La primavera fallida: Credit Suisse tenía profundos lazos con élites árabes

ESPECIALES · 25 FEBRERO, 2022 12:26

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OCCRP, Süddeutsche Zeitung


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En el ocaso del régimen de su padre Hosni Mubarak en Egipto, Gamal y Alaa Mubarak eran los amos de su mundo, saltando de foros de inversión, a reuniones políticas y a mansiones de lujo. La economía liberalizada bajo el mandato del presidente Mubarak estaba en auge y los hermanos tenían los contactos para sacar provecho.

Se planearon recortes de subsidios, se privatizaron empresas estatales y tierras públicas podían ser adquiridas a bajo precio, si se conocían las personas adecuadas. Los hermanos acumularon cientos de millones de dólares en villas, coches de lujo y acciones en importantes empresas egipcias. Una riqueza llamativa en un país en el que una cuarta parte de la población vivía con menos de 3,20 dólares al día.

Sus familiares y socios empresariales también prosperaron. Los tratos preferenciales dispararon los beneficios de las compañías de la familia política y los aliados de Mubarak. Y parecía que la situación sólo podía mejorar para los hermanos: Gamal, que había encabezado las reformas económicas, era el favorito para suceder a su padre como presidente. 

Todo ese mundo se derrumbó en solo tres semanas de 2011, cuando millones de personas tomaron las calles en el mundo árabe, exigiendo responsabilidades a una clase dirigente que había acaparado la riqueza y la había enviado al extranjero durante décadas. Mubarak dimitió en febrero, y a la media hora las autoridades suizas habían congelado cientos de millones de dólares de activos vinculados a él y a miembros de su gobierno.

Investigadores lanzaron entonces una caza mundial en busca de los millones de Mubarak. En los meses y años siguientes también se congelaron activos vinculados a funcionarios en Yemen, Siria y Libia. Pero el inventario completo del dinero escondido en el extranjero ha seguido siendo difícil, especialmente en las jurisdicciones donde predomina el secreto. 

Ahora, los datos filtrados de Credit Suisse ofrecen una nueva perspectiva de la riqueza que los Mubarak y otras élites tenían en el banco con sede en Zúrich antes de la Primavera Árabe. Y cuando esta explosión social empezara a poner en peligro su control del poder.

La investigación Suisse Secrets

Suisse Secrets es un proyecto periodístico colaborativo basado en una filtración de datos bancarios del gigante del sector bancario Credit Suisse. 

Los datos fueron entregados por una fuente anónima al diario alemán Süddeutsche Zeitung, que los compartió con OCCRP y 47 medios aliados alrededor del mundo. Periodistas de 5 continentes revisaron miles de registros bancarios, entrevistaron fuentes internas, reguladores, fiscales, examinaron documentos judiciales y financieros para corroborar los hallazgos. Los datos abarcan alrededor de 18.000 cuentas, abiertas desde 1940 hasta los años 2010. Entre todas, acumularon fondos por más de 100 mil millones de dólares.

«Creo que las leyes del secreto bancario suizo son inmorales», dijo la fuente anónima en una declaración. «El pretexto de proteger la privacidad financiera no es más que una hoja de parra que cubre el vergonzoso papel de los bancos suizos como colaboradores de los evasores fiscales. Esta situación permite la corrupción y priva a los países en desarrollo de unos ingresos fiscales más que necesarios”.

Dado que los datos de Credit Suisse obtenidos por los periodistas son incompletos, hay que tener en cuenta una serie de advertencias importantes a la hora de interpretarlos. Lea aquí más sobre el proyecto, la procedencia de los datos y su significado. 

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Los datos muestran que los hermanos Mubarak tenían seis cuentas en Credit Suisse. Una de ellas a nombre de Alaa se abrió en 1987, cuando tenía 27 años. Otra cuenta, propiedad de los dos, tuvo un saldo máximo de 277 millones de francos suizos. Una cantidad sugerida en su día por las autoridades egipcias, pero que nunca fue confirmada.

Los activos de los hermanos en el banco sí parecen haber sido congelados tras la Primavera Árabe, aunque nadie lo ha reconocido expresamente. A través de sus abogados, los Mubarak aseguraron que todos sus activos «fueron plenamente declarados y adquiridos a partir de sus actividades empresariales profesionales» y «se originaron a partir de fuentes totalmente legítimas y legales». 

