Salvaron la única Primavera Árabe floreciente y ganaron el Nobel de la Paz

LA HUMANIDAD · 9 OCTUBRE, 2015 09:28

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Jesús Noel Hermoso Fernández | @Jesus_Hermoso


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El Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez, galardonado hoy con el Premio Nobel de la Paz, se formó en 2013 en medio de una crisis económica, política y militar que amenazaba con arrastrar los éxitos de la llamada «revolución del jazmín», única Primavera Árabe que sobrevivió.

Son premiados hoy 9 de octubre en Oslo, Noruega, con la marquesina de una Europa sumida en una crisis migratoria como resultado, principalmente, del éxodo masivo de árabes huyendo de las miserias de la destrucción y guerras resultantes de aquellas «primaveras» en sus respectivos países.

Libia, Siria, Irak, Egipto, luego de sendas insurrecciones populares posteriormente intervenidas militar y políticamente por la coalición europeo estadounidense, terminaron como países devastados por la guerra, la miseria y el surgimiento de grupos islamistas violentos y desintegradores de aquellas sociedades relativamente estables que habían podido emerger con Estados despóticos de tradición.

Túnez, país iniciático de la también llamada «revolución democrática», es el único hasta ahora no desintegrado gracias, entre otras cosas, a la labor del cuarteto. Wided Bouchamaoui (representante de la patronal empresarial), Houcine Abassi (líder sindical), Abdessatar Ben Moussa (responsable de la Liga de los Derechos Humanos) y Fadhel Mahfoudh (representante del colegio de abogados), iniciaron esta epopeya, hoy alzada con el Nobel de la Paz.

Antecedentes de la Paz

Un levantamiento popular contra el régimen de Ben Alí, generalizado en Túnez principalmente a través de las redes sociales y las organizaciones sindicales y de izquierda en 2010, tuvo su declinación en 2013 por la intervención de múltiples actores, principalmente vinculados al yihadismo.

En medio de esta amenaza, la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), la Patronal (UTICA), la Liga Tunecina de Derechos Humanos (LTDH) y la Asociación de Magistrados llegaron a la conclusión de que el alzamiento languidecía, amenazado igualmente por el conflicto político latente y el resurgimiento del yihadismo.

La señal de alarma fue el asesinato en febrero de 2013 del líder político de izquierda Chokri Belaïd, al que siguió en julio el de su colega Mohamed Brahmi.

A esas alturas, la troika (integrada por los islamistas de Al Nahda, el centro derecha representado por el CPR y el partido Ettakatol) que trataba de conducir el timón de la transición, había perdido el apoyo de la calle.

El salafismo, al que se acusa de los citados ataques, campaba a sus anchas en mezquitas, escuelas e instituciones. Partidos como Ansar al Sharia, ahora ilegalizado y señalado como el alma detrás de los atentados que este año 2015 mataron a 60 turistas extranjeros, logró aquel año reunir a miles de personas en una demostración de fuerza en la histórica ciudad de Kairaoun, en el centro del país.

Además, la corrupción y el abuso de poder, endémicos en tiempos de la dictadura del huido Zinedin el Abidin Ben Ali, volvían a asomarse en las instituciones, purgadas y dirigidas en el nuevo Túnez por funcionarios inexpertos y partidistas de derecha.

Elegida en 2011 con mandato de un año, el plazo para redactar una nueva Constitución, la troika se mantenía aferrada al poder con el país escindido en dos bandos. Por una parte, la troika, y por otra la oposición, constituida en su mayoría por partidos creados tras la revolución y salidos de la sociedad civil.

En este ambiente, a principios de 2013 se reunieron, primero en secreto y después en público, representantes de los sindicatos, la patronal, los movimientos de derechos humanos y los jueces con un objetivo común: salvar la única revolución de las primaveras árabes que ha sobrevivido.

Compuesta por expertos e integrantes de la sociedad civil, su primera propuesta fue crear un gobierno alternativo a la troika, libre de partidismos, que preparara el camino a unas elecciones totalmente democráticas.

Tras meses de duras negociaciones, los esfuerzos del cuarteto dieron como fruto un gobierno de transición dirigido por el tecnócrata Mehdi Jomâa, hombre que durante años trabajó para la industria del petróleo en Francia.

Para muchos tunecinos son personas que merecen ese Premio Nobel de la Paz por haber salvado la única revolución que ha sobrevivido, y evitar que Túnez caminara por los trágicos derroteros de Libia, Siria o Egipto.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, consideró que el Nobel de la Paz otorgado al Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez supone un reconocimiento para todos aquellos que alumbraron la Primavera Árabe en ese país.

«Este reconocimiento pertenece a todos aquellos que dieron vida en la Primavera Árabe y que están esforzándose para salvaguardar los sacrificios de tantos», dijo Ban en un comunicado.

Con información de EFE

Foto: captura de video de Reuter