Disparos y golpes en protesta de educadores - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 16 SEPTIEMBRE, 2019 17:34

Disparos y golpes en protesta de educadores

Texto por Isabella Reimí │@isabellareimi Fotos por Iván Reyes

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Las clases inician con protesta en las calles. En el primer día del año escolar 2019-2020, centenares de docentes de educación pública protestaron a las puertas del Ministerio de Educación con la intención de poder acceder al despacho de la vicepresidencia a exigir la renuncia del ministro Aristóbulo Istúriz.

Durante la movilización, civiles armados hicieron disparos al aire para amedrentar a los manifestantes, un piquete de la Guardia Nacional obstaculizó el paso de la protesta pacífica y grupos afines al oficialismo se enfrentaron a los maestros a puñetazos.

El mandatario Nicolás Maduro había decretado el inicio de clases para este 16 de septiembre. Sin embargo, el magisterio venezolano opositor consideró que no existían las condiciones mínimas para iniciar las clases, por lo cual convocaron a la protesta. La aplicación del plan de rehabilitación Una gota de amor para mi escuela en resistencia, funcionó en menos de un 20% de los planteles, de acuerdo con Raquel Figueroa, coordinadora de la Unidad Democrática del Sector Educativo.

Aunado a esto, los profesores reclaman el incumplimiento del Programa de Alimentación Escolar (PAE), las fallas en el transporte público que les impide llegar a clases, y sus bajos salarios.  

«Aristóbulo, renuncia”

A las 9:00 am comenzaron las protestas en 16 estados del país, y los docentes ya estaban reunidos con sus carteles a las puertas del Ministerio. Robert Franco, sindicalista carupanero del movimiento “Los Guerreros del Pórtico” logró movilizar a 36 docentes desde Sucre “con todas las amenazas y todo el miedo”. Desde un megáfono azul enteró al magisterio que a treinta de los docentes que lo acompañaban le fueron suspendidos sus salarios por razones políticas, ya que hacía tiempo que habían hecho visible la precariedad de las condiciones de la educación en el interior del país.

Robert Franco, sindicalista de carúpano

Gricelda Sánchez, vocera del Sector Educación de la Coalición Sindical Nacional, dijo que los docentes no permitirían que Istúriz cercene la educación.

“No vamos a permitir que continúe la persecución política de todos los dirigentes que hoy salen a luchar por su contratación colectiva, en defensa del pasaje estudiantil y de las escuelas que hoy están en el piso”, dijo.

“Aristóbulo, renuncia”. Los docentes repetían con euforia esta consigna exigiendo la renuncia del ministro.

La profesora jubilada, Laris Carbone, también del movimiento sindical, reiteró el motivo por el que los profesores defienden su contratación colectiva y rechazan el memorándum 2792 del Ministerio del Trabajo, que estableció que un trabajador público solo puede ganar un máximo de dos salarios mínimos. Por eso, el sueldo de un educador público ronda entre 45.000 y 100.000 bolívares, que equivale a menos de 4 dólares mensuales.

«Aristóbulo ladrón, acabó la educación»

María García ha sido docente por casi tantos años como el oficialismo ha estado en el Gobierno. Después de diecinueve años de ejercicio su salario mensual alcanza los 100 mil bolívares entre los dos planteles públicos en los que da clases en San José y Palo Verde. Fue a la protesta acompañada por su hija de seis años, una niña delgada que calzaba zapaticos rotos. A pesar de que su salario es insuficiente, María decidió que con ayuda de su hermana inscribiría a la niña en un colegio privado.

“La educación pública está muy fea para ella, yo he visto cómo se ha ido viniendo a menos” dijo. Antes, con su salario podía garantizar la alimentación de toda su familia, mantenía a su dos padres y sobrinos y viajaba anualmente. “Hoy no puedo ni comprar comida para mí misma”.

Se escuchó de nuevo en el megáfono a otro profesor del magisterio. Cualquier docente tenía la oportunidad de hablar. Este citó la creación en cada escuela pública de un comité de “defensa de la educación”, integrado por profesores y representantes. Seguidamente, y con el respaldo de todos los manifestantes, llamaron a paro nacional.

«Y sube la leche y sube la carne…»

Después de calentar los ánimos con la vocería y al ritmo de los tambores, los sindicalistas empezaron a movilizar a los docentes con intención de llegar hasta la Vicepresidencia de la República.

José Manuel Gil caminaba cada paso con sus zapatos de goma apretados. Se los había pedido prestados a su esposa para poder asistir a la marcha, porque hacía tiempo que no había podido comprarse zapatos con su salario de 45 mil bolívares más cesta ticket. Tampoco había podido desayunar en la mañana, pues le dio prioridad al desayuno de sus dos hijos, una de seis años y otro de cuatro meses.

Gil es docente de educación física especializado en educación especial, pero últimamente ya no asiste al plantel “porque le da dolor”, y en cambio, se ha dedicado a descapitalizarse, vendiendo poco a poco todos sus bienes para poder mantener a su familia.

Sobre el plantel, dijo que es «una cárcel» en la que los niños con esquizofrenia se tratan de escapar, ya que en la escuela ni siquiera cuentan con sus medicamentos para calmarlos.  

Tenemos estudiantes autistas, con retardo mental, ciegos, con deficiencia auditiva y la comida que dan es pasta, lentejas, arroz y más nada, no está apta para la dieta que deben tener”, por lo cual en las pruebas antropométricas que realizan con periodicidad para medir peso, flexibilidad y resistencia, han notado que las tallas solo bajan.

Gil dijo que la situación “se ha luchado, hablando con el ministerio de educación” y que repetidamente responden que no hay recursos para cubrir esas necesidades. Según él “lo que les interesa es mandar a los estudiantes a recibir medallas” en las olimpiadas especiales, donde tampoco reciben buena alimentación, aclara.

Este año Maduro anunció que el PAE llevaría 600 toneladas de comida a los planteles escolares, pero la representante magisterial, Ofelia Rivero dijo que, hasta el día de hoy, no habían servido desayuno.

«Somos docentes, no somos delincuentes»

En la Avenida Oeste del centro, a los laterales del ministerio, un piquete de la Policía Nacional impedía el paso de la manifestación. Los educadores les repetían la consigna “Somos docentes, no somos delincuentes”, aquellos que estaban en frente intentaban dialogar con los funcionarios. Sin esperar mayor éxito, los sindicalistas dirigieron la masa hacia la otra avenida.  

Los manifestantes corrieron hacia la Avenida Norte para poder llegar a la Avenida Urdaneta antes que la pared humana, ahí se encontraron con los funcionarios que los forcejearon e impidieron su paso con los escudos. A la profesora Raquel Figueroa la hirieron en la columna. 

Piquete de PNB

Carlos Salazar, movilizador sindical acusó con denunciarlos por golpear a los docentes, y los guardias movieron el piquete hacia la esquina Santa Capilla. Atrapados nuevamente en la encrucijada de la guardia, tomaron un paso atrás intentando llegar al despacho por una vía alterna.

Se escucharon los disparos. A las 11:07, civiles armados en motocicletas alteraron el orden público tiroteando al aire. Los docentes encogían sus cabezas y buscaban refugio en las esquinas de los edificios de la avenida norte.

Maestros superan piquete

Pasado el miedo, con mayor furia los manifestantes se dirigieron a exigirle una respuesta a los funcionarios. No la obtuvieron.

-¿Qué pasa? Somos educadores, nos dijeron que estábamos en paz- se oyó.

Cambiaron la consigna: «Asesinos, mandaron colectivos»

Regresaron a las puertas del ministerio. Ahí a las 11:24 de la mañana, una decena de miembros de las comunas, afines al partido de gobierno, bloquearon la entrada, y el buscado diálogo terminó en golpes. Eran jóvenes de la Chamba Juvenil y señoras que se pronunciaron en contra de los maestros “sinvergüenzas”, dijeron.

Un docente se preguntaba ¿hasta cuándo van a utilizar a los muchachos para estas cuestiones?

Los maestros que se regresaban al punto de partida, se iban integrando al conflicto repitiendo las consignas y acercándose cada vez un paso más.

«Hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudia se parece a Nicolás», repetían.

Con el sol de las 11:30 y la temperatura más alta de la región en un siglo, una manifestante oficialista de camisa azul soltó la primera mano a un docente acalorado.

Según Carlos Salazar, se trata de una práctica común, mandar mujeres a golpear a hombres para después hablar de la violencia de los sindicatos.  

Lanzaron piedras y tierra, mientras algunos funcionarios de la policía intentaban impedir la confrontación, otros funcionarios resguardaban a los colectivos, a los que se les reconocía por sus armas.

Cindy Rodriguez, quien vociferaba en contra de los maestros dijo que estaban “defendiendo los logros de la revolución y el derecho a la educación de nuestros hijos e hijas”, y el proceso que seguirían defendiendo “con uñas y dientes”.

“Si nosotros, las familias de las comunidades tenemos que ir a dar clases, vamos a dar clases, porque estos sinvergüenzas maestros que están reclamando, lo hacen sin ninguna justificación porque ellos cobran y no dan clases”, dijo. Admitió que los muchachos presentes de la chamba juvenil estaban dando clases ahorita, a pesar de que el ministro Aristóbulo Isturiz, había negado a los maestros exprés.

A las 11:42 la policía ordenó la retirada de los colectivos.

Protesta 16Sep

¿Mañana hay clases?

La concejala chavista de la parroquia interrumpió las declaraciones finales que los medios tomaban a los docentes diciendo: “mañana hay clases, mañana hay clases, que viva la patria”.

Sin embargo, los sindicalistas reiteraron el llamado a continuar la protesta el 17 de marzo frente al metro de La Hoyada, a las 10:00 de la mañana.