En Táchira cada día es más difícil vivir sin puntos de venta, internet ni electricidad - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 24 MARZO, 2018 09:30

En Táchira cada día es más difícil vivir sin puntos de venta, internet ni electricidad

Texto por Anggy Polanco

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Ni las plantas eléctricas aguantan cortes de hasta 12 horas continuas. Una población agobiada se levanta con los primeros rayos del sol en Táchira para salir a trabajar, estudiar o hacer diligencias -como cobrar la pensión– con el temor de que en cualquier momento un apagón -o varios- les altere el día y desbarate su planes, pues además de dejarlos “sin luz” también se quedarán sin cobertura telefónica, servicio de internet, puntos de venta y plataformas bancarias operativas.

Pero fuera de los hogares, la pesadilla continúa. Los expendedores de productos perecederos han tenido que reducir la cantidad de mercancía que adquieren semanalmente para evitar pérdidas. Así lo refirió Oscar Saavedra, vendedor de pollos en el popular Mercado de Los Pequeños Comerciantes de San Cristóbal.

“Nos vemos afectados en el trabajo y en la casa, nadie nos da la garantía de poder resarcir las pérdidas de los electrodomésticos, no habíamos tenido que vivir como rutina esos apagones de 6 horas, no dormimos pensando en que se nos dañe la mercancía, por eso compramos lo que podemos vender a diario”, dijo Saavedra.

 

“Hemos optado por desconectar la nevera y los demás artefactos cuando la luz se va,  porque viene con alto voltaje y puede quemar los aparatos”, comentó Yonny Contramestre, quien expresó que ya se le dañó el motor de la nevera por esta razón. “No sabemos a qué horas se va ir ni a qué horas va a volver. Los puntos de venta se caen, el agua no llega porque se apagan las motobombas, estamos en la era antigua”.

En un estado famoso por la elaboración de este tipo de alimento, la producción de pan también se ha visto reducida, pues los hornos son eléctricos en su mayoría. Aparte, se requiere de tiempo adicional para encender y poner a punto máquinas como la sobadora, la batidora y la laminadora para la masa. “Si se pasa de la hora de horneado, se daña y esa materia prima se pierde”, expresó Franklin Amaya, dueño de una panadería, quien afirma que aún lucha por mantener a flote su negocio.

Cuando ocurre un apagón, Jhon Croquer, al igual que la mayoría de los comerciantes del Táchira, no puede contar con el punto de venta de su verdulería y ante la crisis de efectivo, sus ingresos han caído en más del 50 %, en vista que para conseguir billetes “contantes y sonantes” los clientes deben “comprarlos” por el doble de su valor real, siendo ese un lujo que la mayoría no puede darse.

 

Las estaciones de servicio han colapsado de nuevo con interminables colas de personas que, además de esperar por la gasolina, ahora deben hacerlo por el servicio eléctrico para poder surtir de combustible sus vehículos, pues son pocas las gasolineras que cuentan con plantas eléctricas.

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En municipios de la zona norte, como García de Hevia, donde las fallas eléctricas se extienden por más de 6 horas, también los pobladores se ven perjudicados con el suministro de agua, en vista que se surten del líquido a través de puntillos (pozos artesanales) y equipos de bombeo.

No sólo la falta de insumos, combustible y repuestos oscurece el panorama para la  producción agropecuaria, sino que en razón de las fluctuaciones eléctricas en los campos se han deteriorado muchas de las neveras donde se enfría la leche de vaca recién ordeñada, aseguró Edgar Medina, vicepresidente de la Asociación de Ganaderos del Táchira (Asogata).

“Los ordeños mecánicos requieren de la energía eléctrica para poder funcionar, esta situación lo que trae una caída de producción de leche y carne. Para la cría de gallinas ponedoras también se requiere de luz para para conseguir huevos“, añadió el representante gremial.

Bancos sin electricidad y “sin línea”

 

“No puedo ni ir a orinar, estoy cansada de los pies porque no hay sillas; yo me vine arriesgando porque no había luz y todo estaba oscuro”, dijo Josefina Zambrano, de 62 años, quien madrugó para salir a las 5:00 de la mañana de su casa el pasado jueves 22 de marzo, con el propósito -y la necesidadde cobrar la pensión.

En las entidades bancarias, tras los lapsos sin flujo eléctrico, las plataformas se “cuelgan” y se quedan “sin línea” (conectividad con el sistema bancario nacional), lo que afecta a la mayoría de usuarios -principalmente adultos mayores– que desde el martes 20 acuden a retirar la mensualidad por pensión o jubilación que les corresponde, ahora bajo un nuevo método que se rige por el terminal del número de cédula.

María Leal, de 72 años de edad, quien también hacía cola para cobrar la pensión, expresó su preocupación ante lo impredecible de los apagones (y de la posibilidad de completar su más importante diligencia del día). “La luz se va a cada rato y ahora dicen que no hay línea. Deberían tener un poco de consideración, las fallas de luz no solo nos retrasan, sino que no hay efectivo para comprar velas, que -además- están muy caras”.

Las fallas de electricidad en la entidad fronteriza se han considerado “un mal” que padecen sus habitantes de hace varios años, mas no con las características de inestabilidad del servicio actuales. Desde este 21 de marzo, Corpoelec anunció un “Plan de Administración de Cargas“, como bautizó al racionamiento eléctrico, para cinco estados del país, incluido Táchira, donde se contempla cortar el suministro hasta por 15 horas al día.

El pasado 22 de febrero se registró un largo apagón que afectó a todo el estado y las regiones adyacentes, sobre el cual las autoridades no ofrecieron información oficial oportuna que diera cuenta sobre sus causas.

En esa ocasión, fueron 17 horas a oscuras, lapso en el que también ocurrió una avería extendida en las operadoras de telefonía Movilnet, Cantv y Movistar. Desde ese día, los cortes se hicieron mucho más frecuentes, tanto de día como de noche, y el periodo de espera para que regresara la electricidad pasó de pocos minutos a incluso 12 horas continuas en diversos municipios de la entidad.

Así transcurre marzo, entre ver cómo los bombillos bajan su rango de iluminación por un rato, para -de pronto- alumbrar casi a punto de fundirse y… de nuevo, vuelve apagarse el Táchira ante los ojos de sus residentes, que poco pueden hacer.

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