OPINIÓN · 27 SEPTIEMBRE, 2016 09:51

¿¡Dónde están las mujeres?! Diez recomendaciones para salir en la foto

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Susana Reina | @feminismoinc

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Sí. Así. Con signos de interrogación marcados y de admiración indignada. Tome usted una foto de una Junta, o reunión de comité directivo, o un panel de expertos, en un diario o en Google o en una revista especializada en gerencia o deportes o ciencias o tecnología o gobierno. Ahora cuente cuántas mujeres están sentadas o de pie en tan digna estampa. (no vale la que pone el café o lleva la minuta). A lo sumo 1 o 2. La mayoría de las veces: Ninguna.

Después de tantos años de trabajo por la equidad y la igualdad de género, aún estamos lejos de lograr representación paritaria en las instancias de decisión de la mayoría de los ámbitos importantes de la economía de nuestras ciudades y países a nivel mundial. Somos mayoría en las ONGs, sobre todo las de corte social, o en los voluntariados y en las brigadas de apoyo, pero no en donde se toman decisiones “duras”.

Ya en otro artículo defendía las cuotas de participación como una gran medida que nos ayudaría sin duda a entrar, porque dado que los hombres administran las concesiones, habrá que obligarlos a abrir el espacio, por muy injusto que le suene a algunas. Sí, es una discriminación, pero positiva por los resultados que puede arrojar.

Pero más allá de esas medidas hay algunos elementos que nosotras como mujeres debemos tomar en cuenta para lograr la meta de llegar a los espacios verdaderamente importantes. Soy Directora Principal de un Grupo asegurador latinoamericano. Fui la primera Vicepresidenta y la única en estar presente en su mesa de Dirección por muchos años, hasta que otras llegaron a hacerme compañía. Aprendí de esa experiencia con el alma, llegué y sigo allí. ¿Qué hice para lograrlo?

