#Caracas455, un lugar donde se puede ser feliz

LA HUMANIDAD · 25 JULIO, 2022 09:26

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Albany Andara Meza | @AlbanyAndara

Foto por Mairet Chourio (@mairetchourio)

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QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

La ciudad más enérgica y escandalosa de Venezuela, su capital, es también un lugar donde se puede ser feliz. Lo aseguran los caraqueños que viven en esta urbe de 433 kilómetros cuadrados, cuya área metropolitana se divide en cinco municipios, algunos con nombres indígenas. En distintas esquinas, direcciones y avenidas existen memorias dichosas de aproximadamente 4 millones de habitantes.

Santiago de León de Caracas fue fundada hace ya 455 años, el 25 de julio de 1567. En ese entonces era un valle con pretensiones comerciales y no el entramado de calles, plazas y autopistas modernas de hoy. Luego de cuatro siglos es considerada una de las ciudades más peligrosas de la región sudamericana y pasa por una intensa crisis de servicios públicos, pero también es el hogar de varias generaciones que guardan recuerdos alegres y preciados de su vida aquí.

En el marco del aniversario de la capital venezolana, Efecto Cocuyo entrevistó a habitantes de diferentes edades y profesiones en la ciudad, bajo una misma premisa: Un lugar en Caracas donde seas feliz.

Las coincidencias en las respuestas entre jóvenes y adultos demuestran que varios puntos caraqueños son capaces de animar por igual a abuelos, adultos y adolescentes a través del tiempo. 

Felices al aire libre

Hay más de cincuenta parques en Caracas, pero sus habitantes guardan un especial amor por el llamado «Generalísimo Francisco de Miranda» (Parque del Este), ubicado en la parroquia Leoncio Martínez del municipio Sucre. 

Este espacio abrió al público en 1961. Su diseño estuvo a cargo de un arquitecto británico que se enamoró tanto de Caracas que se quedó para planificar casi mil proyectos de espacios ambientales en la ciudad. Se trata de John Stoddart, quién solicitó la ayuda de Roberto Burle Marx, un renombrado paisajista latino recordado como uno de los primeros en denunciar la deforestación en Brasil.

Juntos, consiguieron dar forma a 82 hectáreas de terreno y convertirlas en uno de los espacios de recreación más emblemáticos para los caraqueños. 

El parque cuenta con varias áreas de esparcimiento, incluyendo un terrario de serpientes, un aviario, un planetario, una concha acústica, rutas para correr, cafetines, canchas deportivas entre otros…

«Ahí está parte de mi infancia, son muchos recuerdos con la familia bella y numerosa que tengo. El parque del Este me lleva a ese punto de felicidad total», expresa Rubén Mesa, enfermero de 54 años, residente del municipio Sucre. 

La abogada Maria Margarita Sosa, de 72 años, afirma lo mismo. Vive en el municipio Chacao, pero camina todos los días en el parque del Este, donde le parece imposible estar triste. 

«Me fascina la paz que hay, aunque está full de gente cuando vengo en la mañana», comenta. 

También desde el municipio Chacao, Astrid Reyes, que ha vivido sus 16 años en Caracas, identifica al parque como su lugar feliz. 

«Por los paisajes que tiene cuando cae la noche. Se ve súper bonito», explica. 

En 2008, recibía un total de 270.000 visitantes, según registros del sitio.

El cronista Oviedo y Baños escribió una vez que Caracas cuenta con «…un temperamento tan del cielo, que sin competencia es el mejor de cuantos tiene la América, pues además de ser muy saludable, parece que lo escogió la primavera para su habitación continua”. Los parques y espacios verdes de la ciudad continúan siendo inspiración en la actualidad para miles de transeúntes. 

Un museo en Caracas

Luisa Barrios baila y ama el arte. En sus caminatas, encuentra lugares en Caracas donde organizar coreografías. Pero cuando necesita sentirse plena, atraviesa unas cuantas cuadras del municipio Libertador hasta el Museo de Bellas Artes, en el parque Los Caobos, en el centro de la ciudad. Vive muy cerca y lo agradece internamente. 

Carlos Raúl Villanueva, el mismo arquitecto que diseñó la Universidad Central de Venezuela, planificó la edificación en 1938. En ella se llegaron exhibir obras de Picasso y Henri Laurens, en el siglo XX. Para entonces, contaba con una colección de 5.638 piezas.

«Me acuerdo que la primera vez que fui estaban haciendo un taller de pintura. Quedé encantada, enamoradísima. Este museo me hace drenar mucho», expresa Luisa, de 22 años. 

Caracas 455
El museo fue creado inicialmente en 1917 mediante decreto del presidente encargado, Victorino Márquez Bustillos. Foto: cortesía. 