La información de Suisse Secrets también revela la existencia de cuentas no declaradas anteriormente a nombre de los suegros de ambos hermanos, Mohamed Magdy Rassekh y Mahmoud Yehia El-Gammal, algunas con millones de francos suizos. Otras cuentas estaban a nombre de algunos de los socios empresariales de la familia, incluidos algunos implicados en juicios por corrupción tanto antes como después de la Primavera Árabe.

Los datos filtrados tenían más cuentas de Egipto que de cualquier otro país árabe. Pero muchos personajes ricos y poderosos de la región también aparecen en los datos: presidentes, familias reales, ministros, espías y magnates con estrechos vínculos gubernamentales. Los titulares de las cuentas proceden de más de media docena de países donde se prendieron las protestas de la Primavera Árabe, incluyendo Siria, Yemen, Libia, Argelia, Marruecos y Jordania. Estas cuentas, que ofrecen una ventana a la riqueza que las élites árabes poseían en el extranjero en la década anterior a la revuelta, tenían en conjunto un valor de al menos 1.000 millones de dólares.

Los datos también revelan el rol que Credit Suisse desempeñó durante años, permitiendo que las élites árabes ocultaran su riqueza en el extranjero, incluso cuando ellos y sus gobiernos eran acusados de perjudicar a toda una región a través de corrupción y nepotismo. Quejas que se encuentran en el corazón de las protestas de la Primavera Árabe.

Algunos clientes tuvieron cuentas a pesar de años de escándalos, como es el caso de Hussein Salem, un estrecho colaborador de Mubarak cuyo nombre se convirtió en sinónimo de corrupción y amiguismo. Otros, entre ellos algunos jefes de servicios secretos, se vieron implicados en violaciones de los derechos humanos, como la tortura y entregas extralegales de prisioneros lideradas por Estados Unidos.

Expertos que le han hecho seguimiento a los flujos ilícitos financieros de la región, señalan que los bancos suizos y otras entidades financieras internacionales participaron en el movimiento de los fondos que los manifestantes de la Primavera Árabe querían recuperar. 

Waleed Nassar, un abogado que trabajó en la recuperación de activos de Egipto, denunció que los bancos extranjeros construyeron regularmente relaciones personales con los clientes ricos de Egipto, que luego podían mover dinero fuera del país, de una manera que no saltasen las alarmas.

«Usted y yo no podemos ir a un banco ahora mismo y salirnos con la nuestra en algunas cuestiones básicas que son atípicas desde el punto de vista del protocolo, pero estos tipos sí pueden», destacó Nassar. «De no ser por su conducta [de los bancos], para empezar gran parte del dinero nunca habría podido ser transferido fuera de Egipto».

Lo que ya sabíamos de su riqueza en el extranjero

La Primavera Árabe dio lugar a un escrutinio sin precedentes de la riqueza que las élites regionales tenían escondida en el extranjero.

Las autoridades suizas aseguraron entonces que más de 1.000 millones de dólares en activos relacionados con los países de la Primavera Árabe fueron congelados después de la revuelta, pero rara vez han dado detalles más allá de esas generalidades. Pero es probable que estas cifras cubran solo una pequeña parte de la riqueza robada. Un informe de Transparencia Internacional de 2016 calculó que sólo el régimen de Mubarak se apropió de casi 50.000 millones de dólares. La ONG estimó que los regímenes de Túnez, Yemen y Libia sustrajeron más de 115.000 millones de dólares.

Los juicios por corrupción y filtraciones periodísticas anteriores han añadido algunos detalles. Una filtración de datos de 2015 de la sucursal suiza del HSBC, por ejemplo, reveló cuentas de personajes vinculados a los regímenes de Mubarak y Assad. Los Papeles de Panamá de 2016 y los Papeles de Pandora de 2020 también mostraron una serie de empresas offshore con cientos de millones de dólares en activos de las élites árabes. Sin embargo, la mayor parte de la riqueza no ha sido rastreada y puede que nunca lo sea.

En un comunicado, Credit Suisse rechazó «las acusaciones e inferencias sobre las supuestas prácticas comerciales del banco» y aseguró que estaba trabajando continuamente «para reforzar su marco de cumplimiento y control». El banco añadió que las cuentas de la investigación periodística eran «predominantemente históricas» y «basadas en información parcial y selectiva sacada de contexto, lo que resulta en interpretaciones tendenciosas de la conducta comercial del banco».

