Una encrucijada - Efecto Cocuyo

OPINIÓN · 27 MAYO, 2017 22:23

Una encrucijada

Ver más de

Miguel Ángel Latouche | @miglatouche

¿Cómo valoras esta información?

QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

Decía Aristóteles del hombre que es ‘un animal político’ porque vive en asociación con otros hombres y porque tiene capacidad para conversar. En realidad, el ámbito de lo político es el ámbito de la conversación. Nada hay de objetable en el intento de solucionar una situación problemática mediante un ejercicio intersubjetivo fundamentado en el diálogo. A veces se trata de la última frontera entre la búsqueda de una solución pacífica y la violencia. Debo decir que tengo preferencia por la primera. En general me parece mucho menos costosa. La conversación con los demás nos permite ubicarnos frente a ellos, escuchar sus razones, sopesarlas. El riesgo de la violencia tiene que ver, entre otras cosas, con la despersonalización del otro. La guerra solo es posible allí donde el otro es deshumanizado, donde se somete al contrario a un proceso que deforma, ante nuestro ojos, su identidad.

Desde allí al otro se le considera diferente, peligroso, distinto, amoral, delincuente, malvado, etc. Se sustituye la naturaleza humana del sujeto hasta que se le convierte en una criatura monstruosa que debe ser eliminada de la faz de la tierra. Lo hacemos de manera inconsciente, sin tener claridad en el hecho de que, cuando desdibujamos el rostro del otro, de alguna manera nos estamos desdibujando a nosotros mismos. Olvidamos que nuestra naturaleza es dual, que nos movemos entre el bien y el mal y de que es necesario encontrar los equilibrios correspondientes. Allí donde se despliega la violencia como ejercicio cotidiano deja de prevalecer la racionalidad. Empezamos a actuar desde nuestras emociones, nos hacemos incapaces de sopesar nuestras actuaciones y sus consecuencias, empezamos a dar respuesta a las dinámicas que enfrentamos desde nuestros sistemas orgánicos mas primitivos.

Dejar de hablar con aquel con quien tenemos una controversia que no puede ser evitada es un ejercicio de la sinrazón que implica nuestra capacidad para escuchar las ‘razones de los demás’, para entender que la gente tiene el derecho de pensar como lo hace, de manifestar su pensamiento libremente y de justificar sus puntos de vista aunque no estemos de acuerdo, no nos guste su posición ante un asunto determinado o creamos que está equivocado. Aún en este último caso, tenemos la necesidad de comprender que convencer al otro de su error pasa por establecer un espacio para la conversación y el intercambio de las ideas. A fin de cuentas, cuando nos toca convivir con el otro en el largo plazo no tenemos mas remedio que establecer algunos mecanismos que faciliten esa convivencia.

La verdad es que la confrontación permanente es simplemente agotadora. Ninguna sociedad puede resistir de manera coherente, sin enloquecerse en el camino, las dinámicas de la desconfianza, la inseguridad, la desolación, el odio que se posicionan alrededor de situaciones de conflicto más o menos permanente. En realidad se corre el riesgo de que la anarquía y la violencia se instalen y que se produzca una escalada en la cual la vida de todos corra peligro. Es interesante que para los griegos el ámbito de la ciudad fuese un espacio civilizado en el cual se hacía política, se conversaba, se construían acuerdos. Por el contrario, todo aquello que se encontraba fuera de los muros, en la agreste naturaleza, se constituía por antonomasia en un espacio para la confrontación, un ámbito lleno de peligros, en el cual la vida corría permanentemente en riesgo.

No me queda claro qué se supone que debe hacerse con aquella gente a la que no queremos pero con la cual nos toca interactuar. Es claro que uno quisiera no tener que ver a la gente que no quiere, a la que le cae mal; en general trabamos amistad con gente que se nos parece, que comparte con nosotros ciertos valores o creencias. Pero no siempre resulta que podemos escapar de la necesidad u obligación de establecer relaciones de diversos tipos con gente que es diferente a nosotros. Siempre tenemos la posibilidad de valorar la diferencia como algo positivo, incorporarlo a nuestra vida, validarlo. La alternativa es destruir aquello que se contradice con nuestros valores, que nos luce extraño o que nos parece que nos pone en peligro. Desde allí se han justificado asesinatos en masa, fusilamientos, el ataque en contra de Guernica o la Solución Final en contra del Pueblo Judío.

Uno esperaría que a estas alturas de la historia de la humanidad, y luego de haber visto tanto horror, fuésemos lo suficientemente coherentes como para entender que nos toca entendernos a pesar de nosotros mismos o enfrentarnos a la violencia. La violencia que producimos y la que seguramente vendrá de vuelta.

ESPECIALES · 12 MAYO, 2019

Madres coraje de Venezuela

Texto por Julett Pineda

ESPECIALES · 24 ENERO, 2019

Parir y nacer en la Venezuela del hambre

Texto por Efecto Cocuyo | @efectococuyo

ESPECIALES · 24 JULIO, 2017

Caracas 450

ESPECIALES · 24 ENERO, 2019

Misses y santos

Texto por Ana Griffin y Reynaldo Mozo Zambrano

OPINIÓN · 19 OCTUBRE, 2019 05:52

Aborto: Un debate necesario

La decisión de un aborto, si la pareja existe, no es solo asunto de la mujer

OPINIÓN · 19 OCTUBRE, 2019 05:16

Sin ciudadanía

Cualquier intención o necesidad de asegurar la búsqueda o el rescate de la gobernabilidad, entendida como el ámbito de gestión pública bajo el cual se hace posible afianzar un ejercicio eficiente, eficaz, integrado y ordenado de gobierno, es inminente desde todo punto de vista. Por tanto, el alcance de la gobernabilidad a niveles de reconocida […]

OPINIÓN · 18 OCTUBRE, 2019 05:38

¿Hacer justicia aunque perezca el mundo?

Para que logremos superar la autocracia que nos gobierna tenemos que tragarnos varias injusticias

OPINIÓN · 17 OCTUBRE, 2019 05:27

¿Sufren menos los niños?

Las manifestaciones del niño en duelo son más variadas que en el adulto y no siempre son directas