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LA HUMANIDAD · 23 NOVIEMBRE, 2019 09:40

Usuarios del transporte público en Caracas se cansan de esperar el bus

Texto por Isabella Reimí │@isabellareimi Fotos por Iván Reyes

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Isabella Reimí │@isabellareimi

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A las 5:00 pm las paradas de autobuses de Plaza Venezuela están llenas de usuarios. Colas de una hora de espera, es el plazo mínimo, que les toma a los trabajadores subirse en una unidad de regreso a casa.

Ramón Rosales tiene 65 años y espera de pie apoyado a su bastón después de una larga jornada laboral. De vez en cuando toma el autobús de la línea Carmelitas, en la calle Los Hoteles, para poder llegar más rápido a su casa en Catia, sobre todo cuando el metro está “muy colapsado”.

Sin embargo, el señor Ramón confiesa que no podría costear el pasaje de regreso todos los días con su salario. El ingreso mínimo de los trabajadores públicos es 300 mil bolívares mensuales, si se la suma el bono de alimentación; pero un solo pasaje de su autobús cuesta 1.500 bolívares.

“Las cosas en la calle están duras y lamentablemente tenemos que reconocer que hay problemas a nivel nacional”, dijo y aseguró que ahora se ven menos carros.

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Cada vez menos autobuses

De acuerdo con la organización Transportes Unidos de Venezuela, el 80% de las unidades de transporte público en el país están paralizadas por falta de repuestos. A esta cifra se le suma un autobús más, que se accidentó justo en el momento en que se iba a montar en Plaza Venezuela Ariyuri Suescun, una oficinista de mediana edad.

“Los únicos autobuses que trabajan son los Mercedes Benz viejos que son los mismos de cuando era niña y  siguen trabajando”, mencionó.

Cuando empezó a trabajar, a los 15 años, los autobuses que iban hacia la Avenida Andrés Bello trabajaban las 24 horas. Si bien hoy hay menos autobuses, Suescun prefiere irse en autobús que en el metro de Caracas y gastar 15 mil bolívares semanales de ida y vuelta.

“Antes el metro era la primera alternativa, ahora es la última. El metro va full a esta hora, con el calor y el subir y bajar de escaleras mecánicas –fuera de funcionamiento- es muy cansón”, resumió.

Pero el autobús también va lleno. Luz Marina Pérez, de la misma ruta, dice que afortunadamente la cola ahora se hace más organizada “porque somos más conscientes”. Antes todos se intentaban montar a la vez, “cada quien como podía”.

30% del salario en transporte

Emilio Vásquez vive en Carrizales en Los Teques y su pasaje cuesta 4 mil bolívares, “y algunas veces 10 mil cuando vienen los piratas”, que son los autobuses que suben a la capital mirandina cuando se accidentan los de la línea correspondiente.  Pagando 8 mil bolívares a diario, y a veces más, se le va el 30% de su salario como supervisor de construcción en Las Mercedes.

Transportes Unidos de Venezuela anunció, el pasado 14 de noviembre, que el pasaje subiría a 10 centavos de dólar, que hoy en día equivale a casi 3 mil quinientos bolívares, por lo cual la realidad de Emilio Vásquez se convertirá en la de muchos.

Ha tomado el transporte público desde hace un año cuando se le dañó su carro. “Está parado por un repuesto que no podemos comprar”, lamentó.

También contó que el transporte ha empeorado desde que empezó a tomarlo. Antes se tardaba menos tiempo en llegar a su casa, ahora con menos unidades disponibles espera 40 minutos por el autobús en Plaza Venezuela y otros 40 minutos más de traslado a su casa. Si sale a las 5:00 de su trabajo llega a las 7:00 pm, cuando menos, a descansar para levantarse al día siguiente temprano y volver a la jornada.

“Ninguna otra opción”

Desde Chacaíto el pasaje hacia el municipio Baruta cuesta entre 1.500 y 2.500 bolívares. “Una persona que gana salario mínimo no los puede pagar”, sostuvo Adriana Fernández, quien toma el autobús a La Trinidad desde que su hija vendió su carro para irse del país.

“Pero no hay ninguna otra opción”. Las regiones del estado Miranda apartadas de la capital son las más afectadas en cuanto al transporte público, puesto que no tienen estaciones de metro y “el Transmiranda no sirve para nada”, reclamó otro usuario.

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Parada de autobuses en Chacaíto

La mayor queja de Adriana Fernández es que los pocos autobuses esperan a llenar sus unidades “hasta el tope” para poder arrancar, lo cual retrasa el tiempo de espera y deteriora las unidades.