Se avizora la paz en Colombia después de 60 años de conflicto armado

Bajo la mirada atenta de los Castro en Cuba

Todos estaban vestidos de blanco. Al frente tres hombres: el mandatario de Cuba, Raúl Castro; el presidente de Colombia, Juan Manuel santos y el comandante jefe de las Fuerzas Armadas de Colombia (Farc), Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko. Se veían cómodos en sus sillones, mientras los garantes internacionales leían el acuerdo que incluye el establecimiento de una comisión de la verdad, amnistía por delitos políticos y el abandono de las armas a los sesenta días de la firma del acuerdo de paz, que debe concretarse a más tardar dentro de seis meses.

“Hemos logrado un acuerdo sobre las bases de un acuerdo de justicia para la máxima satisfacción de los derechos de las victimas” aseguró Santos. Refiriéndose a la guerrilla dijo: “Somos adversarios, estamos en orillas diferentes, pero hoy avanzamos en una misma dirección: la de la paz”. Especificó que habían dado instrucciones específicas para que se aceleraran las conversaciones finales lo más rápido posible y debían de terminar en marzo de 2016.

También anunció que todos los colombianos tendrán la oportunidad de refrendar el acuerdo, decir sí o no, y las Farc deberán dejar las armas 60 días después de la firma. Santos agradeció a Venezuela por haber servido como país acompañante.

Timochenko, quien fue  el primero en llegar a La Habana, manifestó su satisfacción sobre el cierre “exitoso” para la creación de la jurisdicción especial para la paz “porque ha sido diseñada para todos los involucrados en el conflicto, desde una perspectiva restaurativa”

Castro, por su parte, felicitó a Santos y a Timochenko por los acuerdos anunciados: “Las conversaciones marchan por buen camino, representan un significativo avance, estamos más cerca de alcanzar la paz…La paz en Colombia no solo es posible, es indispensable.Se ha avanzado mucho más lejos que nunca antes, pero aún quedan dificultades enormes por superar”.

Historia de un intento

Esta es la primera vez que el mandatario se reunió de manera oficial con los delegados de la guerrilla, y con ‘Timochenko’, quien comanda el grupo revolucionario desde finales de 2011. Las conversaciones de paz se iniciaron hace tres años, en agosto de 2012, cuando  delegados del Gobierno y de las Farc firmaron en La Habana el “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, con el apoyo de Cuba y Noruega como garantes.

El punto más polémico de estas conversaciones es el punto 4, que se refiere a la reparación de las víctimas o la justicia transicional, que no es otra cosa que conjunto de medidas judiciales y políticas utilizadas como reparación por las violaciones masivas de derechos humanos.

De acuerdo con el acuerdo alcanzado se establece la  creación de una jurisdicción especial para la paz con un tribunal que atenderá todos los casos relacionados con el conflicto armado. El tribunal tendrá dos salas: una de sentencia a la que llegarán los casos en los que los involucrados acepten su responsabilidad y una de juzgamiento, que e corresponderá atender cuando se haga necesaria la comprobación.

“El modelo base de este acuerdo es el de la justicia restaurativa, lo que permitirá imponer penas restrictivas de la libertad, pero que no implican cárcel. Esto quiere decir que la víctima y el victimario podrían acordar la forma en que se cumplirá la sentencia, por ejemplo a través del desarrollo de obras” según el diario colombiano.
El pacto sobre el control de las restricciones fue alcanzado con la participación de países como Uruguay y un delegado de la Secretaría General de Naciones Unidas.
La dificultad del punto 4 radica en que las Farc históricamente se ha presentado  como víctimas del Estado y del paramilitarismo  y no han reconocido abiertamente su también papel de victimarios. En un documento emitido por la guerrilla el 17 de septiembre en el que ponen las condiciones para tomar en serio la agenda, destacaban la necesidad de  “esclarecer el fenómeno del paramilitarismo, y lo que es más urgente para el futuro de la paz, su desarticulación, porque con guerra sucia el post acuerdo constituiría una mentira. Esa amenaza debe desmontarse si queremos reconciliación”.

Este acuerdo de justicia incluirá a todos los actores del conflicto, como miembros de la Fuerza Pública, desmovilizados de las Farc y sectores sociales, políticos y económicos que estuvieron relacionados con el conflicto.

Aún queda pendiente el tema  de la amnistía, que de acuerdo a lo expresado por los mandatarios, será “lo más amplia posible”.

.

Autor(a)

Reportera. Periodista de Investigación. Emprendedora. Directora Editorial de Efecto Cocuyo.