Aisberth Rodríguez: Necesitamos una coalición de voluntades para el cambio político #ElLadoBDeLosElectores

Cree que un presidente debe tener liderazgo, templanza y firmeza

Aisberth Rodríguez es una estudiante de 23 años de Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es una de las entrevistadas del Mirador Electoral de Efecto Cocuyo, que salió a recorrer ciudades de Venezuela para conocer la opinión de la ciudadanía y que se recogen en las entrevistas del #LadoBDeLosElectores.

Cree que el país necesita un cambio político, con un liderazgo sólido y firme, que promueva la reconciliación entra la ciudadanía, pero que también tenga una “coalición de voluntades”, el respaldo de la gente ante el difícil camino que le tocará cuando asuma la Presidencia de la República.

Entre sus propuestas, si fuese jefa de Estado por un día, liberaría a los presos políticos, aplicaría una redistribución del presupuesto y aunque reconoció que no puede haber decreto presidencial sobre eso, promovería la reconciliación nacional.

Esta es la entrevista que le hizo la periodista senior de la fuente de política de Efecto Cocuyo, Deisy Martínez:

“En los últimos tres años me he dedicado a hacer activismo en los temas que me interesan y uno de los más incipientes desde el año pasado, 2023, es el electoral. Me dedico a áreas como la comunicación política, marketing, de este ramo del activismo que es bastante importante y a través de esto ejerzo mi activismo con vocación social”.

¿Cómo ves la situación del país?

—Es bastante complejo responder a eso de un solo tajo porque el país tiene demasiadas aristas a evaluar. Sin embargo, todas se ven en un plano de lo urgente, lo importante y en una conmoción total. Veo un país que espiritualmente, que me parece lo más importante, fracturado; personas que tienen un dolor profundo que ha sido ocasionado por las deficiencias marcadas que tenemos en el sector salud, sector de educación, en el sector de los servicios públicos y que poco a poco ha desmembrado la familia venezolana, han desmembrado los sueños que tenemos como jóvenes y nos han impedido de tener esa promesa de desarrollo porque todos nacemos con esas ganas de vivir en un país estable, armónico y que tengamos una vida con razones para valorar.

¿Crees que la economía pueda mejorar este año?

—Es complicado. Creo que destrabar el tema de las sanciones puede verse como una holgadez, pero esa holgadez es mentira, es simplemente una burbuja que tarde o temprano se explota y lo pudimos ver hace un año cuando tuvimos una caída bastante estrepitosa en el sector económico. Entonces mientras no haya seguridad, mientras las personas no puedan invertir con confianza, mientras las personas no la puedan sentir, las personas que dependen de un sueldo mínimo van a seguir sintiendo esas consecuencias, las que viven en zonas remotas o comunidades vulnerables van sufrir las consecuencias de este mal manejo. Es impensable ver un panorama armonioso o deseable en ningún aspecto, especialmente en el económico.

—¿Qué crees le espera a la juventud, en el caso de tus hijos si los llegas a tener, les tocará un mejor o un peor país?

—Aquí voy a hablar con la responsabilidad de estudiar Ciencias Políticas, creo que es impensable decir que van a tener un país perfecto o armonioso como uno lo soñaría. Trabajo todos los días de mi vida para que sea un país mejor que el de hoy, para que puedan ir a la universidad y dedicarse a ella y no sostener a su familia. Y esperaría que fuera mejor, pero tenemos una crisis estructural que considero que la próxima generación va a saborear de las maduras aun cuando nosotros estamos tratando de aprovechar las verdes. Ciertamente, no va a ser un país mejor pero si con algún grado de bienestar sembrado por todos los que hoy hacemos país.

En la escala del 1 al 10, de menos interés al máximo, ¿Qué tanto te interesa la política?

—Diez. Desde pequeña siempre he escuchado en la casa la discusión sobre lo público. Mi familia es de clase media baja y es una cantidad de personas: madres, abuelas, tías y obviamente mi figura paterna, pero todos con escasa formación académica que han hecho pa’ lante a fuerza de trabajo y sudor, pero que siempre estuvieron pendientes de lo que sucedía. Que me dejaban en casa de la vecina para ir a marchar cuando su convicción así lo mandaba.

Siempre estuvo como allí, entonces cuando me tocó elegir carrera dije que esto siempre me ha llamado la atención y vi el pensum y me gustó. Pero más allá del pensum académico lo importante es sentirte parte del lugar en el que estás viviendo, siempre saber que los problemas no son tuyos sino que son de todos nosotros cuando nos afectan a todos y que tenemos la necesidad y el deber de alzar la voz en torno a eso. Ese interés de lo que pasa en la esfera pública y de que no sea solo mi vida sino la de los demás siempre ha estado presente y eso para mí es un diez.