Rosa Montoya, maestra de música, recuerda el día que dio su primer beso. Fue hace cuarenta años frente al Museo de Bellas Artes. Ese roce de labios fue efímero, duró lo que un suspiro, pero cuando lo rememora sonríe. Ella tenía diecisiete. 

«Me casé con el mismo muchacho después. Ese museo es mi lugar feliz. Íbamos mucho porque a él le gustaba y vivimos cerca, por acá en San Agustín. Ese y la Galería Nacional eran sus favoritos. Nos tomábamos un café, veíamos incluso obras repetidas, pero lo pasábamos muy bien», cuenta. 

A Johanna González también le gusta el museo. Responde sin dudarlo. Tiene 22 años y es muralista: le parece evidente sentirse feliz en un espacio que le hace pensar en lo que le apasiona.

Hacia el centro de la ciudad 

Ana Quintero es feliz en el centro de la capital, entre telas. Tiene 51 años y adora las calles adoquinadas, donde todavía flotan en el aire los restos de la Caracas colonial. Vive en La Vega, municipio Libertador, el más extenso del área metropolitana.

«Cuando estoy por el centro histórico me encanta. Siempre me ha gustado porque yo trabajo con costura y hay muchos almacenes de tela», explica. Recorre las plazas, se divierte fotografiando espacios y conociendo nuevas personas. 

En el lugar abundan las tiendas de tejidos. Es el resultado de la antigua presencia de boutiques famosas con vitrinas adornadas al estilo francés, que a finales del siglo pasado comenzaron a mudarse a otros sectores.

En este punto de Caracas, el medio entre el este y el oeste, también quedan algunas de las sedes de los poderes públicos encargados de gestionar los asuntos del Estado, como el Ministerio Público, El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) o el Capitolio Federal.

Algunas de las plazas más importantes, la Casa Natal del Libertador Simón Bolívar y la Catedral metropolitana de Santa Ana quedan ubicadas en el centro de Caracas.

«Me gusta de Plaza Venezuela al centro de Caracas. Soy feliz ahí porque siento que hay mucha información en esas calles y esos edificios históricos, que a veces la gente no se para a apreciar. Son cosas que han sobrevivido más de cien años. Me siento increíble parada allí», apunta Andreina Campos, estudiante de Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

Un punto de encuentro: El Ávila

«El Ávila es igual a buenos momentos y buena compañía», expresa Daisy Uzcatia, maestra de 49 años, desde el municipio Sucre.

Si en algo coinciden los caraqueños entrevistados por Efecto Cocuyo es que uno de los puntos más bellos de la capital es la montaña de 851,92 kilómetros que la rodea como una muralla. El pulmón de Caracas. Este cerro, que forma parte de la Cordillera de la Costa, aparece en cientos de versos de poetas y escritores que lo subieron o lo admiraron de lejos a través de las décadas.

«El aire contra el Ávila adquiere espesura y tenuidad según la hora. Sus árboles, matorrales y barbechos, en juego con la atmósfera, toman colores que desde lejos se contemplan como grandes manchas, irisaciones, niveles, refracciones», publicó Jesús Sanoja Hernández en su antología poética de 2014.

Entonces lo describió como el más amplio mirador, moviente y reptante. Actualmente también se le conoce como parque nacional Waraira Repano y recibe hasta 1.500 visitantes los fines de semanas según el registro de guardaparques. Es un espacio para hacer senderismo, pasear y disfrutar de la naturaleza.

«La vista más bella de Caracas es el mural natural que tenemos que es El Ávila. Me quedo con eso», señala Rubén Mesa.

«Siento que debes venir a conocer la montaña y a conectarte con ella: el bosque siempre va a ser la respuesta para todo», agregó Kenny Montoya, artista de 19 años, en el municipio Chacao.

Lugares para ser felices en Caracas

Otros entrevistados respondieron a la premisa «Un lugar en Caracas donde seas feliz» de la siguiente manera: 

📍 Diego Balda (17 años). Estudiante de Idiomas: «La plaza de Los Palos Grandes, me da paz mental».

📍 Gabriel Marrero (19 años). Universitario: «La plaza Francia en Altamira. Me la paso ahí siempre y me siento muy seguro».

📍 Deiby López (35 años). Programador: «Centro de Arte Los Galpones, es un lugar para acariciar el arte despacito y por un largo rato»

📍 Suleidy Uzcategui (33 años). TSU en Comercio Exterior: «La Estancia en Altamira, por la conexión con la naturaleza».

📍 Abraham Di Luca (24 años). Estudiante de Física: «Sabas Nieves, porque está lejos del caos de la ciudad».

📍 Kenny Montoya (19 años). Artista: «La plaza Francia. Me ha regalado encuentros y decepciones amorosas, encuentros familiares, conversaciones muy profundas… Cuando estoy muy abrumado vengo a esta plaza con un cuaderno a hacer anotaciones».

