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Falleció Mariela Ramírez, arquitecta del diálogo social en Venezuela

ONG confirmaron que este 15 de octubre la activista dejó este plano

Dale Letra espera que nuevas negociaciones "abran el espacio democrático" en Venezuela

Para Mariela Ramírez (1965-2026), diseñar y construir era algo más que planos y maquetas, por ello no era una arquitecta común. Sentía un compromiso ético con el tejido humano. “Estamos obligados a reunirnos”, repetía incansablemente, a pesar de que la miraran feo por por hablar de diálogo y negociación, en tiempos de polarización extrema.

Predicaba con el ejemplo: convocaba y se sentaba en la misma mesa con opositores, oficialistas, académicos y líderes comunitarios.

Nació en Caracas y se graduó como arquitecta en la Universidad Central de Venezuela (UCV) e integró a lo largo de su trayectoria su formación técnica con el oficio de la carpintería. De esa conjunción nació lo que ella llamaba “ser una arquitectura social”, una convicción de que el pensamiento analítico, la estructuración y el diseño espacial podían trasladarse a la planificación de puentes de entendimiento y a la creación de redes de apoyo en una sociedad fracturada.

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Tras un diagnóstico repentino, falleció el pasado 15 de octubre, según informó Foro Cívico en sus redes sociales.

El alfabeto móvil: la palabra en la calle

En medio de las intensas protestas de calle de 2017 y la profunda polarización, Ramírez cofundó el Movimiento Ciudadano Dale Letra, junto con otros activistas que creían en el poder de la palabra. Esta iniciativa buscaba despertar la conciencia cívica, exigir el cumplimiento constitucional y canalizar la movilización pacífica a través de la cultura y la no violencia.

Su emblema fue un alfabeto móvil: letras individuales portadas por ciudadanos que se organizaban entre las manos o en el asfalto para crear frases, denunciar atropellos, violaciones, recordar los derechos humanos y abrir espacios de encuentro.

Mesas de entendimiento y diálogo

Desde 2018 se sumó a la promoción de la plataforma Diálogo Social, en la que confluían diversos actores de la sociedad civil venezolana. En mayo de 2019, trabajó conjuntamente con activistas y luchadores sociales para organizar las Jornadas de Entendimiento en el Palacio de las Academias.

De la mano del profesor Pedro Nikken se abrió este ciclo de conversaciones que logró sentar a voceros de la oposición, del oficialismo, de gremios profesionales y de la sociedad civil para debatir salidas a la crisis. Meses después, en diciembre, nuevamente con la plataforma Diálogo Social, impulsó la Mesa de Entendimiento Electoral en la que se promovió un espacio para discutir una ruta electoral plural e inclusiva con asistencia técnica de organismos internacionales.

En 2020, junto a otros activistas, promovió la articulación del Foro Cívico, una plataforma plural que hoy congrega a más de 100 organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, académicos y defensores de derechos humanos en el país. Desde este espacio, fungió como una de sus portavoces más activas, asumiendo un papel frontal en la defensa del espacio cívico frente a leyes restrictivas contra las ONG, exigiendo la reinstitucionalización del Estado y defendiendo la vía negociada mediante el diálogo social plural.

La ciudadanía activa como causa de vida

Ramírez solía explicar que su paso de la arquitectura tradicional hacia el activismo cívico y los derechos humanos no fue una ruptura, sino una extensión de su arraigo a la identidad venezolana y de su certeza de que los ciudadanos deben asumir un papel protagónico en los asuntos públicos.

Hasta sus últimos días, trabajó por la construcción de consensos, la participación horizontal y el acercamiento entre sectores distanciados, hablando de la necesidad de reconstruir la capacidad de sus ciudadanos para sentarse a conversar.

En septiembre de 2025 escribió en su cuenta de X:

“Los protagonistas del conflicto se enfrascan en una retórica de confrontación, mientras los venezolanos sufrimos las consecuencias de la falta de acuerdos y de un camino claro hacia la paz. La amenaza de la violencia es una sombra que no podemos ignorar. Es hora de detenernos, de reflexionar y de actuar. El diálogo es un derecho y una necesidad. Como ciudadanos, estamos llamados a demandar y contribuir a que se establezca como una herramienta fundamental para la construcción de un futuro compartido. Esto requiere de un primer paso: el reconocimiento mutuo. Para desde ahí iniciar un proceso de intercambio honesto que desentrañe las raíces del conflicto y nos guíe hacia una verdadera transformación. Esa transformación nos demanda a los ciudadanos acciones claras por la paz”.

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