«Aunque Credit Suisse no puede hacer comentarios sobre las posibles relaciones con los clientes, podemos confirmar que se han tomado medidas en línea con las políticas aplicables y los requisitos regulatorios en los momentos pertinentes, y que las cuestiones relacionadas ya se han abordado», afirmó la entidad financiera suiza.

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Vínculos históricos: Abdul Halim Khaddam

Durante los años de su gobierno, el antiguo vicepresidente sirio Abdul Halim Khaddam consiguió acumular decenas de millones de dólares en activos, acciones de empresas y mansiones palaciegas. Una fortuna sorprendente para alguien que fue funcionario público toda la vida.

Khaddam ocupó cargos gubernamentales de alto nivel entre 1970 y 2005, primero como ministro de Asuntos Exteriores y luego como vicepresidente de Hafez Al-Assad. Se hizo conocido en la década de 1980, cuando ayudó a diseñar la participación de Siria en la guerra civil del vecino Líbano y la posterior ocupación del país.

Con el objetivo de respaldar a los políticos libaneses pro-Damasco, Khaddam entabló una amistad con el rico empresario Rafik Hariri, apoyando su exitosa candidatura a primer ministro de Líbano en 1992. Hariri era conocido por aceitar sus relaciones con dinero, y su amistad con Khaddam no fue una excepción.

Un antiguo funcionario sirio de alto nivel confesó a OCCRP que Khaddam había «dominado el Líbano a través de Hariri», quien a su vez le pagó con favores. Recordó haberse reunido con Khaddam en Damasco, donde el vicepresidente «llevaba una vida de leyenda». El nivel de corrupción de Khaddam era tan evidente que «no necesita documentos» para ser probado, señaló el exfuncionario.

Nuevas acusaciones contra Khaddam surgieron después de que Hariri fuera asesinado durante su segundo mandato como primer ministro en 2005, un crimen del que se culpó ampliamente al régimen de Damasco.

Al año siguiente, Khaddam desertó del gobierno sirio dirigido por su actual presidente, Bashar Al-Assad, y huyó a París. Como represalia, los funcionarios sirios comenzaron a filtrar detalles de sus negocios previos.

En una sesión informativa con periodistas, funcionarios dijeron que Khaddam había recibido unos 500 millones de dólares de Hariri a lo largo de dos décadas, parte de ellos en forma de casas, yates y fondos depositados en cuentas bancarias francesas, libanesas y suizas. Los medios sirios también informaron que Khaddam aceptó sobornos en la década de 1980 para permitir que Francia y Alemania enterraran residuos radiactivos en el desierto.

Los detalles de la cuenta en Credit Suisse de Khaddam, de la que era titular con su esposa y sus tres hijos, confirman que la familia efectivamente acumuló una riqueza sustancial mientras Khaddam estaba en el cargo. La cuenta fue abierta en 1994 y alcanzó su mayor saldo, de casi 90 millones de francos suizos, en septiembre de 2003 (68 millones de dólares en ese entonces).

Khaddam murió en 2020. Sus hijos no respondieron a las llamadas telefónicas ni a los cuestionarios que se les enviaron en repetidas ocasiones por correo electrónico y mensajes de texto.  

El exvicepresidente fue sólo uno de los muchos miembros de la élite árabe que utilizó Suiza para acumular su riqueza. Durante años, el secreto financiero y la relativa estabilidad del país lo convirtieron en un destino popular para fondos legales e ilegales.

«La percepción de que era un refugio seguro para ocultar la riqueza de una manera que proporcionaba altos niveles de confidencialidad convirtió a Suiza en un destino atractivo para muchos individuos», explicó a OCCRP Jackson Oldfield, un investigador del Foro Civil para la Recuperación de Activos.

Suiza y otros países europeos también se consideraban «estables en el sentido de que el dinero no iba a desaparecer por culpa de las fluctuaciones monetarias, a causa de potenciales gobiernos inestables en el futuro», apuntó. 

