La última víctima de la banda de El Tuerto fue Kendy Urrea, primera mujer PNB asesinada

LA HUMANIDAD · 4 DICIEMBRE, 2015 13:16

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Vanessa Moreno Losada | @MoreLosada24


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La llamada de un vecino sirvió para detener a diez hombres implicados en el homicidio de una hermosa joven de 24 años de edad, quien recibió dos disparos mientras trabajaba el viernes 27 de noviembre en El Cementerio. Fue la última víctima de la banda de “El Tuerto”, se llamaba Kendy Dayana Urrea Montero y era oficial agregada de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), madre soltera una niña de seis años.

Kendy Dayana nació en Táchira. De piel tersa, facciones delicadas y cuerpo atlético, pudo haberse dedicado al modelaje. Pero, hace cinco años decidió convertirse en funcionaria de la justicia e inició sus estudios en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (Unes) y para el 7 de noviembre de 2011 su nombre ya figuraba en las filas de la PNB.

La oficial agregada, primera asesinada de la PNB en sus 6 años de creada, dio cuatro años de su vida al servicio de la policía en la División Motorizada. En ese tiempo ganó 243.618,94 bolívares según los datos que muestra el Instituto Venezolano de Seguridad Social (Ivss), lo que contrasta con lo que apenas en un año puede alcanzar a ganar una joven dedicada al modelaje: 720.000 bolívares. Su último salario fue de 3.442,37 bolívares semanal. Su “necesidad” era su hija, sanar a su hija.

IVSS PNB Urrea

“El que está en la PNB es por necesidad, no por vocación. Es porque necesita ganar un sueldo y aunque no es mucho dinero, es algo fijo. Ahora la PNB es el cuerpo policial que más está generando empleos, pero dentro de él hay muchos atropellos”, comentó Karim Velásquez, amigo de Kendy Dayana desde hace tres años y funcionario con siete años de experiencia policial. Accedió a la entrevista a cambio de modificar su nombre para resguardar su identidad y no poner en riesgo su puesto de trabajo.

“Ella comentaba que quería sus vacaciones para enero. Le urgía ir a Cuba con la niña para operarla del problema auditivo que tenía”, explicó Carlos Montero, agente de la PNB que compartió con Kendy Dayana en la coordinación de Santa Rosalía, aunque se encontraban en divisiones diferentes. Él también pidió anonimato, por lo que el nombre que se utiliza es ficticio.

Tanto Montero como Velásquez coincidieron que esa era la razón por la que la joven no aceptaba los consejos de sus allegados para retirarse de la carrera policial. “90% de los funcionarios dicen que si no consiguen algo mejor, no se pueden ir. Tenemos miedo a quedarnos sin nada, como si hubiésemos nacido en la institución. Al final, muchos no logran despegarse de la policía y pasa lo que le pasó a Kendy”, dijo Velásquez.

La joven de 24 años era oficial agregada, experta en el manejo defensivo y ofensivo de las motocicletas. Esa característica la hizo seleccionable para el cambio de coordinación que la llevó al lugar donde la asesinaron. Compañeros de la PNB señalaron que tenía menos de dos meses de haber sido trasladada de la Parroquia Sucre a la Parroquia Santa Rosalía.

Para él, otro factor relevante en la muerte de su compañera fue el sector donde se encontraba y la preparación del grupo. “Ahí hay una falla en la directiva. No puedes mandar a pocos funcionarios a hacer un punto de control en una zona como El Cementerio. De ser así, debes seleccionar al personal capacitado a nivel físico y técnico”, arrojó.

Montero, quien labora en la misma zona que Kendy Dayana, avala esta opinión: “A partir de las 8:00 pm patrullamos en caravana, al menos 14 funcionarios”.

Velásquez también señaló que la directiva de la PNB no tiene organización suficiente, por lo que cree que se toman decisiones erróneas que perjudican a la sociedad y al policía. «Ahora tenemos a una familia adolorida porque mataron a uno de los suyos. La gerencia debe entender que el análisis de la zona es necesario porque el hampa va de frente y los uniformados somos su blanco», explicó.