—¿Eso es a diario? ¿Siempre buscas la manera de informarte de lo que está pasando?

—Claro, claro, es fundamental.

—¿Cuánto tiempo le dedicas a la política a la semana?

—Es tan parte de mi rutina que no es algo que tenga cronometrado, sería como cronometrar cuánto tiempo uno hace arepas. Pero cuando me despierto lo primero que hago es revisar un grupo de noticias como de curetaje que tengo para ver qué estar pasando. Antes de dormir siempre lo hago y antes de algunas clases también es necesario hacerlo, porque estudio ciertas cosas, fenómenos que están pasando actualmente y que uno tiene que ponerles el ojo. En la mañana, como ciudadana y café lo hago como mi deber.

¿A qué es lo más más recurres: páginas web, newsletter, redes sociales?

—Tengo un grupo, varios grupos, en los que confluyen varias informaciones como boletines y el resto por Twitter que creo que es donde uno más se sienta a leer cositas. Pero por donde lleguen, cuando uno tiene el algoritmo curado para ver información allí está. Eso también es un arma de doble filo para la ciudadanía, tener que tener un curetaje para poder ver información veraz.

Derechos humanos, salud y educación

—¿Cuál crees que son ahorita los principales problemas del país?

-En principio creo que el mantener el Estado de derecho, trabajar por una ciudadanía que se sienta sin vulneración de derechos humanos creo que es lo primordial para mí. Siempre una prioridad en la jerarquía de un país, porque mientras haya dignidad, libertad y justicia para los ciudadanos allí habrá un país para construir, porque sin eso es imposible tener un país para empezar a caminar.

Sin embargo, el tema salud siempre ha sido lo que más nos toca porque todos tenemos un familiar que se enferma o fallece en manos de la salud pública y es un tema bastante sensible. Primero la dignidad, después la salud y la educación porque para mí el tener la oportunidad y el privilegio de ser estudiante de la UCV me ha forjado y lo valoro demasiado y me duele ver como, no solo la UCV, sino todas las universidades de Venezuela tienen un daño de infraestructura muy grande que se va a ver reflejado en la perspectiva que tengo al día de hoy. Porque sin estudiantes activos al día de hoy, con la fuga de cerebros, con la cantidad de crisis que podemos soportar hoy, mañana no lo vamos a poder soportar porque el país no tendrá oportunidades de desarrollo y en consecuencia no vamos a tener la capacidad de construir ese vida que valorar.

—¿Confías en el sistema electoral venezolano? ¿Cómo percibes las condiciones electorales?

—En los últimos dos años he tenido el privilegio también de conocer más a fondo esto desde una perspectiva académica y desde una perspectiva de estudio minucioso. Si me lo preguntan a mí, el sistema está construido de tal manera que funcione sin vicios, los viciados somos los humanos. Lo importante, más allá del sistema electoral, que creo está construido de forma bastante sólida, es que quienes estamos en la defensa del voto, allí vigilantes de que ese sistema cumpla con su misión somos los que realmente tenemos una responsabilidad porque no tenemos la posibilidad de incidir en las acciones de otros actores que probablemente no estén actuando con las reglas del juego.

Votará en las presidenciales

—¿Cuándo fue la última vez que votaste?

—Yo nunca he votado.

-¿Qué edad tienes?

—Tengo 23 años.

—¿Por qué no has votado?

—Sabemos que desde 2018 en adelante las instrucciones o más allá de ellas, la narrativa dada para que uno se desmotivara con el voto como herramienta de cambio. Sin embargo, creo que mi decisión siempre fue muy consciente. Siempre he sido retrechera, rebelde y decidí no hacerlo. El año pasado, 2023, fui una ardua acompañante del proceso de primarias, pero no participé porque ese día la cantidad de personas que uno tenía que apoyar para que pudieran ejercer su derecho, preferí que esas 40 o más personas que estaba ayudando ejercieran su derecho porque siempre hace falta alguien que motive, movilice e informe y podía ser esa persona me sentí en paz por el acompañamiento de ese día.

—¿Crees que esos resultados van a valer de cara a las elecciones presidenciales?

—El artificio jurídico que está en la palestra actual le desmerita el efecto jurídico al acto civil que experimentados el 22 de octubre de 2023. Sin embargo, soy creyente de la democracia y de los ciudadanos como los principales defensores de esa soberanía que tenemos por derecho. Nadie quita la legitimidad que te da esa participación a tu favor, nadie puede borrar de la mente de todos los venezolanos que eso sucedió y que esta persona tiene ese respaldo.

Si bien desde el punto de vista formal no tiene una repercusión, en términos de legitimidad es innegable. Uno siempre hace la distinción entre lo jurídico y lo político. En términos políticos no es desmeritable en ningún sentido.

