntas de ciencias fundamentales y nosotros los científicos nos interesamos mucho en tratar de resolver los misterios del universo. Pero si me preguntan cuál de estas misiones es donde, en particular, me he sentido más atraída, puedo responder que Herschel”, explica Rengel.

Y no es para menos. “La razón ha sido porque ha marcado parte de mi carrera científica porque he estado en diferentes fases [de la misión], desde la fase de calibración, el lanzamiento, la parte de operaciones, ciencia con los datos, las post-operaciones, el legado… Todas las misiones en las que he estado han sido muy interesantes, pero con Herschel he vivido muchas fases de una misión. Por supuesto, estamos muy ansiosos de lo que nos espera con JUICE”.

En la Unión Astronómica Internacional

Fundada en 1919, la Unión Astronómica Internacional (IAU, en inglés) tiene la misión de promover y salvaguardar la ciencia de la astronomía: la investigación, comunicación, educación y su desarrollo, a través de la cooperación internacional.

La IAU ha sido conocida por ser “el árbitro” de la nomenclatura de planetas y satélites desde sus comienzos.

Allí también está Miriam Rengel, elegida desde septiembre de este año como vicepresidenta de la Comisión de Planetas Extrasolares y del Sistema Solar de la IAU.

“Es algo que a mí me llena de honor. He sido electa por toda la comunidad científica mundial en ese rol de tres años que espero ir desarrollándolo con mucho entusiasmo”, dice.

Frente al radiotelescopio más grande: el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), en en el Desierto de Atacama, Chile | Foto cortesía

“Siempre debemos tener metas”

De padre médico y madre docente, Miriam Rengel, la niña que se atrincheraba a ver las estrellas y que es la única astrofísica de la familia, sigue teniendo metas. Y, con casi tres décadas, entre la física y la astrofísica, apunta: “Siempre debemos tener metas y ambiciones para crecer en nuestras vidas, tanto profesionales como personales, por supuesto que podemos tomar la decisión de permanecer donde estábamos, que está muy bien y se vale”.

“Pero siempre tenemos que ampliar nuestros horizontes para seguir creciendo y seguir desarrollándonos en los dos ámbitos. Profesionalmente, he avanzado, pero hay mucho más por hacer desde el campo científico y tecnológico. Bueno, necesitamos ir desarrollando tecnologías de punta, necesitamos seguir investigando nuestro universo; estamos llenos de preguntas fundamentales que todo científico siempre sueña con dedicarse a resolver, pero son una caja de Pandora como dije antes”, resalta.

A lo que añade: “Me gustaría seguir escalando en ese sentido [con estudiantes y equipos de trabajo], gestionar proyectos de investigación importantes dentro de grupos y consorcios. Es una cuestión también de que se presenten los escenarios, pero trabajo para ello, para seguir liderando desde diferentes perspectivas todos estos proyectos que manejamos”.

No abandonar los sueños

Miriam Rengel tiene 21 años en Alemania, entre el español –su lengua materna-, el inglés –el lenguaje de la ciencia- y el alemán.

Cada vez que puede, vuelve a Venezuela a visitar a los suyos. Aunque esté lejos de su país, sabe que su esfuerzo ha sido recompensado. Además, al igual que lo ha hecho ella, invita a que no abandonemos nuestros sueños.

-En toda esta situación del país, ¿qué les diría a los jóvenes que quieren tener su carrera en ciencias?

-Tenemos que, a pesar de las vicisitudes, a pesar de los obstáculos, luchar para que nuestros sueños profesionales se cumplan y qué hacer en situaciones, por ejemplo, donde hay escasez, de recursos y escasez, de medios y dificultades como Venezuela.

Actualmente con la situación de las universidades y de la investigación, en general, mi consejo es tratar de buscar mentores internos y externos y continuar. Paralelamente también, aunque un poco difícil, pero casi todo es a través de internet, entonces pueden descargar libros o guías, publicaciones, seguir canales en las redes sociales y aprendizaje en línea.

Pero en general, hay que seguir motivados; hay que buscar todo aquello que nos motive bien sea ver documentales, leer publicaciones o acceder a ellas de alguna manera con colegas o compañeros que están en otros institutos que puedan ayudar; un mentor, un profesor que esté afuera junto a uno que esté adentro en Venezuela, crear redes de contacto y no disminuir esa pasión y esos sueños. La ciencia es también un medio de transformación personal y social.

Los grandes sueños se alcanzan poco a poco y combatiendo muchas batallas. Y hay grandes batallas actualmente que combatir y bueno trabajar duro; trabajar con dedicación y con pasión”.