En total, los datos de Suisse Secrets muestran que cinco antiguos o actuales jefes de Estado o de gobierno del mundo árabe estuvieron vinculados a cuentas en Credit Suisse. Estos datos también incluyen nombres de jefes de espionaje o personas conectadas con los servicios de inteligencia –la columna vertebral de muchos Estados árabes– de Yemen, Jordania, Irak y Egipto. Algunas cuentas estaban en manos de prominentes figuras empresariales acusadas de actuar como testaferros de los gobernantes árabes.

Cinco líderes árabes con cuentas en el banco

Al menos cinco jefes de Estado o de gobierno árabes disponían de cuentas en Credit Suisse, según muestran los datos filtrados del banco suizo.

  • El rey Abdullah II de Jordania, receptor de miles de millones de dólares en ayuda estadounidense y europea, tenía cuentas con cientos de millones de francos suizos. Su esposa, la reina Rania, y el principal contador del palacio real también eran clientes del banco.

Abogados que representan a la familia real jordana confirmaron a The Guardian –uno de los medios que participa en Suisse Secrets– que el rey había tenido múltiples cuentas en Credit Suisse y que una de ellas seguía activa. Fue abierta en 2014 y alcanzó un saldo máximo de más de 15 millones de francos suizos en 2016.

Dichos abogados indicaron que las «cuentas se utilizan para la adquisición de activos, inversiones, gastos operativos y personales y desembolsos generales, incluida la financiación de ciertas iniciativas reales». Además, señalaron que el rey y la reina «nunca han desviado fondos del Tesoro, de los activos públicos, de la ayuda internacional o del presupuesto gubernamental hacia cuentas situadas en el extranjero o para su enriquecimiento personal».

  • El antiguo sultán de Omán, Qaboos bin Said, tenía dos cuentas, entre ellas una abierta en 1971 cuyo valor máximo llegó a superar los 177 millones de francos suizos (166 millones de dólares). Las autoridades omaníes no respondieron los reiterados cuestionarios enviados.
  • El empresario y político iraquí Ayad Allawi tuvo cuentas a partir de la década de 1980. Eso coincide con el tiempo en que dirigió un partido de exiliados iraquíes apoyado por Occidente y cuando fue primer ministro de Irak tras la invasión estadounidense. El saldo máximo de una de las cuentas superó los cinco millones de francos suizos (5,2 millones de dólares). Allawi no respondió a las solicitudes por correo electrónico para conocer su versión.
  • El hombre fuerte de Argelia, Abdelaziz Buteflika, que dimitió tras protestas masivas contra su candidatura a un quinto mandato en 2019, mantuvo una cuenta junto a otros miembros de su familia que coincidió temporalmente con gran parte de su mandato como presidente. El saldo máximo alcanzó más de 1,4 millones de francos suizos.  Buteflika murió en 2021.
  • Samir Rifai, el exprimer ministro de Jordania, que dimitió en 2011 en medio de manifestaciones populares, también tenía varias cuentas. Rifai aseguró a los periodistas de Suisse Secrets que los fondos procedían de fuentes legítimas, como la venta de propiedades familiares, y que habían sido declarados a las autoridades competentes. Descartó «total, inequívoca y absolutamente» cualquier sospecha de que esos fondos tuvieran un origen ilícito.

En Siria, estos clientes del banco incluyeron a Mohammad Makhlouf, el cuñado del expresidente Hafez Al-Assad, que actuó durante años como su testaferro mientras aprovechaba sus vínculos políticos para crear un imperio comercial que abarcaba el tabaco, los inmuebles, la banca y el petróleo.

El magnate egipcio Hussein Salem, un viejo aliado de Mubarak con vínculos en las agencias de inteligencia del país, fue cliente de Credit Suisse durante más de tres décadas. Era titular de al menos doce cuentas con saldos que a menudo ascendían a decenas de millones, a pesar de haber sido vinculado públicamente con escándalos de corrupción durante años, tanto antes como después de la Primavera Árabe.

Incluso Libia, a pesar de ser sancionada por Naciones Unidas en 1992 para obligar a Muammar Gaddafi a cooperar con las investigaciones sobre el atentado contra un avión en Lockerbie (Escocia), proporcionó numerosos clientes a Credit Suisse. Eso incluyó un grupo de individuos acusados de saquear un fondo público de desarrollo durante dos décadas.

