Venezolanos en Chile, vulnerables ante incertidumbre económica por el coronavirus

CORONAVIRUS · 20 MARZO, 2020 08:00

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Maolis Castro


“Le tememos es al 5 de cada mes porque tenemos que pagar todo. Si te paras: ¿Quién te sustenta?”

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Santiago de Chile

Los venezolanos en Chile, una población creciente en el país sureño, se sienten vulnerables. La propagación del COVID-19 ha dejado algo más que contagios. Una de las economías más estables de Suramérica, comienza a sentir los golpes de la pandemia. Carolina B., empleada de una aerolínea, está en tensión permanente desde hace días. “Tengo pánico de quedar desempleada porque no tendría cómo costear mis obligaciones en Santiago ni en Caracas”, explica.  

Entre los sectores más afectados por la crisis, a escala global, están las líneas aéreas y el turismo. Latam Airlines redujo en un 90% sus vuelos internacionales por el coronavirus. El panorama es parecido en el resto de las aerolíneas.   

Pero el COVID-19 no solo afecta a grandes empresas. 

“No escapamos de la realidad. Es difícil pronosticar cuáles serán las consecuencias para las PYMES. Estamos consternados, en la expectativa de qué va a pasar”, comenta Abdala Amer Abdel, un margariteño de 31 años, que tiene una venta de hamburguesas desde hace un año en el centro de Santiago. A su cargo tiene a cuatro empleados. “No estamos pensando en despidos, pero sí en cómo haremos para pagar a empleados. Como migrantes nos toca doblemente difícil. A la fecha que le tememos es al 5 de cada mes porque tenemos que pagar todo. Obviamente si te paras: ¿Quién te sustenta?”, agrega. 

De más de 400 clientes diarios pasó a atender a unos pocos. Ni siquiera durante el estallido social chileno, iniciado en octubre, atravesó por tal turbulencia. Y fue una tempestad – recuerda–, pero superada porque nunca se intimidó ante los saqueos, los gases lacrimógenos, los enfrentamientos entre carabineros y manifestantes. Después de eso, el porcentaje de inmigrantes que quería permanecer en Chile de forma indefinida se redujo a 35% frente a 44% antes del comienzo de los disturbios, según un estudio publicado en diciembre por el Servicio Jesuita a Migrantes, organización católica internacional que ayuda a los refugiados. Ahora, Abdala dice que “reinventará” su negocio ante el coronavirus.  

Venezolanos toman precauciones

Todavía no es impuesta una cuarentena en este país, pero ya muchos se aíslan. Las empresas han pedido a sus empleados trabajar desde casa. Por las calles ahora circulan personas con tapabocas, guantes quirúrgicos o frasquitos de alcohol gel. Muchos negocios y centros comerciales están cerrados, pocos caminan cerca de otros. La mayoría quiere estar preparado ante la amenaza del virus.

Daniel Bracamonte, un taxista de 31 años, dice que experimenta una angustia similar a la vivida en Venezuela durante la escasez de 2016. “No es lo mismo porque hay comida, vas en Chile a un supermercado y encontrarás lo que quieres. Pero sí se siente desesperación al saber que no estás ganando dinero y que podrías quedarte con los bolsillos vacíos para pagar el alquiler, hacer el mercado y enviar a mi familia en Caracas”, indica.  

El miércoles, el día que el presidente Sebastián Piñera decretó Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe en Chile por 90 días, cayó la cantidad de usuarios del Metro de Santiago en un 53% en relación con la semana anterior. También se redujo el número de clientes para Daniel. Durante siete horas se movilizó por las despejadas carreteras de Santiago en búsqueda de pasajeros y solamente consiguió uno. “Tengo una angustia doble. Si dejo de trabajar, si no tengo clientes, eso puede ser fatal porque puedo quedar en la calle. Y si subo a alguien a mi carro, siento que puede ser el numerito premiado: tener coronavirus. Yo, aquí, no tengo seguro, no tengo modo de costearme un hospital aquí. ¿Cómo hago si enfermo?”, resalta. Su visa está en trámite, así que no está afiliado al sistema de salud chileno.

Tres días antes, Daniel y su pareja pensaron nuevamente en migrar. “¿A dónde? No hay escape, es un problema mundial y los migrantes, como yo y mi novia, estamos doblemente afectados”, reflexionó. 

Chile era un oasis en Suramérica para muchos latinos. El destello de una economía próspera, aunado a la posibilidad de estar legalmente en el país, dispararon las cifras de migrantes hasta alcanzar un 7,5% de la población. Hoy, los venezolanos lideran el grupo de inmigrantes en esa nación con 455.494 personas, seguidos por los peruanos (235.165), haitianos (185.865) y colombianos (161.153). Así, como miles de extranjeros, llegó Jenny Medina, una manicurista que aterrizó con su esposo y dos hijos en 2017. De estar un breve período en Curazao, llegaron a Santiago para “comenzar de cero”. Tras dos años, la familia juntó sus ahorros para rentar un local, convirtiéndolo en una peluquería. Y, junto con la prosperidad, también pudieron ayudar a emigrar a otros parientes. El lunes, el local cerró súbitamente. 

Jenny, en consenso con su familia, puso su casa en autocuarentena porque su mamá, con quien vive, atravesó recientemente por un tratamiento oncológico y se recupera de una neumonía. “Queremos evitar al máximo contagiarnos por su salud. Por eso estamos así, en stand by, hasta saber qué sucede con la pandemia”, asegura. Hasta el jueves se habían detectado 342 casos en ese país, la mayoría en la Región Metropolitana.