“Si el coronavirus llega a los calabozos policiales sería terrible”, alerta Carlos Nieto Palma - Efecto Cocuyo

CORONAVIRUS · 27 MARZO, 2020 09:30

“Si el coronavirus llega a los calabozos policiales sería terrible”, alerta Carlos Nieto Palma

Texto por Reynaldo Mozo Zambrano | @reymozo Fotos por Iván Reyes

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El hacinamiento en los calabozos policiales más la llegada del coronavirus a Venezuela enciende las alertas sobre el riesgo de contagio que corren los reclusos, que suman 65 mil en todo el país, como advierte la ONG Una Ventana a la Libertad (UVL).

Carlos Nieto Palma, director de la ONG Una Ventana a la Libertad (UVL), explica que hay 500 calabozos policiales, y de estos monitorea 238 centros de detención preventiva donde hay 19.091 reclusos y tienen 205% de hacinamiento general. “Si el coronavirus llega a los calabozos policiales sería verdaderamente terrible”, alerta.

“El hacinamiento en los calabozos es grave. Esta cifra (205%) es una cifra general, pero hay calabozos donde el hacinamiento puede superar el 500% o 1.000%. La sede la Policía Nacional Bolivariana en Boleíta tiene capacidad para 250 reclusos y allí hay más de 1.000 reclusos detenidos”, dijo Nieto Palma.

Estos centros de detención no cuentan con una infraestructura para atender a los miles de presos que alberga y los familiares de los reos son quienes les llevan agua, comida y medicinas.

Entre las primeras medidas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evitar la propagación de la COVID-19 están el lavado de manos y el distanciamiento social, pero en los calabozos policiales estas medidas esenciales no se cumplen porque no tienen agua y están sobrepoblados.

En sus informes, UVL ha denunciado que los centros de detención preventiva los presos están uno encima de otro y en muchos se turnan para poder dormir. Ante el hacinamiento en los calabozos policiales los reos crearon los llamados “aéreos” que son sabanas que cuelgan de los techos y funcionan como hamacas para poder descansar.

“Uno de los requisitos que es el distanciamiento, en los calabozos no lo pueden hacer porque están montados en uno sobre otro. En la gran mayoría de los calabozos no hay agua, tampoco la segunda medida de lavarse las manos frecuentemente se puede cumplir porque escasamente tienen agua para tomar y la mayoría de las veces se las llevan los familiares”, expuso Nieto Palma.

Tras la suspensión de visitas en los calabozos para evitar la propagación de la COVID-19, UVL indicó que en alguno de los centros de detención policiales se permite el ingreso de comida y medicinas y en otros no. La mayoría de los calabozos policiales no tienen comedores, de los 238 calabozos que monitorea UVL solo en dos les dan comida a los presos una vez al día.

“Es muy grave que no lo permitan (ingreso de comida y medicinas) porque si no comen ya la cosa se va a complicar, porque la desnutrición es muy grande”, añadió.

Aunque no se ha registrado algún caso de coronavirus en la población reclusa del país, en los centros de detención preventiva ya hay enfermos con otras patologías igual de peligrosas y contagiosas. En estos calabozos policiales UVL señala que hay 1.103 reclusos enfermos: 224 con tuberculosis, 96 con enfermedades respiratorias, 289 con desnutrición y 494 padecen de otras enfermedades.

Familiares y presos viven un calvario

Un año y seis meses tiene detenido Alejandro Pérez, de 26 años de edad, en el calabozo policial más hacinado de la ciudad de Caracas: la sede de la Policía Nacional Bolivariana ubicada en Boleíta, al este del valle caraqueño. Allí hay más de 1.000 detenidos, este centro de detención preventiva fue construido para alojar a 250 reclusos.

Yeleime Calipa, madre de Pérez, le lleva todos los días la comida a su hijo, preso por “robo impropio”. Desde hace tres días no lo hace, porque no se puede movilizar por falta de gasolina; además, cuenta, que desdeque confirmaron los casos de coronavirus en el país las visitas las suspendieron.

“Mi hijo tiene un problema en los riñones, tengo días que no lo veo y no sé cómo la están pasando, supuestamente les llevaron agua. Nosotros le llevamos comida pero no estamos seguros de sí le llega”.

En la celda donde está Pérez hay al menos 70 personas, el lugar tiene capacidad para menos de 15 reclusos, y junto a él hay presos con tuberculosis, según denuncia Calipa. “Yo no sé qué ha comido mi hijo en los últimos tres días, yo no sé si mi hijo adelgazó más”.

En la última conversación que Pérez tuvo con su madre le pidió agua y comida. La mujer tiene miedo de que la pandemia llegue a este centro de detención. “Nadie sabe si los custodios tienen contacto con algún infectado en la calle”.

Bachir Martí tiene ocho meses detenido en un calabozo policial de la Policía del estado Miranda de Los Teques. Está recluido por el robo de un jabón y desde esa fecha se ha postergado su audiencia preliminar.

En el calabozo donde está Martí conviven al menos 50 reclusos, tras conocerse los primeros casos de coronavirus, un funcionario policial les pidió a los familiares de los detenidos llevar cloro, desinfectante y tapabocas. “Allí hay mucha gente que no es de Los Teques y no tiene cómo comer, si no tienen para comer menos para comprar eso que pide el señor”, contó Oli Martí, madre del detenido.

Cuando Oli no puede enviar comida a su hijo, el joven se queda sin comer, porque este calabozo es uno de los 236 donde no hay servicio de comida. “Allí hay gente muriéndose de hambre, mi hijo me escribe cartas y me dice que es muy triste”.

Bachelet pide prevención

Al llamado de prevención para frenar la propagación de la COVID-19 se sumó la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, quien pidió a los gobiernos del mundo tomar medidas urgentes para proteger la salud y la seguridad de las personas que se encuentran detenidas o recluidas en otras instalaciones cerradas.

“La COVID-19 ha empezado a propagarse en las prisiones, las cárceles y los centros de detención de migrantes, así como en hospicios y hospitales psiquiátricos, y existe el riesgo de que arrase con las personas recluidas en esas instituciones, que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad”, expresó

“En muchos países, los centros de reclusión están atestados y en algunos casos lo están de manera peligrosa. A menudo los internos se encuentran en condiciones higiénicas deplorables y los servicios de salud suelen ser deficientes o inexistentes. En esas condiciones, el distanciamiento físico y el autoaislamiento resultan prácticamente imposibles”, dijo.

“Le corresponde a las policías”

Desde que se conocieron los primeros casos de coronavirus, el Ministerio para Asuntos Penitenciarios restringió las visitas a todas las cárceles que están bajo su coordinación. Con esta medida, 48.000 presos no tendrán visitas familiares hasta que se supere la pandemia de la COVID-19, según la información oficial.

Sin embargo, los calabozos policiales se encuentran en un limbo, ya que el despacho penitenciario asegura que este hacinamiento no está entre sus competencias.

“Eso (hacinamiento) corresponde a cada policía, a cada ente que tiene los detenidos”, dijo una fuente del Ministerio de cárceles a Efecto Cocuyo.

Nieto Palma critica la posición del Ministerio Penitenciario con respecto a la responsabilidad que tiene sobre los presos en los calabozos policiales.

“Realmente, según dice la ley, el código orgánico penitenciario y el decreto de creación del Ministerio Penitenciario, es competencia de ellos (Ministerio) todas las personas que están privadas de libertad en Venezuela, sean procesados o penados, independientemente del sitio donde estén”, señaló el director de UVL.