Casas de tareas dirigidas: una alternativa para mitigar el rezago escolar, afirma ONG

LA HUMANIDAD · 5 DICIEMBRE, 2021 14:55

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Reymar Reyes Moncayo | @MoncayoReymar


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La ONG Un Estado de Derecho (UED) puso la lupa sobre las casas de tareas dirigidas que funcionan en Petare, en donde estiman que existan más de 100 de estos locales, con el fin de observar su potencial como alternativa educativa para atacar el rezago escolar en Venezuela.

Para la organización, estas casas -más allá de asistir en la realización de las actividades escolares- trabajan en las áreas que los niños no han logrado aprender en el sistema educativo formal: leer, escribir, sumar, restar y otras competencias que se desarrollan en los primeros años de estudio, pero que no están siendo alcanzadas debido a la falta de profesores, la escasez de recursos en las escuelas, la calidad del pensum y otros elementos de la crisis del sistema educativo.

Y aunque las tareas dirigidas no son nuevas en el país, ya que las maestras reforzadoras existían desde mucho antes de la crisis en Venezuela, estos centros pedagógicos, como también puede llamarse, cobraron especial relevancia desde que las escuelas cerraron sus instalaciones y modificaron sus cronogramas de asistencia debido a la pandemia de COVID-19.

El refuerzo doméstico

“El tiempo que yo dedico a mis niños en las escuelas es muy corto. Los veo dos veces por semanas y son 15, pero en las tareas dirigidas puedo estar más momentos con cada uno: los veo cuatro días a la semana y la población es más pequeña”, explica Ana Milena Muñoz, docente de 4to grado en una institución formal y también da clases de tareas dirigidas en su casa, en el Barrio Unión de Petare.

Ana Milena fundó la casa de tareas dirigidas «Doña Nena», en honor a su madre, en marzo de 2020, luego de que decretaran la cuarentena en Venezuela. En ese momento atendía a cuatro niños, pero ahora atiende a 15 estudiantes de su comunidad, quienes asisten a su casa, luego se ser evaluados para conocer cuáles son necesidades.

“Me he conseguido con niños de 3er grado que no suman, que no restan, que no leen, ni siquiera silábicamente, y otros de 5to y 6to grado que no saben tomar dictado o no tienen destrezas para multiplicar. Ellos deben dominar las multiplicaciones por dos y tres cifras, las operaciones básicas con números decimales, las fracciones y mucho más”, cuenta Ana Milena.

En esas horas de tareas dirigidas se empeña para los alumnos de primaria, efectivamente, aprendan a leer, escribir, que tengan buena ortografía y que dominen las operaciones básicas de matemáticas (sumar, restar, multiplicar y dividir). En cuanto a los estudiantes de bachillerato, «las actividades son más amplias» y al principio, si es necesario, se suele reforzar, diariamente, las operaciones de multiplicación, división, lectura en voz alta, dictados».

Según su criterio, la evolución de aprendizaje en estos espacios domésticos es más notoria. Además, según el testimonio de Fany Liendres, otra profesora de primera que también dicta tareas dirigidas en Petare, los estudiantes están desatendidos en las aulas y poco a poco han perdido el hábito de permanecer sentados, de asumir responsabilidades, de prestar atención durante varias horas.

“Nosotros tratamos de inculcar en los niños la curiosidad, la imaginación, la creatividad. Estamos enseñando para la vida”, sostiene Ana Milena.

Así se promocionan las casas de tareas dirigidas en Petare. Foto Cortesía: Un Estado de Derecho.

Frente a esto, los investigadores de Un Estado de Derechos (UED), apuntan a que se estas iniciativas pudieran convertirse en micro-escuelas de bajo costo para beneficiar a las familias de escasos recursos, a quienes la escolarización dejó de garantizarles educación de calidad, y los a los docentes de zonas populares que podrían igualmente sumarse y generar ingresos con las clases particulares.

“No son exactamente maestras que dan tareas dirigidas o un reforzamiento puntual al aprendizaje formal, sino docentes emprendedoras que han creado sus microescuelas o centros de desarrollo pedagógico, como les gusta ser conocidos. Así atienden y educan, a los niños de la zona”, explicó Antonio Canova, director de esta ONG.

Según Canova, este es “un fenómeno educativo que está surgiendo, que ha brotado, que apareció sin planificación, es un proceso espontáneo”, en donde los más pobres se están educando a sí mismos. “Y no es que estén solo resolviendo para entretener a los niños este tiempo sin escuelas formales, es que están aplicando soluciones naturales, efectivas, deseadas por todos los involucrados”, para contrarrestar el impacto de la baja calidad educativa en la red pública.

