El viraje COVID-19: Lecciones aprendidas y por aprender - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 4 ENERO, 2021 19:55

El viraje COVID-19: Lecciones aprendidas y por aprender

Texto por Efecto Cocuyo

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La pandemia ha implicado cambios en casi todos los planos de las relaciones humanas. La incertidumbre que aún provoca el surgimiento del nuevo coronavirus es afrontada por cada quien con las herramientas que tenía o con las que ha tenido que adquirir (o crear) al ritmo de la emergencia.

En un ejercicio de diálogo y memoria, Efecto Cocuyo recopiló los testimonios de 16 venezolanos y venezolanas sobre los impactos que ha causado la contingencia sanitaria en sus vidas, en el contexto de la emergencia humanitaria compleja preexistente en el país.

Se denomina pandemia porque tiene dimensión planetaria, de modo que nadie estaba ni está absolutamente a salvo ante el surgimiento de un nuevo coronavirus que, en efecto, le ha cambiado la vida a la mayoría de la población mundial.

La contingencia sanitaria puede conjugarse de distintas maneras, según la vivencia personal de cada quien. Sin embargo, ante el humano miedo a lo desconocido también surgió una necesidad de valorar lo que es importante y lo que une a la gente en el contexto de una emergencia. Unión, sí, a pesar de que la primera recomendación para evitar el contagio es mantenernos alejados físicamente.

Como un ejercicio de diálogo sobre el viraje que ha significado la COVID-19, Efecto Cocuyo recabó los testimonios de 16 venezolanos y venezolanas que cuentan cómo han convivido con la pandemia desde lo que son y desde lo que hacen. Vencer las dificultades para conectarnos con los demás y ser auténticamente empáticos podría ser una de las lecciones aprendidas o por aprender. 

La solidaridad

En un país como Venezuela, donde la emergencia humanitaria compleja tiene expresiones extremadamente dolorosas, como las vinculadas al colapso del sistema de salud, había fundadas razones para temer lo peor.

“El que estaba en situación de calle y se beneficiaba de las ollas solidarias, deambuló más y consiguió menos”, resume la periodista y voluntaria Nirma Hernández, quien es una de las que ya tenía herramientas para conectarse con las necesidades más apremiantes de los que no contaban con lo indispensable: un hogar donde resguardarse.

Pero, afortunadamente, Andrea Santacrocce, coordinadora del voluntariado que desde la iglesia La Chiquinquirá, en Caracas, venía alimentando a más de 800 personas, hizo todo lo posible para replantear la ayuda en medio de la pandemia a través del suministro de bolsas de comida.

El sustento económico

El teletrabajo, que emergió como opción para continuar produciendo y generando ingresos económicos durante la pandemia, ha implicado un cambio de rutinas con  diversos impactos en la vida doméstica.

Pero, ¿cómo haría una posadera de Margarita, como Marianela Briceño, al quedarse sin huéspedes? Su economía, como la de millones de personas en el mundo, se vino a pique.

Algo similar le sucede al albañil Franklin García, quien ahora afronta mayores limitaciones para hacer trabajos a domicilio: “Cuando llegamos a una casa, la gente cree que los podemos contagiar”. Distinto es el caso del motorizado Luis Ramírez, quien se insertó en el efervescente negocio de las entregas a domicilio y ahora gana diez veces más de lo que ganaba haciendo carreritas. Aunque parezca loco, Luis teme que si la pandemia amaina se acabe su nueva fuente de ingresos.

La revalorización de la salud

“La sensación en los pulmones era algo que no puedo describir. Yo me quedaba dormido boca arriba y sentía que me iba a dar un paro respiratorio”. El testimonio del médico internista, Edgmar Parra, quien sobrevivió a la COVID-19, da cuenta de la sensación de vulnerabilidad que ha provocado la enfermedad.

Por eso la fotoperiodista Alexandra Blanco tenía razones para preocuparse. Ella había planificado un embarazo, pero no contaba con  una pandemia. Ni ella ni nadie.

Lo que dice Manuel Mendoza, líder de la Asociación de Lesionados Medulares de Venezuela, lo repiten mucho: “el que tiene salud lo tiene todo”.

Las pérdidas

Los rituales asociados al nacer, crecer, reproducirse y morir también han cambiado; los nacimientos, los cumpleaños, las bodas, los funerales…

La poeta Kira Kariakin ha tenido que asistir a tres velorios durante los últimos ocho meses. El funeral de la abuela de su esposo, que murió a los 100 años de edad, se transmitió por Instagram, para que muchos de los familiares en el exterior pudiera estar “presentes”, aunque fuera de manera virtual.

La abuela de Addiel Carreras, un joven de 18 años de edad, adquirió el coronavirus en la iglesia donde no quiso dejar de ir a pesar de la pandemia. “Porque su religión es lo más importante para ella”, explica Addiel, quien recuerda la angustia de la familia por la posibilidad de un desenlace fatal. “Gracias a Dios, mi abuela salió de esa”, expresa el muchacho.

El docente Ricardo Castillo comparte otros dolores asociados a la muerte; dolores que no encuentran suficiente alivio en la idea, más o menos convincente, de que existe una nueva normalidad: “Mi mamá murió y yo no pude asistir a su entierro”.

La resiliencia

Alexander Madriz, director y coreógrafo de AM Danza Compañía de Habilidades Mixtas, convirtió las plataformas digitales en nuevos escenarios. Y el aforo de sus espectáculos ha crecido. “Estamos conectados con compañías y bailarines –de todo el mundo- que nos hemos adaptado a esta nueva forma de trabajar”.

Laura Bottome reunía en su vivienda a decenas de miembros de la Sokka Gakkai Internacional de Venezuela. Ahora son muchos más los que se congregan a entonar el Nam Miojo Rengue Kio y poner el mantra al servicio de los que más fortaleza espiritual necesitan en estos tiempos de incertidumbre. Pero ahora lo hacen por grupos de WhatsApp.

Cecilia Javornik, una deportista de 74 años de edad, lamentaba mucho no conseguir una piscina donde nadar. Mientras tanto procuró otras conexiones consigo misma: “Me reviso, en qué pienso, por dónde andan mis pensamientos…”.

Eritza Liendo, escritora y profesora universitaria, lo afronta con coraje: “Yo me niego, me niego rotundamente, a utilizar el tema pandemia como excusa para la tristeza, la depresión y el abatimiento. Yo me apego a la maquinita de Julio Garmendia para modificar la realidad circundante. Yo manejo mi metro cuadrado;  allí panchangueo, bailo, canto, hago lo que tengo que hacer y trato de que ese efecto mariposa se multiplique en mi entorno, para que la cosa vaya bien aunque todo afuera esté mal”.

 

Entrevistas: Edgar López, Mariana Souquett y María Victoria Fermín

Cámaras: Miguel Rodríguez Drescher e Iván Reyes

Fotografías: Iván Reyes

Edición de videos: Miguel Rodríguez Drescher

RRSS: Andrea La Rosa

Coordinación editorial: Edgar López

Este reportaje forma parte del Programa Lupa, liderado por la plataforma digital colaborativa Salud con Lupa, con el apoyo del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).