LA HUMANIDAD · 10 AGOSTO, 2022

#Caracas455, un lugar donde se puede ser feliz

Texto por Albany Andara Meza | @AlbanyAndara
Foto por Mairet Chourio (@mairetchourio)

La ciudad más enérgica y escandalosa de Venezuela, su capital, es también un lugar donde se puede ser feliz. Lo aseguran los caraqueños que viven en esta urbe de 433 kilómetros cuadrados, cuya área metropolitana se divide en cinco municipios, algunos con nombres indígenas. En distintas esquinas, direcciones y avenidas existen memorias dichosas de aproximadamente 4 millones de habitantes.

Santiago de León de Caracas fue fundada hace ya 455 años, el 25 de julio de 1567. En ese entonces era un valle con pretensiones comerciales y no el entramado de calles, plazas y autopistas modernas de hoy. Luego de cuatro siglos es considerada una de las ciudades más peligrosas de la región sudamericana y pasa por una intensa crisis de servicios públicos, pero también es el hogar de varias generaciones que guardan recuerdos alegres y preciados de su vida aquí.

En el marco del aniversario de la capital venezolana, Efecto Cocuyo entrevistó a habitantes de diferentes edades y profesiones en la ciudad, bajo una misma premisa: Un lugar en Caracas donde seas feliz.

Las coincidencias en las respuestas entre jóvenes y adultos demuestran que varios puntos caraqueños son capaces de animar por igual a abuelos, adultos y adolescentes a través del tiempo. 

Felices al aire libre

Hay más de cincuenta parques en Caracas, pero sus habitantes guardan un especial amor por el llamado «Generalísimo Francisco de Miranda» (Parque del Este), ubicado en la parroquia Leoncio Martínez del municipio Sucre. 

Este espacio abrió al público en 1961. Su diseño estuvo a cargo de un arquitecto británico que se enamoró tanto de Caracas que se quedó para planificar casi mil proyectos de espacios ambientales en la ciudad. Se trata de John Stoddart, quién solicitó la ayuda de Roberto Burle Marx, un renombrado paisajista latino recordado como uno de los primeros en denunciar la deforestación en Brasil.

Juntos, consiguieron dar forma a 82 hectáreas de terreno y convertirlas en uno de los espacios de recreación más emblemáticos para los caraqueños. 

El parque cuenta con varias áreas de esparcimiento, incluyendo un terrario de serpientes, un aviario, un planetario, una concha acústica, rutas para correr, cafetines, canchas deportivas entre otros…

«Ahí está parte de mi infancia, son muchos recuerdos con la familia bella y numerosa que tengo. El parque del Este me lleva a ese punto de felicidad total», expresa Rubén Mesa, enfermero de 54 años, residente del municipio Sucre. 

La abogada Maria Margarita Sosa, de 72 años, afirma lo mismo. Vive en el municipio Chacao, pero camina todos los días en el parque del Este, donde le parece imposible estar triste. 

«Me fascina la paz que hay, aunque está full de gente cuando vengo en la mañana», comenta. 

También desde el municipio Chacao, Astrid Reyes, que ha vivido sus 16 años en Caracas, identifica al parque como su lugar feliz. 

«Por los paisajes que tiene cuando cae la noche. Se ve súper bonito», explica. 

En 2008, recibía un total de 270.000 visitantes, según registros del sitio.

El cronista Oviedo y Baños escribió una vez que Caracas cuenta con «…un temperamento tan del cielo, que sin competencia es el mejor de cuantos tiene la América, pues además de ser muy saludable, parece que lo escogió la primavera para su habitación continua”. Los parques y espacios verdes de la ciudad continúan siendo inspiración en la actualidad para miles de transeúntes. 

Un museo en Caracas

Luisa Barrios baila y ama el arte. En sus caminatas, encuentra lugares en Caracas donde organizar coreografías. Pero cuando necesita sentirse plena, atraviesa unas cuantas cuadras del municipio Libertador hasta el Museo de Bellas Artes, en el parque Los Caobos, en el centro de la ciudad. Vive muy cerca y lo agradece internamente. 

Carlos Raúl Villanueva, el mismo arquitecto que diseñó la Universidad Central de Venezuela, planificó la edificación en 1938. En ella se llegaron exhibir obras de Picasso y Henri Laurens, en el siglo XX. Para entonces, contaba con una colección de 5.638 piezas.

«Me acuerdo que la primera vez que fui estaban haciendo un taller de pintura. Quedé encantada, enamoradísima. Este museo me hace drenar mucho», expresa Luisa, de 22 años. 

Caracas 455
El museo fue creado inicialmente en 1917 mediante decreto del presidente encargado, Victorino Márquez Bustillos. Foto: cortesía. 