Salem murió en 2019 y Makhlouf en 2020. OCCRP envió mensajes al abogado de Salem por correo electrónico y al hijo de Makhlouf, Rami, a través de sus cuentas en las redes sociales, pero no recibió respuesta. El abogado de uno de los hombres de negocio libanpes dijo que sus “negocios siempre han sido legales y declarados”. 

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Élites conectadas entre sí: el Egipto de Mubarak

Desde su posición senior en el Partido Nacional Democrático de Egipto, Gamal Mubarak supervisó muchas de las reformas económicas de su padre en los años anteriores a la Primavera Árabe. La liberalización fue muy popular entre los inversores, pero apenas mejoró las condiciones de vida de la mayoría de egipcios: las tasas de pobreza aumentaron desde el 17 al 25 por ciento en los tres lustros anteriores a 2011.

Al mismo tiempo, élites vinculadas a los Mubarak se beneficiaron del nuevo entorno empresarial, comprando propiedades estatales y otros activos a bajo precio y beneficiándose de préstamos respaldados por el Estado. Muchas de las ganancias fueron a parar a cuentas bancarias en el extranjero.

Los juicios por corrupción celebrados tras la Primavera Árabe mostraron que, además de los vínculos familiares y la copropiedad de algunas de las mayores empresas del país, muchas de estas élites también estaban conectadas entre sí a través de acuerdos sospechosos tras bastidores.

Uno de los beneficiados fue Mohamed Magdy Rassekh, cuya hija Heddy estaba casada con Alaa, el hermano de Gamal. A lo largo de la década de 1990, Rassekh acumuló numerosos activos, incluso en el sector del gas. También invirtió en el sector inmobiliario, siendo presidente no ejecutivo de la promotora egipcia SODIC.

Después de la Primavera Árabe, un tribunal determinó que Rassekh había conspirado con un antiguo ministro de Vivienda para obtener parcelas en las afueras de El Cairo a precios inferiores a los de mercado. En 2012, Rassekh fue condenado a cinco años de prisión, aunque el año pasado consiguió llegar a un acuerdo de «reconciliación» con las autoridades egipcias por el que él y el ministro pagaron unos 80 millones de dólares a cambio de que se les retiraran los cargos. Rassekh no contestó a repetidos mensajes que se le enviaron a sus abogados.

Los datos de Suisse Secrets muestran que Rassekh fue cliente de Credit Suisse por más de media década antes de la Primavera Árabe. Una cuenta abierta en 2005 tenía más de tres millones de francos suizos (2,5 millones de dólares) al año siguiente. Fue cerrada en 2015, más de cuatro años después de que su nombre apareciera por primera vez en las listas de personalidades cuyos activos fueron congelados tras el levantamiento en Egipto. 

El rastreo de los activos de Rassekh y de otros miembros de la familia Mubarak muestra lo profundamente entrelazados que estaban los vínculos familiares, empresariales y políticos en vísperas de la Primavera Árabe. Y cómo muchas de las figuras clave del sistema disponían de cuentas en Credit Suisse.

Intereses compartidos 

  • La empresa inmobiliaria SODIC recibió inversiones del banco de inversión con sede en El Cairo, EFG-Hermes. Gamal Mubarak tenía acciones en una filial de dicha entidad, lo que le permitía embolsarse 880.000 dólares al año en dividendos.

El director general del banco, Yasser El-Mallawany – cuyo nombre aparece en múltiples cuentas de Credit Suisse–, fue acusado en 2012 junto a los hermanos Mubarak de manipular el precio de las acciones para obtener beneficios de otro banco del que eran copropietarios. Fueron absueltos en 2020. A través de su abogado, Mallawany dijo que la información sobre las cuentas «no era correcta», pero no ofreció más detalles. Negó cualquier delito y dijo que el principal origen de sus fondos procedía «de su trabajo y de los ingresos por las participaciones que tenía en las empresas en las que asumió un papel directivo».

