Explicación facilita -y entretenida- sobre cómo se elige al presidente en Estados Unidos - Efecto Cocuyo

INTERNACIONALES · 3 NOVIEMBRE, 2020 20:59

Explicación facilita -y entretenida- sobre cómo se elige al presidente en Estados Unidos

Texto por Laura Weffer Cifuentes

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En las elecciones estadounidenses de 2016, la  candidata Hillary Clinton obtuvo tres millones de votos populares más que Donald Trump. Sin embargo, él resultó elegido como presidente. ¿Por qué?

La explicación corta: porque el empresario tuvo mayoría en tres estados decisivos, pendulares o púrpuras; la explicación larga -y que intentaremos resolver aquí- reside en cómo fue concebido el sistema electoral en el siglo XVIII y que depende de los Colegios Electorales, de estados bisagra y de la política del “ganador se lleva todo”.

En 1787, los artífices de la nueva Constitución de Estados Unidos no tenían ni idea de cómo elegir al líder de esa nación. Nadie lo había hecho nunca antes. Y estaban genuinamente preocupados de que los ciudadanos no conocieran a los políticos ni a los candidatos nacionales (recordemos que faltaban unos cuantos años para la llegada de la televisión, el teléfono y ni hablar del Internet).

Los votantes solo sabían de sus  comunidades locales porque ahí es donde vivían y  donde pasaban su tiempo. La mayoría de ellos, no viajaba. Así que el conocimiento del mundo era bastante restringido. 

Entonces, a la conclusión que llegaron, fue una para nada original: recurrirían a un cuerpo elitista, hombres, con educación académica, exalcaldes, jueces o generales de guerra. Sobre ellos recaería la responsabilidad de decidir quién era la persona más apta para ser el -o la- presidente de Estados Unidos. De allí nacen los Colegios Electorales

Ahora, la Constitución recién nacida no especificaba nada sobre si estos personajes debían votar de acuerdo a sus preferencias personales o atendiendo el llamado de los ciudadanos. 

Lo que sí dejaba claro es cuántos electores debe tener cada estado del país.

La cuenta que sacaron fue la siguiente: cada estado obtiene tantos electores en Colegios Electorales como miembros del Congreso tenga. (En Estados Unidos cada estado cuenta sus curules en la Cámara de Representantes según su población: mientras más gente, más legisladores tienen). Esa era la única regla clara, el resto dependía de cada uno de los estados. 

Les tomó unos cuantos años darse cuenta de lo injusto del sistema y es a principios de 1820 cuando deciden darle un giro, que hasta el día de hoy prevalece. Esa medida se conoce como: “El ganador se lo lleva todo”.

Este concepto es tan sencillo como se lee. Cada estado le da todos sus votos del Colegio Electoral, el 100%  de ellos, al candidato que obtenga la mayoría. Lo que significa en la práctica, que quien no votó a ganador, pierde su voto. 

Imaginemos que un Colegio Electoral de un estado cualquiera divide sus votos: cinco para los republicanos y seis para los demócratas. En la contabilización total no se sumarán individualmente para cada candidato sino que se darían los 11 votos del Colegio Electoral a los demócratas.

Y es aquí cuando entran en juego los estados pendulares o bisagras (swing states), púrpuras (purple) o en disputa (battleground), todos son sinónimos.Estos son estados en los que tradicionalmente no está clara la tendencia electoral. Pueden votar republicano o pueden votar demócrata, nada está escrito. 

Es por eso que gran parte de los esfuerzos de campaña están dirigidos a ese electorado. Es donde más se gasta dinero en propaganda y son a los que más tiempo dedican. 

En estas elecciones de 2020 son seis: Florida (con 29 miembros del Colegio Electoral), Carolina del Norte (15), Pensilvania (20), Michigan (16), Wisconsin (10) y Arizona (11). Algunos expertos han agregado Texas (38), porque aunque siempre han ganado los republicanos también ha sido muy alta la abstención, y por primera vez se está viendo un importante incremento en la participación. 

En cualquier caso, para que un presidente resulte electo necesita 270 votos de los 538 representantes del Colegio Electoral. Igual hay que hacer variaciones dependiendo del triunfo por los estados, tradicionalmente rojos (partido republicano) y azules (demócratas).

Entonces, así queda en evidencia la importancia de estados como Florida y Pensilvania. 

En el primero, las encuestas están muy reñidas. En las últimas cuatro elecciones, el candidato que prevaleció en ese estado resultó electo como presidente. Y aunque Trump lo ganó en 2016, los demócratas han obtenido 25 veces el triunfo en comparación con 16 de los republicanos. 

Otro caso interesante es el de Pensilvania. No solo porque es uno de los estados bisagras, sino además porque tiene leyes particulares. Allí solo se pueden contar las boletas una vez que se hayan cerrado los centros electorales -en otros lugares el conteo puede iniciar antes con los votos adelantados por correo- sino que además, las leyes permiten que se pueden recibir boletas vía postal hasta tres días después del 3 de noviembre. Es decir, si la decisión final recae sobre Pensilvania, podría tardar hasta el próximo viernes. 

Ahora sí, volvamos al 2016. Clinton aventajando a Trump con tres millones de votos populares, pero en los Colegios Electorales, el candidato republicano obtuvo 304 votos e Hillary alcanzó solo 227. 

Por el momento, solo queda sacar el mapa de Estados Unidos e ir coloreando las tendencias a medida que transcurra la noche, la madrugada o los días por venir.

 

Este artículo es una versión libre de la entrevista hecha por Michael Barbaro en The Daily a Jesse Wegman. 

 

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