Albañil por la mañana y maestro por la tarde, la historia de un docente en Carabobo - Efecto Cocuyo

LA HUMANIDAD · 9 MAYO, 2020 18:46

Albañil por la mañana y maestro por la tarde, la historia de un docente en Carabobo

Texto por Isabella Reimí │@isabellareimi

Ver más de

Isabella Reimí │@isabellareimi

¿Cómo valoras esta información?

2
QUÉ CHÉVERE
1
QUÉ INDIGNANTE
1
QUÉ CHIMBO

Cada mañana desde hace cuatro años el maestro Eduardo Parra hace mantenimiento o jardinería en las áreas comunes de un conjunto residencial y al mediodía va a pie a la escuela Maribel Caballero de Tirado, que le queda a un kilómetro y medio de distancia.

Sufre de hipertensión y, según su médico, el ajetreo le ha afectado.

Con 21 años de experiencia en educación pública, Parra gana 280 mil bolívares quincenales más un “bono de guerra” de 90 mil bolívares que le otorga la gobernación de Carabobo. Su salario mensual apenas es el 2% de la canasta básica familiar, que para marzo se situó en 30 millones de bolívares.

Pero aún con el trabajo a medio tiempo de albañil “no alcanza para todos los gastos”, dijo.

Además, de la albañilería, Parra ha tenido que trabajar como electricista y vigilante. En el último cargo empezó hace cinco años en su propio edificio cubriendo la guardia de los sábados, y después se le dio la oportunidad de hacer mantenimiento en un conjunto vecino en Naguanagua.

Confiesa que pensó en renunciar a la escuela, mas sus compañeros le advirtieron que le convendría esperar su jubilación. Justo antes del inicio de la pandemia estaba por tramitarla sumándole los seis años que trabajó en educación privada antes de concursar en la educación estatal.

Sin embargo, llegó a un acuerdo con los representantes del quinto grado de la escuela donde es profesor de aula. Si le sale “un tigrito”, como llaman los venezolanos a los trabajos cortos, el maestro no asistirá ese día a la escuela.

“Prefiero ganarme 10 o 15 dólares en un trabajo que haga que ir ese día a las clases para no ganarme nada. Los representes me dicen: ok, profe. Los tenemos ( a los hijos)  en casa ese día.”

 

Un salario en declive

El salario docente se ha “venido abajo”, según Parra, por todas las deudas que ha contraído el Estado con los educadores al acumular la diferencia en los aumentos salariales, que han debido pagarles según el último contrato colectivo. Ahora imagina que el Ministerio de Educación “nunca pagará” la deuda.

Pero en sus comienzos el salario del docente era suficiente para vivir y mantener a sus tres hijos.

“Hubo un aguinaldo que alcanzó para que comprara una nevera para la casa y sobró para mandar a hacer las hallacas y vestir a los niños y a mi mujer”, relató.

Ahora recibe remesas de una de sus hijas, que se mudó a Perú hace un año, pero desde que empezó la pandemia su trabajo se ha suspendido.

Mientras no pueda enviar dinero todos en la casa desempeñan algún esfuerzo para mantener a la familia, por ejemplo, su hijo menor tuvo que aprender a reparar celulares para aportar otro ingreso a la casa. De vez en cuando Parra también recibe una remesa de su hermano, también educador, que ahora vive en Estados Unidos.

Con sus trabajos en el condominio se “ayuda” con alguna comida y ha procurado expandir su fama a todos los condominios vecinos por si surge otro trabajo corto.

“Gracias a este trabajo me he podido comer una arepita en la mañana, y de vez en cuando los vecinos me regalan un paquete de harina o me invitan a comer. Es una ayuda porque lo que más cuesta conseguir es la proteína”.

Todavía le indigna “tanto desinterés del gobierno por el país”.

“Si verdaderamente se interesara vería que el maestro es el que hace el futuro de un país, porque de nosotros salen los profesionales”, dijo, mas no se arrepiente por haber elegido a carrera docente.

 

Más de un oficio

Eduardo Parra no es el único maestro en el estado Carabobo que se vale de un segundo oficio para poder sustentarse y seguir trabajando como educador.

“Conozco docentes que van a pie con el zapato rojo, y docentes que para poder sustentarse venden café en las mañanas frente al (automercado) Central Madeirense. Conozco docentes que están trabajando de cajeros  y maestras que están limpiando en casas, porque ganan más así”, relató Juan Rodríguez,docente de la escuela Ron Calderón en el mismo municipio.

En el caso de Rodríguez, además de enseñar computación, es programador y realiza para sus clientes videos educativos y eventualmente festivos, como videos para matrimonios, bautizos o primeras comuniones.

“El educador hace presencia y transforma, pero si no tiene salario justo o salario digno, si no se ha dignificado ¿cómo puede responder al llamado vocacional?”, reflexionó.

Rodríguez insiste que el Estado ha arrebatado al docente el derecho a trabajar. No solamente por el salario bajo, que en su caso es de 450 mil bolívares quincenales, sino por las malas condiciones de los planteles públicos.

Rodríguez da las clases para los alumnos de Ron Calderón en un centro informático en Paramaracay, a kilómetros de la institución, ya que en diciembre del 2015 a la escuela le robaron 25 computadoras y hasta ahora el Ministerio de Educación no las ha repuesto.

 

Si quieres saber más sobre este tema, lee también: