A cinco semanas del sismo: el temor a la demolición acelera la búsqueda de las familias

Las familias de la OPP 26 denuncian que las máquinas avanzan bajo criterio de demolición y limpieza, sin ejecutar una búsqueda minuciosa de los cuerpos atrapados.

Cuatro máquinas —dos excavadoras sobre orugas, una retroexcavadora y un martillo hidráulico— se ven alrededor de los escombros del OPP 26, en Caribe. No están allí para ayudar a las familias a extraer los cuerpos de sus allegados, sino para remover los escombros de las vías. La falta de cuidado en la remoción pone sobre la mesa una denuncia constante entre los vecinos: bajo esos edificios aún hay familias enterradas; no puede haber demolición.

El ruido interrumpe la conversación de los habitantes y de quienes buscan a sus allegados. A cinco semanas del doblete sísmico, los varguenses continúan la búsqueda, ahora con el temor de que en cualquier momento demuelan lo que queda de los edificios de la Misión Vivienda. Aunque desde hace tres semanas cuentan con el apoyo de operadores de maquinaria pesada, denuncian que no trabajan con el cuidado necesario en las áreas donde aún permanecen personas fallecidas que no han sido extraídas.

Adriana Méndez permanece en el lugar para buscar a su sobrino de 14 años de edad, luego de que lograran recuperar los cuerpos de sus demás allegados, entre ellos el de su hermana, quien residía en la estructura desde hace una década. La búsqueda del adolescente continúa en medio de reclamos por la lentitud e imprecisión de los trabajos con equipo pesado.

“Las maquinarias que ves aquí están porque van a comenzar a demoler; andan apurados. Aquí no están buscando cuerpos. Si uno no está metido ahí con las máquinas, demuelen todo y uno nunca va a conseguir a nuestros familiares. Si uno no está encima, a ellos no les importa”, afirmó Méndez, quien señala que desde el primer día no recibieron asistencia oficial para la búsqueda.

De acuerdo con su testimonio, el despliegue de las retroexcavadoras se ejecuta para el despeje rápido del terreno, pese a los anuncios gubernamentales que condicionaban el uso de estos equipos a la extracción previa de todas las personas atrapadas. En el sitio, se constató cómo las ruinas de una de las torres de las OPP fueron removidas en su totalidad, dejando únicamente una explanada donde solo sobresalen las cabillas de la antigua estructura.

Máquinas dañadas y fallas técnicas

A cinco semanas del evento sísmico, las labores para recuperar los cuerpos de las personas que permanecen bajo las toneladas de escombros no han cesado. Desde urbanizaciones residenciales hasta complejos habitacionales de interés social, los vecinos mantienen la vigilancia y trabajan con sus propias manos para rescatar a sus familiares y conocidos.

Entre las ruinas del edificio Vistamar, una estructura de 14 pisos reducida a escombros en la avenida Costanera de Palmar Este, en Caraballeda, se encuentra Sara Hernández, de 24 años. Aunque no busca a seres queridos directos, permanece en el sitio para acompañar a sus amigos en la localización de seis de sus familiares: dos niños y cuatro adultos.

Las labores se concentran en torno a un túnel improvisado que conecta con el área de ascensores en el vestíbulo principal. “Ellos quedaron tapiados a partir del pasillo que une con el lobby. Ya se descartaron los ascensores, entonces estamos viendo más o menos dónde podrían estar”, explica Hernández sobre el punto de la excavación.

Los trabajos en Vistamar han estado marcados por la escasez de maquinaria pesada y la falta de apoyo institucional. Hernández llegó a la zona una semana después del sismo junto a un grupo de compañeros rescatistas, momento en el que, asegura, no se realizaban labores oficiales en la estructura. A la dificultad del terreno se sumaron las fallas técnicas recurrentes de las retroexcavadoras gestionadas de forma particular. “Pedimos un Jumbo, pero cada vez que llegaba uno, siempre se dañaba algo, no tenía batería o se le soltaba la guaya. Nos rendimos con el Jumbo”, relató.

Tras cinco semanas de trabajo continuo realizado por los propios allegados, recientemente recibieron el apoyo de bomberos y voluntarios provenientes del estado Carabobo. Sin embargo, la incertidumbre persiste ante la falta de hallazgos. “Apenas aquí es donde tenemos un indicio. Ayer nos vino a ayudar el equipo de bomberos voluntarios de Valencia, pero hasta ahora prácticamente hemos sido nosotros solos, los familiares y los propios voluntarios”, señala Hernández.

Cinco semanas bajo el toldo en Bahía Mar

El toldo y las carpas de la familia de Gloria Rey, de 53 años, permanecen instalados desde hace cinco semanas frente a las ruinas del edificio Bahía Mar, en la avenida Costanera. En ese punto, allegados y voluntarios continúan la búsqueda de un grupo de familiares y conocidos, entre ellos su nieta, Aranza Tarache, de ocho años de edad, quien había ido a pasar el día feriado con la familia de su mejor amiga.

Tras haber invertido previamente hasta 20.000 dólares para financiar cuatro días de operaciones con una grúa pluma, según reportaron los afectados a Efecto Cocuyo en días pasados, las labores actuales dependen del trabajo manual y de herramientas menores. La búsqueda en la zona permanece paralizada en lo referente a maquinaria pesada; una retroexcavadora prestada por un particular lleva alrededor de diez días inactiva por fallas mecánicas.

“Nosotros ya no estamos pagando maquinaria; la que nos prestaban se dañó y no tenemos otra. Como la máquina no funciona, nos toca trabajar con el retromartillo o con las mismas manos”, explica sobre los trabajos que ejecutan directamente los allegados, sin la intervención de equipos técnicos estatales en el sitio, donde la presencia militar se limita al control del tránsito y al resguardo del perímetro. “Ellos no nos han ayudado a nada”, dijo.

La ubicación exacta de las personas dentro del perímetro colapsado sigue sin determinarse. La última comunicación recibida por la familia fue una nota de voz enviada a las 6:02 p.m. del día del evento sísmico.

Restricciones por demoliciones en Playa Grande y ayuda en Macuto

El acceso a la urbanización Playa Grande, al oeste de La Guaira, está restringido temporalmente por la Guardia Nacional debido a la demolición, mediante explosiones controladas, de dos edificios con riesgo de colapso. La falta de información sobre los horarios del cierre generó reclamos entre los residentes que intentaban ingresar a retirar pertenencias de sus viviendas.

En paralelo, en la parroquia Macuto se mantiene la distribución de asistencia coordinada por las ONG Global Empowerment Mission e I Love Venezuela, en alianza con Cáritas. Los insumos, provenientes de donaciones en Estados Unidos, se trasladan diariamente por vía aérea para atender el eje desde Carayaca hasta Camurí.

De acuerdo con el balance ofrecido por Eugenia Wallis, representante de la alianza operativa, hasta este 30 de julio el programa registra la entrega de 70.000 cajas de alimentos e higiene, 1.500 carpas y 150 plantas eléctricas, con un alcance estimado de 250.000 personas. Específicamente en la jornada de Macuto, Wallis detalló que se descargó una gandola con 1.450 cajas de ayuda humanitaria.

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Me dedico al periodismo con enfoque en derechos humanos. Hago cobertura sobre violencia en un país con pocas garantías