Antecedentes

La idea de observar este fenómeno está inspirada en el trabajo de James Tooley, profesor de emprendimiento educativo y de política educativa en la Universidad de Buckingham de Inglaterra, quien a principios del siglo XXI identificó que frente a la baja calidad educativa en países de Asia y África, y el alto costo de las escuelas privadas certificadas, las familias más pobres recurrían a escuelas locales privadas de bajo costo, las cuales eran atendidas por sus propietarios en casa sencillas, en lugar de ir a las escuelas estatales.

Allí, según pudo conocer Tooley, les ofrecían más efectividad que las escuelas públicas, siendo casi tan económicamente accesibles como las tradicionales y convirtiéndose en un fenómeno ampliamente extendido. Como dato curioso, Tooley destacada que este fenómeno era tan extendido que hasta Malala Yousafzai, una activista pakistaní que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2014, asistía a este tipo de escuelas.

Siguiendo los pasos de Tooley, UED calcula que en Petare pudieran existir, por lo menos, 100 casas de tareas dirigidas y confirma que muchos padres y representantes hacen el esfuerzo de pagar unos cuantos dólares mensuales por un cupo en estas micro-escuelas, con la intención que sus hijos progresen en su proyecto educativo. Por ejemplo, en «Doña Nena», la casa de tareas dirigidas fundada por Ana Milena Muñoz, el cupo cuesta $3 a la semana.

Además, según Canova, se ha podido identificar que uno de los factores de éxitos de estos emprendimientos pedagógicos es que la atención que reciben los niños y adolescentes es personalizada y bajo una modalidad de “mentorías” que se enfoca en las necesidades de aprendizaje de cada uno, a diferencia de lo que ocurre en los grandes centros de educación formal en donde la mayoría cursa sus primeros años de escolaridad, bajo el resguardo de la promoción automática, sin haber alcanzado los objetivos planteados en cada etapa.

Las maestras se proponen que los niños aprendan a leer y escribir. Foto Cortesía: Un Estado de Derecho.

Además, en estas casas de tareas dirigidas no se utilizan uniformes, se organizan de una forma menos estricta que las escuelas y se encuentran ubicadas en la propia comunidad, los alumnos tienen un trato más cercano con los facilitadores y se reúnen niños de diferentes edades, lo cual, a juicio de Canova, son factores que hacen que sean más felices.

Sin embargo, UED, con la ayuda de un grupo de 12 profesoras, identificó cuatro necesidades en el funcionamiento de estos centros pedagógicos:

  1. Falta de recursos económicos para adquirir herramientas de estudio, como instalar conectividad a internet en los centros de aprendizajes.
  2. Necesidad de una mejor formación docente y actualización, en especial en nuevas tecnologías.
  3. Construir una comunidad o red de contactos en general.
  4. Reforzar el papel de la familia en la educación de sus hijos.
Foto Cortesía: Un Estado de Derecho.

Sin embargo, Ana Milena Muñoz afirma que las maestras de Petare, con las que se ha podido reunión en proyectos como Descargando Futuro y la investigación de UED, no quieren que sus casas de tareas dirigidas sean llamadas como «escuelas privadas», por miedo a excluir a los menos favorecidos. «Como profesoras que vivimos en las barriadas no podemos hablar de la privatización porque hay representantes que no pueden cancelar y eso sería excluir a los niños. Yo tengo 15 estudiantes, pero no todos pagan. A mi me interesa que ese niño avance. No quiero que ese niño deserte de la educación y somos muchos las que hacemos eso”, afirma.

Libertad Educativa

La UED sabe que esto es algo micro, pero que igual en Petare se repite en otras comunidades populares, y afirman que existe la necesidad de cuestionar el papel del Estado como garante de la educación y la urgencia de debatir sobre la posibilidad de que Venezuela camine hacia la “libertad educativa”.

Antonio Canova, abogado y profesor universitario, explica que la idea fundamental de la libertad educativa está basada en que sean los padres quienes elijan la opción más atractiva para la realización del proyecto pedagógico de sus hijos, entre varias alternativas al modelo educativo tradicional que ofrece el Estado.

“Si hablamos de libertad educativa, eso es lo que estamos haciendo nosotras. Atendemos a los niños de acuerdo a sus necesidades y a lo que ellos quieren hacer. Yo tengo niños que dibujan hermoso y a través de eso yo les enseño las letras. Dejo que ellos exploren, participen, colaboren y de esta forma ellos también aprenden”, señala Ana MIlena, quien ha trabajado en UED como parte de la investigación.

Además, según Canova, la libertad educativa favorece el crecimiento de los emprendimientos de este tipo, fomentando las ofertas competitivas, que pueden estar reconocidas y certificadas por el Estado como garante de los derechos humanos, tal y como se ha ejecutado en países de primer mundo.

