México: el peligro de la pandemia según los colores del semáforo - Efecto Cocuyo

CORONAVIRUS · 3 JUNIO, 2020 15:39

México: el peligro de la pandemia según los colores del semáforo

Texto por Carmen García Bermejo Fotos por Christian Palma / COPAL

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Han pasado 90 días desde que la vida se convirtió en un simulacro de vida. A las seis de la mañana del viernes 28 de febrero la noticia se esparcía como una plaga: aparecía en México el primer caso de una persona contagiada con el coronavirus. Lo trajo de Italia un hombre de 35 años que había estado recientemente allá.

Desde entonces, y como en casi todo el mundo, se aplicó en seco un freno a la esencia de la humanidad: desde entonces hemos probado a qué sabe la ausencia de las personas y los efectos del miedo cuando se infiltra en la vida.

La memoria de esta pandemia está ya compuesta de imágenes: los rostros exhaustos de médicas, enfermeras, paramédicos y personal de apoyo, chocando en la primera línea con la muerte, con la conciencia de que en cualquier momento pueden sucumbir al contagio, como las y los directores de clínicas en ciudades tan distintas y distantes como Mexicali, Monclova o Nezahualcóyotl; como el director de la clínica Wuchang, en Wuhan.

La idiosincrasia mexicana es tan particular que también provee imágenes impensables en una circunstancia como esta. Qué decir de esa pequeña horda que al grito de “los están inyectando para matarlos, el covid no existe”, irrumpió el 2 de mayo en un hospital local y se dedicó, con sus pequeñas Atilas liderando la violencia, a abrir las bolsas de las personas fallecidas y agredir al personal de salud.

La memoria colectiva aún conserva la huella de la epidemia que en 2009 exportamos al mundo, la del AH1N1. Los encierros, los cubrebocas, la soledad de las calles, el aislamiento. Por eso quizá en México estamos un poco, sólo un poco, más acostumbrados a toda la parafernalia epidémica.

Quizá por eso la estrategia de combate a la enfermedad ha sido polémica, por eso tenemos un Modelo Centinela que casi nadie aplica en América Latina, por eso se han hecho muy pocas pruebas, por eso desde adentro y desde afuera se critica severamente al Gobierno; por eso tenemos una heroína diseñada ex profeso: “Susana Distancia”, que materializa y difunde con un éxito insospechado las recomendaciones sanitarias, aunque a estas alturas ya se ha degastado.

Estos días de pandemia han estado marcados también por las angustias de muchos de los 125 millones de mexicanos por sobrevivir, gente que debe salir a las calles porque vive al día y no puede darse el lujo de no ganar algún dinero, aunque los clientes escaseen. El dilema, ya se sabe, es morir por contagio o de hambre.

Los cubrebocas se han incorporado a la vestimenta, al paisaje urbano; la sana distancia es una etiqueta social y el uso de alcohol y desinfectante ya es habitual, por más que un sector pequeño de la población siga sin creer en la existencia del virus y durante semanas ha abarrotado los mercados ambulantes y las plazas comerciales informales.

México es uno de los pocos países de América Latina en que la cuarentena no es forzosa y las autoridades apelan al cumplimiento voluntario, a la responsabilidad de la sociedad. La mayoría se ha quedado en casa. Bueno, casi todos.

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Este reportaje forma parte del Programa Lupa, liderado por la plataforma digital colaborativa Salud con Lupa, con el apoyo del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).

 

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