“Desconocer dónde está, no te deja vivir”, familia de Eloy Mayckoll Sánchez
Eloy Mayckoll Sánchez, de 40 años de edad, fue interceptado en Plaza Venezuela el 12 de enero de 2025

La tarde del domingo 12 de enero de 2025, Eloy Mayckoll Sánchez Rodríguez llamó a su hermano menor para avisarle que venía subiendo de La Guaira y que quería mostrarle por videollamada una ropa que pensaba comprarse.
El comerciante, de 40 años de edad, viajaba en el automóvil de una de las dos amigas que lo acompañaban. Al llegar a las inmediaciones de Plaza Venezuela, se bajó para acercarse a una tienda en Sabana Grande y dejó en el asiento del copiloto del carro de su amiga el bolso con el tratamiento psiquiátrico que tomaba a diario para la bipolaridad. Minutos después, funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) rodearon la zona en la avenida Casanova y se lo llevaron.
Desde el día de su detención han transcurrido nueve meses de silencio oficial y desgaste familiar. Sánchez, criado en San Antonio de los Altos y padre de dos hijas, una de 18 y otra de 12 años de edad, no militaba en organizaciones políticas ni tenía antecedentes penales. Había trabajado durante años en el montaje de tarimas y efectos de pirotecnia para espectáculos musicales en el país, antes de dedicarse al comercio informal y al diseño de artículos personalizados.
Su desaparición forzada arrastró a su familia a una rutina de vigilias, morgues y extorsiones que terminó por fracturar la salud de su hogar.

La detención
La preocupación entre sus familiares comenzó al caer la noche, cuando su padre notó que Eloy no llegaba a dormir ni contestaba los mensajes habituales. La mujer que conducía el automóvil en el que viajaban desde el litoral admitió más tarde que huyó del lugar asustada al ver el despliegue de los cuerpos de seguridad, dejó al joven solo y sin sus pertenencias personales en plena vía pública.
En contacto telefónico con Efecto Cocuyo, Randy Rodríguez, hermano de Eloy, relató que la angustia comenzó esa misma noche cuando su padre le avisó que no sabía nada del joven. Es por esa razón que Randy comenzó a marcar sin descanso al celular, hasta que un extraño le respondió.
“Me dijo que se había encontrado ese chip en el suelo y apenas le advertí que ya las autoridades lo estaban buscando me trancó la llamada. Desde ese instante no pudimos volver a comunicarnos”, aseguró Rodríguez.

Días después, comisiones del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) se presentaron en San Antonio de los Altos, estado Miranda, para allanar la vivienda paterna, galpones y propiedades familiares para descartar que la desaparición de Eloy estuviera relacionada con problemas domésticos. Tras comprobar que las versiones de los parientes coincidían y que no existían irregularidades en su entorno, los investigadores interrogaron a las testigos que estuvieron con él en la playa y corroboraron que los funcionarios del Sebin lo habían abordado en la calle.
Testigos en la calle señalaron al Sebin
Ante la situación con las autoridades, la familia comenzó entonces a reconstruir por su cuenta los últimos minutos de Eloy. Comerciantes informales y personas que frecuentan la avenida Casanova, en Sabana Grande, donde Sánchez era conocido, confirmaron que varios uniformados lo interceptaron frente a un centro comercial y se lo llevaron esposado en una motocicleta oficial sin placas.
El temor de la familia se agrava por la condición médica de Eloy, quien por su bipolaridad y sin su medicación regular entra en un estado de aislamiento absoluto que le impide hablar.
Meses después de recorrer comandos policiales, un funcionario policial que accedió a revisar los calabozos subterráneos de Plaza Venezuela confirmó haberlo visto en condiciones extremas de deterioro físico. “Me dijo que era un esqueleto forrado en piel y lo reconoció por su único tatuaje y porque no hablaba absolutamente nada; ese detalle del mutismo no lo sabía nadie afuera, solo la familia, porque cuando él pasa semanas sin tratamiento pierde el habla por completo”, relató el hermano.

La defensa legal, a cargo del abogado Moisés Gutiérrez, sostiene que la captura de Sánchez coincidió con detenciones masivas ocurridas en torno a la juramentación presidencial de enero de 2025, cuando se arrestó a personas con determinadas características físicas para vincularlas a supuestas tramas de conspiración.
“El hermetismo responde exactamente al mismo patrón dilatorio que aplicaron con Víctor Quero; no dan acceso al expediente ni permiten visitas, pero en los pasillos todo el mundo sabe quién tiene al detenido”, explicó el jurista a este medio.
El jueves 8 de octubre, los tribunales comisionaron al Tribunal Primero de Control Municipal de Caracas para tramitar el habeas corpus, una asignación que la defensa espera permita obligar al Estado a reportar la ubicación del comerciante.
Extorsiones, morgues y promesas rotas
La búsqueda de respuestas sobre el paradero del comerciante trajo consigo a quienes se aprovechaban para extorsionar. Desconocidos y supuestos intermediarios les exigían pagos en divisas a cambio de información que nunca llegaba, e incluso un funcionario les pidió comprar un aire acondicionado con la promesa de gestionar una fe de vida en El Helicoide.
En medio de la desesperación, la familia llegó a recorrer las instalaciones de la morgue de Bello Monte y a verificar rescates de cadáveres en las riberas del río Guaire cada vez que aparecía un cuerpo con características similares a las de su pariente.
El desgaste también incluyó visitas a los penales de Tocorón, Yare y El Rodeo, donde los custodios de guardia negaron sistemáticamente que el comerciante estuviera registrado en sus listas de ingreso.
“Llegamos a ir a cárceles en el interior del país y yo ofrecía recompensa, no me importaba que me robaran con tal de mantener aunque sea una mínima esperanza viva”, dijo el hermano.

Su madre desarrolló problemas de salud mental
En San Antonio de los Altos, el padre de Eloy dejó de insistir en las fiscalías tras recibir amenazas directas. El golpe más duro lo sufrió la madre, quien empezó a perder peso rápidamente, a sufrir temblores y a padecer ataques de pánico que obligaron a sus hijos a sacarla de urgencia hacia España.
En España pasa los días sedada para soportar la ausencia, mientras en Venezuela el resto de la familia también necesita pastillas para intentar dormir en medio de la incertidumbre.
“Mi mamá me lo dice gritando, que ella hubiera preferido llorar a su hijo muerto; no saber si está vivo o qué le están haciendo te destruye la vida entera y no te deja vivir”, concluyó Randy Rodríguez.