Rosa Montoya, maestra de música, recuerda el día que dio su primer beso. Fue hace cuarenta años frente al Museo de Bellas Artes. Ese roce de labios fue efímero, duró lo que un suspiro, pero cuando lo rememora sonríe. Ella tenía diecisiete. 

«Me casé con el mismo muchacho después. Ese museo es mi lugar feliz. Íbamos mucho porque a él le gustaba y vivimos cerca, por acá en San Agustín. Ese y la Galería Nacional eran sus favoritos. Nos tomábamos un café, veíamos incluso obras repetidas, pero lo pasábamos muy bien», cuenta. 

A Johanna González también le gusta el museo. Responde sin dudarlo. Tiene 22 años y es muralista: le parece evidente sentirse feliz en un espacio que le hace pensar en lo que le apasiona.

Hacia el centro de la ciudad 

Ana Quintero es feliz en el centro de la capital, entre telas. Tiene 51 años y adora las calles adoquinadas, donde todavía flotan en el aire los restos de la Caracas colonial. Vive en La Vega, municipio Libertador, el más extenso del área metropolitana.

«Cuando estoy por el centro histórico me encanta. Siempre me ha gustado porque yo trabajo con costura y hay muchos almacenes de tela», explica. Recorre las plazas, se divierte fotografiando espacios y conociendo nuevas personas. 

En el lugar abundan las tiendas de tejidos. Es el resultado de la antigua presencia de boutiques famosas con vitrinas adornadas al estilo francés, que a finales del siglo pasado comenzaron a mudarse a otros sectores.

En este punto de Caracas, el medio entre el este y el oeste, también quedan algunas de las sedes de los poderes públicos encargados de gestionar los asuntos del Estado, como el Ministerio Público, El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) o el Capitolio Federal.

Algunas de las plazas más importantes, la Casa Natal del Libertador Simón Bolívar y la Catedral metropolitana de Santa Ana quedan ubicadas en el centro de Caracas.

«Me gusta de Plaza Venezuela al centro de Caracas. Soy feliz ahí porque siento que hay mucha información en esas calles y esos edificios históricos, que a veces la gente no se para a apreciar. Son cosas que han sobrevivido más de cien años. Me siento increíble parada allí», apunta Andreina Campos, estudiante de Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

Un punto de encuentro: El Ávila

«El Ávila es igual a buenos momentos y buena compañía», expresa Daisy Uzcatia, maestra de 49 años, desde el municipio Sucre.

Si en algo coinciden los caraqueños entrevistados por Efecto Cocuyo es que uno de los puntos más bellos de la capital es la montaña de 851,92 kilómetros que la rodea como una muralla. El pulmón de Caracas. Este cerro, que forma parte de la Cordillera de la Costa, aparece en cientos de versos de poetas y escritores que lo subieron o lo admiraron de lejos a través de las décadas.

«El aire contra el Ávila adquiere espesura y tenuidad según la hora. Sus árboles, matorrales y barbechos, en juego con la atmósfera, toman colores que desde lejos se contemplan como grandes manchas, irisaciones, niveles, refracciones», publicó Jesús Sanoja Hernández en su antología poética de 2014.

Entonces lo describió como el más amplio mirador, moviente y reptante. Actualmente también se le conoce como parque nacional Waraira Repano y recibe hasta 1.500 visitantes los fines de semanas según el registro de guardaparques. Es un espacio para hacer senderismo, pasear y disfrutar de la naturaleza.

«La vista más bella de Caracas es el mural natural que tenemos que es El Ávila. Me quedo con eso», señala Rubén Mesa.

«Siento que debes venir a conocer la montaña y a conectarte con ella: el bosque siempre va a ser la respuesta para todo», agregó Kenny Montoya, artista de 19 años, en el municipio Chacao.

Lugares para ser felices en Caracas

Otros entrevistados respondieron a la premisa «Un lugar en Caracas donde seas feliz» de la siguiente manera: 

📍 Diego Balda (17 años). Estudiante de Idiomas: «La plaza de Los Palos Grandes, me da paz mental».

📍 Gabriel Marrero (19 años). Universitario: «La plaza Francia en Altamira. Me la paso ahí siempre y me siento muy seguro».

📍 Deiby López (35 años). Programador: «Centro de Arte Los Galpones, es un lugar para acariciar el arte despacito y por un largo rato»

📍 Suleidy Uzcategui (33 años). TSU en Comercio Exterior: «La Estancia en Altamira, por la conexión con la naturaleza».

📍 Abraham Di Luca (24 años). Estudiante de Física: «Sabas Nieves, porque está lejos del caos de la ciudad».

📍 Kenny Montoya (19 años). Artista: «La plaza Francia. Me ha regalado encuentros y decepciones amorosas, encuentros familiares, conversaciones muy profundas… Cuando estoy muy abrumado vengo a esta plaza con un cuaderno a hacer anotaciones».

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