LA HUMANIDAD · 3 OCTUBRE, 2022

Casas de tareas dirigidas: una alternativa para mitigar el rezago escolar, afirma ONG

Texto por Reymar Reyes Moncayo | @MoncayoReymar

La ONG Un Estado de Derecho (UED) puso la lupa sobre las casas de tareas dirigidas que funcionan en Petare, en donde estiman que existan más de 100 de estos locales, con el fin de observar su potencial como alternativa educativa para atacar el rezago escolar en Venezuela.

Para la organización, estas casas -más allá de asistir en la realización de las actividades escolares- trabajan en las áreas que los niños no han logrado aprender en el sistema educativo formal: leer, escribir, sumar, restar y otras competencias que se desarrollan en los primeros años de estudio, pero que no están siendo alcanzadas debido a la falta de profesores, la escasez de recursos en las escuelas, la calidad del pensum y otros elementos de la crisis del sistema educativo.

Y aunque las tareas dirigidas no son nuevas en el país, ya que las maestras reforzadoras existían desde mucho antes de la crisis en Venezuela, estos centros pedagógicos, como también puede llamarse, cobraron especial relevancia desde que las escuelas cerraron sus instalaciones y modificaron sus cronogramas de asistencia debido a la pandemia de COVID-19.

El refuerzo doméstico

“El tiempo que yo dedico a mis niños en las escuelas es muy corto. Los veo dos veces por semanas y son 15, pero en las tareas dirigidas puedo estar más momentos con cada uno: los veo cuatro días a la semana y la población es más pequeña”, explica Ana Milena Muñoz, docente de 4to grado en una institución formal y también da clases de tareas dirigidas en su casa, en el Barrio Unión de Petare.

Ana Milena fundó la casa de tareas dirigidas «Doña Nena», en honor a su madre, en marzo de 2020, luego de que decretaran la cuarentena en Venezuela. En ese momento atendía a cuatro niños, pero ahora atiende a 15 estudiantes de su comunidad, quienes asisten a su casa, luego se ser evaluados para conocer cuáles son necesidades.

“Me he conseguido con niños de 3er grado que no suman, que no restan, que no leen, ni siquiera silábicamente, y otros de 5to y 6to grado que no saben tomar dictado o no tienen destrezas para multiplicar. Ellos deben dominar las multiplicaciones por dos y tres cifras, las operaciones básicas con números decimales, las fracciones y mucho más”, cuenta Ana Milena.

En esas horas de tareas dirigidas se empeña para los alumnos de primaria, efectivamente, aprendan a leer, escribir, que tengan buena ortografía y que dominen las operaciones básicas de matemáticas (sumar, restar, multiplicar y dividir). En cuanto a los estudiantes de bachillerato, «las actividades son más amplias» y al principio, si es necesario, se suele reforzar, diariamente, las operaciones de multiplicación, división, lectura en voz alta, dictados».

Según su criterio, la evolución de aprendizaje en estos espacios domésticos es más notoria. Además, según el testimonio de Fany Liendres, otra profesora de primera que también dicta tareas dirigidas en Petare, los estudiantes están desatendidos en las aulas y poco a poco han perdido el hábito de permanecer sentados, de asumir responsabilidades, de prestar atención durante varias horas.

“Nosotros tratamos de inculcar en los niños la curiosidad, la imaginación, la creatividad. Estamos enseñando para la vida”, sostiene Ana Milena.

Así se promocionan las casas de tareas dirigidas en Petare. Foto Cortesía: Un Estado de Derecho.

Frente a esto, los investigadores de Un Estado de Derechos (UED), apuntan a que se estas iniciativas pudieran convertirse en micro-escuelas de bajo costo para beneficiar a las familias de escasos recursos, a quienes la escolarización dejó de garantizarles educación de calidad, y los a los docentes de zonas populares que podrían igualmente sumarse y generar ingresos con las clases particulares.

“No son exactamente maestras que dan tareas dirigidas o un reforzamiento puntual al aprendizaje formal, sino docentes emprendedoras que han creado sus microescuelas o centros de desarrollo pedagógico, como les gusta ser conocidos. Así atienden y educan, a los niños de la zona”, explicó Antonio Canova, director de esta ONG.

Según Canova, este es “un fenómeno educativo que está surgiendo, que ha brotado, que apareció sin planificación, es un proceso espontáneo”, en donde los más pobres se están educando a sí mismos. “Y no es que estén solo resolviendo para entretener a los niños este tiempo sin escuelas formales, es que están aplicando soluciones naturales, efectivas, deseadas por todos los involucrados”, para contrarrestar el impacto de la baja calidad educativa en la red pública.

