Brasil: entre la pandemia y el fantasma del juicio político

INTERNACIONALES · 30 ABRIL, 2020 12:20

Ver más de

Augusto Taglioni

Foto por Efe

¿Cómo valoras esta información?

1
QUÉ CHÉVERE
QUÉ INDIGNANTE
QUÉ CHIMBO

La dinámica brasileña se ha tornado muy intensa y vertiginosa en menos de dos años de gobierno de Jair Bolsonaro. Al drama sanitario del coronavirus que tiene al Brasil con más muertos que China y entre los 9 países con más infectados del mundo y sus consecuencias económicas y sociales, hay que sumarle una profunda crisis política que comenzó con la desobediencia de los gobernadores y la tensión creciente con el Parlamento hasta llegar al propio gabinete presidencial.

Esta situación derivó en el despido del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta por apoyar las medidas de aislamiento social implementada por los gobernadores para enfrentar el COVID-19 y la renuncia de Sergio Moro al Ministerio de Justicia y Seguridad en respuesta a la decisión de Bolsonaro de echar a Mauricio Valeixo, director de la Policía Federal y hombre de confianza de Moro.

La salida del exjuez del Lava Jato significa un duro golpe para el jefe de estado por varios motivos:

1️⃣ Gran parte de la base electoral del oficialismo es hija de la Operación Lava Jato y apoyó las investigaciones de Moro que generaron las condiciones para la victoria de Bolsonaro en 2018. Si bien la última encuesta de Datafolha indica que hay un 33 por ciento de la población que sigue apoyando al jefe de Estado, la dimisión de Moro podría provocar una merma, ya que cuenta con un 50 por ciento de aprobación.

2️⃣ Abre un nuevo frente de batalla dentro del Poder Judicial. El exmagistrado denunció que el presidente quiso interferir en la autonomía de la Policía Federal y eso motivó la apertura de una investigación del Supremo Tribunal Federal (STF).

3️⃣ La pérdida de apoyo de un sector de las élites económicas que apoyaron a Bolsonaro en los inicios y ven en Moro un representante de los grupos dominantes tradicionales.

Bolsonaro decidió profundizar la impronta ultra conservadora y liberal de su gobierno y reforzar su autoridad disciplinando las disidencias internas, aún con el riesgo de socavar su núcleo de apoyo y quedar al borde el juicio político.

Al mismo tiempo, figuras como Mandetta, Moro o el gobernador de Sao Paolo, Joao Doria, cuentan con ambiciones personales que apuntan a las elecciones presidenciales de 2022 en un armado electoral de centro derecha capaz de contener a los decepcionado con al actual rumbo de cosas.

Gobierno debe evitar juicio político

Para evitar esto, el gobierno debe construir un puente de diálogo con el interbloque de partidos tradicionales conocidos como Centrao, que le podrían dar apoyo en caso de que el titular de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, decida dar inicio al proceso o no de juicio político. Para darle forma este acuerdo, el gobierno debería abrirse a las fuerzas que políticas de este poderoso grupo parlamentario. ¿Lo hará? Sería contradecir el lema “Más Brasil, menos Brasilia” como rezaba su campaña electoral.

El oficialismo hoy contaría con 136 voluntades contra más de 170 votos de la centroizquierda (la suma Partido de los Trabajadores y aliados y el Partido Social Liberal, ex partido de Bolsonaro) que votarían por la destitución

De todas formas, esto no parece estar entre las prioridades de Maia que pidió “paciencia” y consideró que un juicio político agravaría la crisis institucional del país en un contexto de pandemia.

Bolsonaro camina sobre un fino equilibrio en el cual, en la medida que refuerza su liderazgo se agrava la crisis política y social del país y aumentan las oportunidades de un largo proceso de destitución. Es por eso que necesita poner el foco afuera y en ese sentido se explican las recientes declaraciones de su ministro de economía, Paulo Guedes, quien prometo que “Brasil no será Venezuela ni Argentina sino que su futuro es de prosperidad” para recuperar una narrativa anti-izquierda que a esta altura del partido resulta risueña.

La designación del abogado de carrera, doctor en Derecho y pastor evangelista, André Mendonca, en el ministerio de Justicia y Seguridad habla de la necesidad de Bolsonaro de darle espacio a funcionarios de bajo perfil que no impliquen un riesgo futuro y caminen en el mismo sentido que propone quien conduce un barco que tiene muchas chances de hundirse.

Prohibición del Tribunal

Por su parte, la prohibición del STF de la nominación de Alexandre Ramagem, un amigo de confianza de Carlos Bolsonaro y ex custodio de Jair, en la dirección de la Policía Federal demuestra la intención de minar lugares claves del Estado con gente de confianza tendrá la residencia de un poder judicial que está dispuesto a confrontar con cada decisión gubernamental en un verdadero choque de poderes.

La coalición de gobierno combina el liderazgo el Bolsonaro, la hegemonía interna de los militares, la persistencia del ala ideológica liderada por Olavo de Carvalho y sus hijos, el poder de los evangelistas y la persistencia de los liberales ortodoxos comandados por Guedes que, aún en tensión con el ala militar, siguen contando con el aval presidencial.

El drama de la pandemia, el inminente colapso en el sistema de salud, el latente aumento de la desocupación y la recesión con un combo letal en el futuro inmediato de Brasil que muestra a un Bolsonaro dispuesto a hacer todo lo que esté a su alcance para sobrevivir en medio del cataclismo y obliga la región a estar en alerta constante.