  1. Ambicioné. Aspiré. Levanté la mano y dije: ¡Yo soy! Suena agresivo y pedante, sobre todo cuando hemos sido criadas bajo el concepto de que pedir es una característica masculina (…a Usted le piden matrimonio…espere que la saquen a bailar…no sea fresca…). Pedir es una competencia conversacional que es preciso entrenar, así como la creencia de que está bien hacerlo y hacerlo en grande.
  2. Me busqué un mentor. Pero más que un aconsejador o guía, un sponsor. O sea, alguien que me abriera las puertas, que tuviera poder para patrocinarme, promocionarme y destacarme y hablar bien por mí y recomendarme. No uno, busqué como tres. Y les pedí: yo quiero estar ahí. Ayúdame. Yo puedo hacer eso mejor. Otra vez la ambición y otra vez dar el paso.
  3. Trabajé con frenesí, como hacemos con frecuencia las mujeres. Buscando resultados y logros concretos que mostrar. Acciones matan juicios. Tus obras hablan por ti. Claro, tienes que hacerles marketing, pero es más fácil si tienes hechos que te respalden.  Está demostrado que a los hombres los contratan por su potencial, a nosotras por lo que hayamos logrado… Es injusto pero es lo que hay. Así que trabaja. Ojo, pero no es hacer cualquier cosa, sino hacer lo que tenga alto impacto para la Empresa. Ve las cifras, habla con los que están en el Comité. Pregúntale al jefe mayor qué es lo que más se necesita en ese momento. Y contribuye con creatividad a lograr el resultado deseado desde tu ámbito de actuación. Y después reclama tus méritos. ¡Fírmalos! Sobre todo si tienes jefes, algunos acostumbrados a tomar crédito por lo que sus subordinadas hacen. Yo sé que tú me entiendes.
  4. Todos mis jefes anteriores fueron hombres. Los observé en acción muchas veces. Me modelaron un estilo que me ayudó a ver cómo se hacen las cosas en la vida real. Soy ávida lectora de libros gerenciales, magister en empresas, y veía una brecha entre el deber ser y el “aquí es así”. Me dejé de teorías, pero sin olvidarlas, con mucho sentido práctico, para tomar las decisiones y hacer las intervenciones que el directorio pudiera aprobar. Aprendí de mis jefes además que ellos no lo saben pero son feministas. Trabajan mejor con nosotras y están dispuestos a abrirnos las puertas. Lo que pasa es que su condicionamiento cultural los limita. Nosotras podemos y debemos ayudarlos a ayudarnos.
  5. Me metí en los temas políticos. Los técnicos están bien, pero en esas instancias no se habla de procesos operativos ni de manuales procedimentales. En esos espacios se habla de política, estrategia, escenarios, competencia. ¿Cómo aprender eso? Leyendo mucho, sobre todo prensa y programas de radio y tv. Hablando con líderes de tu sector. Preguntando. Haciendo cursos de planificación estratégica. Asistiendo a foros y jornadas económicas, políticas y sociales. Viendo películas de suspenso y detectivescas… Te ayuda a tener la malicia que se requiere para entender ciertas cosas.
  6. Dejé la ingenuidad a un lado. La historia del trabajo en equipo y la armonía grupal sirve con tu gente y en otros espacios donde tú tengas el control y el liderazgo pleno. Pero en estos del consejo directivo, el juego es otro. Aquí te mueves en el espacio de lo simbólico, las cosas no son lo que son sino lo que significan, no es lo que se dijo sino lo que se quiso decir, escucha el mensaje pero también al mensajero, por qué esto se dice ahora y no antes, lo que no se dijo, ¿te diste cuenta de lo que no se dijo? Por eso hay que aprender a leer entre líneas, saber quién es quién (todo lo dicho está dicho por alguien y ese alguien tiene una historia), no tomar las cosas al pie de la letra, olfatear, confiar en la intuición, y por sobre todas las cosas, no perder un segundo de atención a lo que acontece…
  7. Aprendí a tragarme las lágrimas. No porque crea que son malas o que las mujeres debemos renunciar a esa conquista emocional. Es que entendí que los hombres no saben qué hacer con nuestras demostraciones de afecto, se asustan y nos rechazan por eso. O sea, intenté hacerles fácil la posibilidad de que me aceptaran sin sobresaltos.
  8. Me entrené como coach, para entenderme y conocerme mejor y hacer uso de mis fortalezas en mis objetivos de crecimiento. Sobre todo para aprender a conversar eficientemente. El mundo empresarial es el mundo de los hechos. Y diferenciarlo de los juicios es una gran destreza que debemos aprender. No abundar en información, ir al grano, hablar tipo tweet y estructurar un discurso con sentido persuasivo. El cómo más que el qué. Eso sí, siempre hablar. Siempre expresar. Siempre dejar claro lo que piensas. Proponer, preguntar, existir.
  9. Construí  un buen back up para poder avanzar, me refiero al tema casa, marido, hijos, etc. Tratando de dirimir mi sentimiento de culpa de forma que no me hiciera dudar de la decisión tomada. Aplicando dosis altas de malabarismo mezcladas con un noleparesquetevasavolverloca muy sano que me ayudó a seguir adelante. Años después leí un estudio que compara hijos de madres trabajadoras con hijos de madres amas de casa, que concluyó en que no hay diferencias significativas en cuanto a su salud mental y progreso en la vida. ¡Yey!
  10. Por sobre todas las cosas, no olvidé mi condición de mujer. No me endurecí tipo Thatcher, no sufrí del síndrome de la “abeja reina” negando el paso de otras mujeres, antes bien, diseñé una estrategia para que muchas más entraran al Olimpo. Hoy somos 8 mujeres de 20 en el Comité Ejecutivo. En 10 años hemos aumentado y seguiremos porque en la base gerencial, próximos a subir el escaño por promoción la relación mujer–hombre es 70-30.

Como verás, hay aquí un conjunto de acciones que te sirven para llegar, digamos que son las transitorias; otras te sirven para mantenerte. Lo importante es no perder de vista lo que verdaderamente crees y defenderlo, pero usar con mucho sentido pragmático lo que te sirve para ascender. ¿Maquiavelo? ¿Por qué no? ¡Esta es una guerra!

El camino no es sencillo. Pero es posible. Tenemos que ser muchas más. Para que las que lleguemos decidamos con visión de género las políticas que van a ayudar a las otras compañeras. Es la labor de la hermana mayor. Así, en unos 10 años más, veremos muchas más mujeres en la foto y estas que mostramos aquí, estarán de color sepia por lo anticuadas.

Si eres mujer de Directorio, cuéntanos, qué estrategias formulaste para llegar allí.

Autora: Susana Reina

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial. Directora Fundadora de FeminismoINC. Venezolana.
Feminista

 

 

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