Reinventarse, valorarse y anhelar el reencuentro, hablan docentes desde casa

LA HUMANIDAD · 30 MAYO, 2020 12:45

Reinventarse, valorarse y anhelar el reencuentro, hablan docentes desde casa

Texto por María Victoria Fermín Kancev | @vickyfermin

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Convertir un documento a PDF y usar la plataforma de videoconferencias Zoom es parte de lo que tuvo que aprender Reina Kasabdji desde que inició la cuarentena. Entre los cambios de su rutina, ahora se la pasa “pegada a la computadora”, incluido el fin de semana, a la espera de que los docentes le envíen las guías para los estudiantes cuando la conexión a Internet lo permita.

La educadora, de 49 años de edad, se esforzó en adaptarse más a la tecnología para coordinar a un equipo de 15 maestros de primaria del colegio Madre Emilia, en el sector Los Dos Caminos en Caracas, y sacar adelante la educación a distancia que desplazó a las clases presenciales por la pandemia del COVID-19.

Ella misma cambió las aulas por cursos en línea sobre herramientas pedagógicas. También ha tenido que orientar a algunos colegas en la materia.

Relata cómo ante la coyuntura, junto a la directiva del plantel, se organizaron para sortear los obstáculos de la conectividad y para llegar a la mayoría de los estudiantes y profesores, apoyándose en Facebook.

Percibe angustia por lo que se está viviendo y es consciente de las dificultades con las que ya lidiaba el personal por la crisis. “Les mando un mensajito de ‘¿cómo están las cosas por tu casa?’ porque hay que rescatar esa parte humana”, dice.

Se afianza en su vocación, pero también en su fe para dar acompañamiento a su equipo: “A través del grupo de WhatsApp del colegio les envío mensajes de aliento, de esperanza. Hay que seguir fortaleciéndonos y animándonos psicológica y espiritualmente. Nada hacemos con caer en desesperación”, expresa.

Anhelar el rencuentro

Meses atrás, Nimia Chaparro no se imaginó cuánto extrañaría el salón de clases. “A veces uno está con la rutina y se cansa. Pero este momento cómo anhelo estar en el aula, compartir con los niños, llenarse de ese cariño de ellos día a día. Es un agotamiento necesario pero porque se está satisfecho del trabajo”, explica.

La docente de sexto grado en el colegio Nuestra Señora de Coromoto, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, estado Zulia, comparte el sentimiento con sus estudiantes. “Mis alumnos me envían mensajes de que quieren volver a la escuela, que les hacen falta sus compañeros. Una anécdota es que cuando los papás los están ayudando les dicen: yo te entiendo pero eso me lo explica la maestra”, cuenta.

Con 16 años de servicio, la educadora cree que lo más duro de este proceso de cuarentena es la comunicación con los representantes: “Algunos tienen poca preparación para el trabajo con los niños. Hay que acercarse a ellos, instarlos a que tengan paciencia. Guiarlos y orientarlos, para que ellos puedan ayudar a sus hijos”.

“La modalidad de educación a distancia no es fácil, pero tampoco es imposible”, dice y agrega que “poniendo entrega se puede lograr, alentándolos y dándoles ánimo”. Siente, por fortuna, que esa dedicación es agradecida por parte de los padres. Está convencida de que “la entrega, la vocación y el servicio por el bienestar de cada uno de nuestros estudiantes lo hace más llevadero”.

El valor del docente

Desde hace 28 años, Rosalía Torres trabaja en el colegio Instituto Antonio José de Sucre, en Petare. Del trabajo durante la cuarentena, rescata que “los padres están reconociendo el trabajo de los docentes, que es importante la presencia del maestro”.

“Ustedes son los únicos que nos han ayudado y no nos han dejado decaer a nuestros muchachos”, fue uno de los mensajes que recibió de un representante en las últimas semanas.

Ella es coordinadora académica en el plantel, pero debido a la falta de profesores tuvo que volver al aula para dar clases de geografía económica y de Venezuela a estudiantes de quinto año. De la educación a distancia tiene una visión optimista “es una experiencia más dedicada, hay que estar pendiente de que a todos nuestros muchachos les llegue la información”, dice.

A algunos alumnos, incluso, tuvieron que ir a buscarlos a sus casas para ponerlos al tanto de la nueva dinámica.

Aún a través de la mensajería y las redes sociales, cuenta que siguen impartiendo disciplina: “Al principio los muchachos no se lo tomaban muy enserio, había mucha guachafita y bochinche y se les tuvo que hablar fuerte”. En ese intercambio, también hay espacio para enviar reflexiones, oraciones, y mensajes de esperanza.

Torres cree que la experiencia también ha hecho más conscientes a los adolescentes de que “el futuro es hoy, no mañana”. Por ahora, prepara una sorpresa para quienes están próximos a graduarse de bachiller. Aunque no puedan tener su acto, esperan poder celebrar más adelante sus logros.