  • Alaa Mubarak tenía acciones en otra promotora inmobiliaria de lujo, Palm Hills, donde Mallawany era un miembro de la junta. La compañía es dirigida por el multimillonario Yasseen Mansour, quien también era titular de múltiples cuentas en Credit Suisse. Los activos de Mansour fueron congelados brevemente en 2011 por cargos de corrupción, pero estos se archivaron al año siguiente. Según medios, luego de haber pagado 2unos 15 millones de dólares a las autoridades. Mansour no contestó a múltiples cuestionarios enviados por OCCRP.
  • Otro magnate egipcio del inmobiliario, Hisham Talaat Moustafa, aparece en múltiples cuentas de Credit Suisse. Incluyendo una de su familia que permaneció abierta después de que fuera condenado en 2009 por el asesinato en Dubai de su amante, una cantante pop libanesa. Moustafa no respondió a las llamadas y mensajes enviados a sus números personales y de empresa para conocer sus explicaciones.
  • El suegro de Gamal Mubarak, Mahmoud Yehia El-Gammal, que fue condenado por cargos de especulación después de la Primavera Árabe, también fue titular de una cuenta en Credit Suisse entre 2006 y 2013 que llegó a tener fondos por valor de casi 20 millones de francos suizos (19 millones de dólares). Gammal no respondió a las repetidas solicitudes de comentario enviadas a su abogado.
  • El ministro de Información de Mubarak, Anas El-Fekky, condenado por malgastar fondos públicos en 2014, tenía una cuenta que llegó a acumular más de tres millones de francos suizos en 2007 (2,6 millones de dólares). Fekky tampoco respondió a los cuestionarios para conocer su versión, realizadas tanto a través de sus cuentas en redes sociales como en llamadas a su empresa.

¿Cómo terminaron todos estos personajes, conectados entre sí, en la misma entidad financiera de Suiza? Un antiguo ejecutivo de alto nivel de Credit Suisse explicó a OCCRP que en los mercados emergentes el banco solía centrarse en contratar empleados de «buenas familias» que «tuvieran acceso a familias ricas» y pudieran proporcionar referencias para otros clientes de posición similar.

A menudo, añadió ese exdirectivo, el acceso a las conocidas como PEP – persona expuesta políticamente– se producía a un nivel directivo “muy alto», indicando que el cliente no siempre tendría que seguir los procedimientos habituales. Mientras que los que gestionan las cuentas son «burócratas o funcionarios» que «no hacen preguntas, no conocen la región y no tienen conocimientos bancarios».

Credit Suisse dijo que llevó a cabo la debida diligencia y otros procedimientos de control. 

«Como institución financiera líder a nivel mundial, Credit Suisse es profundamente consciente de su responsabilidad, ante los clientes y ante el sistema financiero en su conjunto, para garantizar que se mantengan los más altos estándares de conducta», afirmó el banco. Además, en referencia a las preguntas planteadas por los periodistas de Suisse Secrets, sostiene que «estas acusaciones de los medios de comunicación parecen ser un esfuerzo concertado para desacreditar al banco y al mercado financiero suizo, que ha experimentado cambios significativos en los últimos años».

 Las cuentas de los Mubarak

En 2011, el Ministerio de Justicia de Egipto dijo que los hermanos Mubarak tenían alrededor de 300 millones de dólares en Credit Suisse y BNP Paribas. Después de la Primavera Árabe, estas cuentas parecen haber sido congeladas junto con otras de personajes relacionados con Mubarak, aunque las autoridades suizas no lo han dicho explícitamente. 

Los nuevos datos filtrados muestran que los hermanos eran titulares de seis cuentas en Credit Suisse, que llegaron a acumular un máximo de más de 277 millones de francos suizos. Los datos no muestran cómo se relacionan los saldos de las cuentas entre sí o cómo se transfieren los fondos entre ellas, lo que significa que no contradice necesariamente la estimación del Ministerio de Justicia. 

El abogado de los Mubarak dijo que «las fuentes de los fondos, así como todas las actividades en las cuentas bancarias suizas de los hermanos, han sido investigadas completa e intrusivamente por el fiscal federal suizo en el curso de más de diez años. Dicha investigación, que ha concluido recientemente y en la que se espera una decisión de cierre inminente, ha excluido inequívocamente cualquier actividad sospechosa o ilícita».

Conozca al nuevo jefe

Hay evidencia de que muchas élites de Medio Oriente enviaron dinero a Suiza y a Europa para salvaguardarlo, mientras que, en casa, las protestas golpeaban los muros de sus privilegios. 

Las autoridades suizas informaron sobre un aumento de «transacciones sospechosas» –aquellas potencialmente asociadas a sobornos, blanqueo de capitales u otros delitos– procedentes de países árabes. Superaron los 600 millones de francos suizos en 2011. Lo atribuyeron el aumento a unos requisitos de información más estrictos y también a los disturbios de la Primavera Árabe.

