En Bolivia los rezos no alcanzaron para detener a un virus - Efecto Cocuyo

CORONAVIRUS · 2 JUNIO, 2020 09:32

En Bolivia los rezos no alcanzaron para detener a un virus

Texto por Fabiola Chambi Fotos por Ulises Cabrera

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Fabiola Chambi

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El rostro de una Bolivia que resistía a la pandemia empezó a mostrar sus grietas en la última semana de mayo tras dos meses de encierro.

El sábado 21 de marzo, antes de que empezara la “cuarentena total obligatoria”, fue el último día en que la gente tuvo permiso para circular sin que policías y militares rondaran por las calles del país, vigilando el cumplimiento de la libertad en pausa.

Las imágenes se repitieron: los mercados populares y supermercados se saturaron de personas que aguardaban turno para comprar alimentos y artículos de limpieza; los sonidos de la epidemia lo cubrieron casi todo: ruidos desesperados que emergían de las bocinas de los autos; pasos acelerados en todas direcciones.

Luego, poco a poco, se asentó el silencio y comenzó a dominar los espacios. La vida a contrarreloj en un solo día.

No se sabía entonces, aunque tampoco ahora, qué vendría. Lo único cierto era que la epidemia había arribado al país. Y también que no hubo tiempo de prepararse para nada. La cuarentena cayó de golpe, de un día para otro.

Ese sábado la presidenta interina Jeanine Añez tomó por sorpresa a sus compatriotas por dos razones: por la premura del anuncio y porque blandió argumentos religiosos contra la COVID-19 y les pidió arrepentirse de sus pecados.

“Pido a ustedes unirnos en una oración permanente. Este domingo inicia una cuarentena total y pido que podamos realizar un ayuno en oración, arrepentimiento y fe, para que sea nuestra mayor arma de lucha contra esta enfermedad”, predicó la también candidata presidencial.

A partir de entonces, el temor y la incertidumbre empezaron a gobernar sobre el país. Y eso se reflejó de diversas maneras. Una de ellas fue la elaboración de letreros improvisados que los propietarios de los comercios instalaron a las carreras.

Por ejemplo, el colocado en la fachada de una tienda de artículos de moda ubicada en una céntrica calle de la ciudad de Cochabamba. Escrito en mayúsculas y letra firme, anunció: “¡VOLVEREMOS CUANDO ESTO PASE!”.

El aviso a unos potenciales e intangibles clientes escondía esperanza más que certeza.

Aun así, el panorama en Bolivia no lucía tan gris. En el resto de los países de la región los casos positivos de la COVID-19 se contaban por centenares cada día, pero en Bolivia no sobrepasaban los 50 y los fallecimientos siempre se contaban en menos de 10.

El Gobierno alardeaba de que esos números eran resultado de las estrictas medidas asumidas a la llegada del coronavirus a Bolivia, cuando dos mujeres provenientes de Italia arribaron a territorio nacional el 11 de marzo y lo trajeron con ellas.

Ningún sacrificio parecía ser demasiado alto a cambio de proteger la salud y la vida, pero conforme transcurrió el tiempo se hizo más complicado mantener a una familia desde casa.

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Este reportaje forma parte del Programa Lupa, liderado por la plataforma digital colaborativa Salud con Lupa, con el apoyo del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).