Denunció que la institución no promueve la vocación de la carrera policial. Dijo que desde la gerencia se desmoraliza a los funcionarios cuando «el amiguismo vale más que la experiencia (…) Tampoco la administración de justicia ayuda a la formación correcta del policía. A veces son ellos los que terminan presos en vez del delincuente», comentó.

El duelo por La Nena

10500552_10203902137651083_6305191636968768670_n“Una vez más el hampa me arrebata a una compañera y esta vez a una madre. Una hija que se queda sola en este malvado mundo. Qué rabia, impotencia y tristeza siento. Quisiera que esto fuera mentira mi cursita”, exclamó el usuario con el nombre Nycolhe Ednoc en la red social Facebook.

Mensajes similares hay diseminados en todo el perfil de la funcionaria Kendy Urrea, que en el mundo 2.0 optó por llamarse Keny La Nena. En ese rincón, compartía fotos de salidas con su hija y sus amistades, imágenes que casi tienen más de 50 “Me Gusta”.

“Era una mujer muy alegre, hermosa, luchadora y guerrera. De esas femeninas que dan la cara por la institución, porque son las que representan los valores de la carrera policial: responsabilidad y entrega a las leyes. Ellas son las que pagan las consecuencias de una mala gestión”, manifestó Karim Velásquez.

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“Despedida de una amiga de trabajo Kendy Dayana”, se titula el álbum que la cuenta Cpnb Galería Prensa dedicó para publicar las fotos del velorio que se realizó en la Funeraria Los Caobos y del entierro en el Cementerio del Este de la primera funcionara de la PNB  que es asesinada en funciones, la cuarta mujer policía que muere en manos del hampa en 2015 en región Capital  y el número 130 de los 131 agentes de seguridad del Estado a los que les quitaron la vida en la Gran Caracas.

Funcionarios con uniformes de patrullaje, de operaciones especiales y antimotín rodearon a la familia Urrea Montero el domingo pasado durante los actos fúnebres. Después de que ocho mujeres cargaran el féretro hacia la fosa, el subdirector de la PNB, Carlos Martínez, hizo entrega a los padres de Kendy Urrea de la Medalla de Honor al Mérito en su tercera clase. El comunicado de prensa en el que se reseñó el funeral, mencionó que el reconocimiento se hizo por “su valioso e innegable compromiso con el resguardo de la seguridad de la patria”.

La fuga del asesino

Un informe policial reveló que el martes en la noche residentes del edificio de Misión Vivienda PP09, ubicado en la esquina Tablita de San Agustín, notificaron que en el apartamento 301 de la torre A y en el 102 de la torre B se encontraban escondidos integrantes de esa banda. Al llegar al sitio los funcionarios de la PNB localizaron al grupo delictivo y los detuvieron.

Los aprehendidos son Keiver Feliz Mendoza (18), Brayan Hernández Villaruel (21), Ricardo Martínez Moya (20), Yorvin Heredia Echezurí (28), Gregorio Cardones Malavé (21), José Cardones Malavé (22), Deivi Itagua Flores (26) y tres menores de edad más. Se conoció que “El Tuerto” huyó de las esposas policiales, pese a estar identificado como líder de la banda y autor material del homicidio de la funcionaria Kendy Dayana.

De acuerdo con las investigaciones, parte del grupo delictivo iba a bordo de la camioneta Pick Up, modelo ZNA 4×4, sin placa, que el viernes pasado Kendy Dayana y su comisión de guardia intentó parar en la avenida El Carmen, entre las calles La Zaleya y Los Samanes.

La respuesta de los tripulantes del vehículo fue ignorar la orden de los funcionarios y disparar mientras avanzaban por la calle a toda velocidad. El cuello y el pecho de la funcionaria fueron impactados con las balas de “El Tuerto” y “Rafaelito”, y así el grupo delictivo pasó a ser uno de los más buscados en Caracas, a pesar de tener reseñas policiales de otros crímenes.

Habitantes señalaron a los uniformados que los detenidos mantenían atemorizados a los vecinos y que no eran de la zona, sino que provenían del barrio Los Sin Techos de El Cementerio. Al grupo les incautaron prendas policiales alusivas a la PNB, cartuchos de balas, dos armas de fuego y casi 500 gramos de marihuana.

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