Antecedentes

La idea de observar este fenómeno está inspirada en el trabajo de James Tooley, profesor de emprendimiento educativo y de política educativa en la Universidad de Buckingham de Inglaterra, quien a principios del siglo XXI identificó que frente a la baja calidad educativa en países de Asia y África, y el alto costo de las escuelas privadas certificadas, las familias más pobres recurrían a escuelas locales privadas de bajo costo, las cuales eran atendidas por sus propietarios en casa sencillas, en lugar de ir a las escuelas estatales.

Allí, según pudo conocer Tooley, les ofrecían más efectividad que las escuelas públicas, siendo casi tan económicamente accesibles como las tradicionales y convirtiéndose en un fenómeno ampliamente extendido. Como dato curioso, Tooley destacada que este fenómeno era tan extendido que hasta Malala Yousafzai, una activista pakistaní que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2014, asistía a este tipo de escuelas.

Siguiendo los pasos de Tooley, UED calcula que en Petare pudieran existir, por lo menos, 100 casas de tareas dirigidas y confirma que muchos padres y representantes hacen el esfuerzo de pagar unos cuantos dólares mensuales por un cupo en estas micro-escuelas, con la intención que sus hijos progresen en su proyecto educativo. Por ejemplo, en «Doña Nena», la casa de tareas dirigidas fundada por Ana Milena Muñoz, el cupo cuesta $3 a la semana.

Además, según Canova, se ha podido identificar que uno de los factores de éxitos de estos emprendimientos pedagógicos es que la atención que reciben los niños y adolescentes es personalizada y bajo una modalidad de “mentorías” que se enfoca en las necesidades de aprendizaje de cada uno, a diferencia de lo que ocurre en los grandes centros de educación formal en donde la mayoría cursa sus primeros años de escolaridad, bajo el resguardo de la promoción automática, sin haber alcanzado los objetivos planteados en cada etapa.

Las maestras se proponen que los niños aprendan a leer y escribir. Foto Cortesía: Un Estado de Derecho.

Además, en estas casas de tareas dirigidas no se utilizan uniformes, se organizan de una forma menos estricta que las escuelas y se encuentran ubicadas en la propia comunidad, los alumnos tienen un trato más cercano con los facilitadores y se reúnen niños de diferentes edades, lo cual, a juicio de Canova, son factores que hacen que sean más felices.

Sin embargo, UED, con la ayuda de un grupo de 12 profesoras, identificó cuatro necesidades en el funcionamiento de estos centros pedagógicos:

  1. Falta de recursos económicos para adquirir herramientas de estudio, como instalar conectividad a internet en los centros de aprendizajes.
  2. Necesidad de una mejor formación docente y actualización, en especial en nuevas tecnologías.
  3. Construir una comunidad o red de contactos en general.
  4. Reforzar el papel de la familia en la educación de sus hijos.
Foto Cortesía: Un Estado de Derecho.

Sin embargo, Ana Milena Muñoz afirma que las maestras de Petare, con las que se ha podido reunión en proyectos como Descargando Futuro y la investigación de UED, no quieren que sus casas de tareas dirigidas sean llamadas como «escuelas privadas», por miedo a excluir a los menos favorecidos. «Como profesoras que vivimos en las barriadas no podemos hablar de la privatización porque hay representantes que no pueden cancelar y eso sería excluir a los niños. Yo tengo 15 estudiantes, pero no todos pagan. A mi me interesa que ese niño avance. No quiero que ese niño deserte de la educación y somos muchos las que hacemos eso”, afirma.

Libertad Educativa

La UED sabe que esto es algo micro, pero que igual en Petare se repite en otras comunidades populares, y afirman que existe la necesidad de cuestionar el papel del Estado como garante de la educación y la urgencia de debatir sobre la posibilidad de que Venezuela camine hacia la “libertad educativa”.

Antonio Canova, abogado y profesor universitario, explica que la idea fundamental de la libertad educativa está basada en que sean los padres quienes elijan la opción más atractiva para la realización del proyecto pedagógico de sus hijos, entre varias alternativas al modelo educativo tradicional que ofrece el Estado.

“Si hablamos de libertad educativa, eso es lo que estamos haciendo nosotras. Atendemos a los niños de acuerdo a sus necesidades y a lo que ellos quieren hacer. Yo tengo niños que dibujan hermoso y a través de eso yo les enseño las letras. Dejo que ellos exploren, participen, colaboren y de esta forma ellos también aprenden”, señala Ana MIlena, quien ha trabajado en UED como parte de la investigación.

Además, según Canova, la libertad educativa favorece el crecimiento de los emprendimientos de este tipo, fomentando las ofertas competitivas, que pueden estar reconocidas y certificadas por el Estado como garante de los derechos humanos, tal y como se ha ejecutado en países de primer mundo.

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