En septiembre de 2011, el Banco de Pagos Internacionales, una institución financiera con sede en Suiza propiedad de bancos centrales, señaló que en los tres meses anteriores las entidades financieras internacionales habían comunicado un aumento de los pasivos con los residentes egipcios de más de 6.000 millones de dólares y con los residentes libios de más de 2.000 millones de dólares. Ello reflejaba muy probablemente, según señaló, que «fondos nacionales se trasladan fuera de los dos países como resultado de los elevados niveles de incertidumbre política y económica».

Los datos de Suisse Secrets no muestran cuántas de estas transacciones, si es que hay alguna, involucraron a Credit Suisse. Pero al menos un cliente de élite movía dinero al extranjero a través del banco. Los documentos de una investigación judicial en España muestran que la familia de Hussein Salem, el viejo socio de Mubarak, transfirió 3,5 millones de euros desde Egipto a una cuenta en Credit Suisse el 24 y el 26 de enero de 2011, justo cuando las protestas comenzaban en Egipto.

 La conexión Panama Papers

En 2016, la filtración de los Panama Papers mostró que Credit Suisse todavía hacía negocios en nombre de Alaa Mubarak años después de la Primavera Árabe. 

Correos electrónicos mostraron que Mossack Fonseca, el bufete de abogados panameño en el centro de la filtración, había estado gestionando una empresa offshore en nombre de Alaa Mubarak. Se llamaba Pan World Investments, tenía unos 50 millones de dólares en activos y Credit Suisse le presentó al cliente.

En 2014, cuando se estaban celebrando numerosos juicios por corrupción contra los hermanos Mubarak, Credit Suisse se puso en contacto con Mossack Fonseca una vez más, pidiéndoles que se aseguraran de que Pan World Investments se mantuviera en «buen estado».

A medida que avanzaba la Primavera Árabe, quedaba cada vez más claro que las demandas de los manifestantes para acabar con la corrupción sólo se cumplirían con medidas parciales, si es que se cumplían. En Libia, Siria y Yemen, las revueltas se convirtieron en guerras civiles, lo que acabó con cualquier esperanza de reforma. Las monarquías de Jordania, Marruecos y los Estados del Golfo se mantuvieron firmes mientras instauraron reformas cosméticas.

El experimento democrático de Egipto terminó abruptamente en el verano de 2013, cuando un militar llamado Abdelfatah El-Sisi derrocó al primer presidente elegido libremente en el país, Mohamed Morsi. El optimismo dio paso a la constatación de que la mayoría de los activos suizos congelados tras el levantamiento no serían devueltos.

En Egipto, una serie de acuerdos de «reconciliación» provocó que se retiraran muchos cargos de corrupción. En 2017, las autoridades suizas anunciaron que ponían fin a su programa de asistencia legal con El Cairo y descongelaban los activos relacionados. Sin embargo, unos 430 millones de francos suizos bajo investigación criminal en Suiza –la mayor parte aparentemente relacionados con los hermanos Mubarak– permanecieron congelados.

En noviembre del año pasado, un tribunal egipcio emitió una resolución que anulaba la congelación de activos de los hermanos Mubarak. A través de su abogado, los hermanos dijeron que en diciembre el fiscal federal suizo «notificó a las partes la inminente conclusión y cierre del caso».

Oldfield, del Foro Civil para la Recuperación de Activos, denunció que aunque la Primavera Árabe trajo una nueva atención a los flujos financieros ilícitos entre Europa y el norte de África, «nada ha cambiado demasiado sustancialmente».

«El tema subyacente sigue siendo que es relativamente fácil ocultar la riqueza ilícita en Europa, que es un lugar relativamente acogedor para hacerlo. No es un problema que haya terminado. Todavía está muy presente», mantuvo el activista.

Nassar, el abogado que trabajó en la recuperación de activos en Egipto, cree que los esfuerzos comenzaron a perder fuerza a medida que la voluntad política de encontrar y devolver los activos retrocedía. Y recuerda que incluso bajo el mandato de Morsi muchos funcionarios cuestionaban el éxito del programa.

«Siempre se mostraron escépticos sobre si podríamos recuperar algún dinero. En retrospectiva, creo que fueron clarividentes», se lamentó Nassar.