Mantiene la esperanza

—Vamos a hablar de tu estado de ánimo frente a la situación del país. ¿Te sientes con esperanza o pesimista?

—Es un tema que siempre me cuesta porque soy una persona analítica calculadora y es porque tomo las cosas con rigurosidad científica y es más complicado decir lo que se siente. Mi vena de activista que va y sale y habla con la gente dice que vamos pa’ lante y que hay que hacer todo lo posible para construir el futuro que queremos vivir.  

Veo que hay muchas dificultades y que sortearlas es complicado. Para sortearlas necesitamos un liderazgo sólido, pero que esté acompañado y tenga un respaldo, que demuestre una verdadera coalición de voluntades para lograr el objetivo y allí es donde me pongo un poco pesimista. Si yo tuviera que hacer  hoy llamado sería que esa coalición de voluntades deje un lado al ego y camine hacia adelante por el objetivo que tenemos como ciudadanía. Mantengo la esperanza porque eso es lo último que se pierde, la promuevo y la motivo porque si nosotros no hacemos lo máximo que tenemos como ciudadanos que es ir y ejercer nuestro derecho al voto, defender el voto, no hay nada más que podamos lamentarnos…

—¿Vas a votar en las elecciones presidenciales?

-Sin dudarlo.

—¿Y qué le dirías a la gente para que vaya a votar?

—En mi activismo me he dado cuenta que hablar con tecnicismos no tiene ningún sentido. Es necesario que tú te des cuenta de cuánto tiempo pasas frente al televisor, el teléfono o haciendo otras cosas, son aproximadamente tres horas y la posibilidad de una vida como tú la sueñas. La posibilidad de decir ejercí mi derecho, cumplí con mi deber y no quedó en mis manos. Entonces votar es un acto de rebeldía contra tu flojera, contra ese desánimo que tú sientes. Son tan solo dos o tres horas de tu vida y es una apuesta por algo increíble. Sal y vota, no te cuesta nada.

—Me imagino que ya habrás pensado cuál sería tu candidato y ya sabes por quién votarías. ¿Qué emoción te transmite esa persona?

Bien. Me parece que es un liderazgo que se ha construido poco a poco, de forma coherente y que tiene el respaldo de muchas personas. Considero que quizá hay una carga de expectativas muy grande, que además en este momento se encuentra en una situación complicada de cara a si es elegible o no dentro del sistema electoral venezolano. Pero mi candidato siempre va a ser el que vaya en esa coalición de voluntades en torno a un cambio, si cambia el candidato yo voy a seguir apoyando a esa persona abanderada para seguir apoyando esa ruta electoral, esa ruta en la que hay verdadera unidad. Aunque la candidata actual, María Corina Machado, sortea distintas dificultades, tiene mi total respaldo y mi total apoyo. Si decide abanderar a alguien más también los tendrá.

—¿Qué atributos crees que tiene que tener el Presidente de la República?

—Una persona ecuánime, templada. Estamos en una situación difícil que amerita demasiadas certezas, pasos firmes porque va a ser complicado. La próxima persona que asuma el Ejecutivo va a tener frente a sí un reto demasiado grande en tratar de recomponer un tejido social, una estructura jurídica-institucional que está bastante desgastada, un reto económico que más afecta a las personas en su día a día. Creo que una persona ecuánime, templada y sin duda alguna conciliadora porque tenemos muchas heridas que sanar como nación, en ese sentido espiritual de reconocernos unos a otros en ese sentido de caminar en paz en torno a un beneficio colectivo. Es una respuesta poco convencional, pero entre la templanza, la certeza y la conciliación serían mis tres características principales.

Así Aisberth Rodríguez completó estas tres frases:

El matrimonio es una unión entre: dos personas que se aman.

La Fuerza Armada debe: resguardar los intereses de la Nación.

Si una mujer está embarazada le corresponde: seguridad en cuanto a su salud

Qué medidas tomaría como presidenta

—¿Cuáles son las tres primeras medidas que tú tomarías de ser presidenta de la República?

—Qué responsabilidad.

—¿Qué crees que es lo primero que resolverías con urgencia?

—El dolor. Liberación de presos políticos en primer lugar; en segundo lugar, un reajuste super extraordinario de la distribución presupuestaria, hay que reordenar nuestras prioridad. Aunque esto no sería un decreto presidencial, reconocer al otro. Que podamos mirarnos cara a cara con las otras personas y sanar poco a poco. Creo que eso es lo necesario e imprescindible para comenzar a construir el país que realmente merecemos.

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Autor(a)

Periodista venezolano. Escribo con la esperanza de mover conciencias que promuevan cambios. Activista social y defensor de derechos humanos.