COVID-19: se estrecha el canal humanitario con Colombia y solo quedan las trochas

CORONAVIRUS · 7 ABRIL, 2020 20:32

COVID-19: se estrecha el canal humanitario con Colombia y solo quedan las trochas

Texto por Edgar López / Ibis León

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Mima (así llaman familiares y amigos a la periodista venezolana María Angelina Castillo) no puede esperar hasta el 13 de abril, cuando termina la cuarentena nacional decretada en Colombia para detener la propagación del COVID-19 y, eventualmente, reabran la frontera con Venezuela.  La próxima semana la joven de 30 años de edad debe aplicarse el próximo ciclo de su tratamiento oncológico y tiene represadas en Cúcuta las medicinas que requiere.

Luego del 14 de marzo, cuando Colombia cerró el paso transfronterizo,  la angustia de las personas con enfermedades crónicas que requieren tratamientos o medicinas que no consiguen en Venezuela aumenta al ritmo de las restricciones del tránsito entre ambos países por la pandemia.

El canal humanitario que permitió que  217 personas se movilizaran de Venezuela a Colombia, según los registros de la organización no gubernamental Comunidad de Naciones, se redujo el pasado jueves 2 de abril y hasta este martes solo se permite el paso de personas con insuficiencias renales con citas programadas de diálisis.

Los controles migratorios han aumentado desde el 14 de marzo. Foto: Cortesía ONG Comunidad de Naciones

José Jaimes, representante de la referida ONG, dijo que lamentablemente ya no pueden ofrecer una ayuda masiva, como durante los primeros días: “A nuestra oficina, ubicada en la calle 4 N° 4-31, en el sector Lagunitas de San Antonio del Táchira, llegaban hasta 80 personas diariamente, en busca de apoyo para cruzar hacia Colombia. Pero debemos evitar aglomeraciones, proteger a estas personas que son más susceptibles de contraer el virus, así como también a los 22 integrantes de nuestro equipo”.

Hay mucha gente que, por la desesperación, se atreve a cruzar por las trochas. “De hecho, en San Antonio abundan quienes ofrecen este servicio en medio de la emergencia que ha creado el coronavirus, pero ello implica riesgos adicionales, pues se trata de pasos ilegales controlados por el crimen organizado”, advierte Jaimes.

Mima logró adquirir las medicinas para un segundo ciclo de su tratamiento oncológico el 14  de marzo. “Un amigo se fue hasta Cúcuta y tuvo que pagar trocha, porque ese día amaneció cerrada la frontera. De regreso sí pudo pasar por el puente Simón Bolívar, pues ya estaba habilitado el canal humanitario. Sin embargo, el cruce de retorno le tomó seis horas porque han aumentado los controles migratorios”, relató .

La periodista vivía en Ecuador, donde ni el seguro privado ni el seguro social cubrían el tratamiento que necesitaba. Pero el Estado venezolano tampoco se lo brinda, por lo cual ha tenido que recurrir al GoFundme: “Para adquirir las medicinas correspondientes al tercer ciclo, que debo aplicarme la próxima semana, todo ha sido más complicado por la reducción del canal humanitario. Ya no permiten el paso a los que necesitamos comprar medicinas en Colombia”.

El estrés no ayuda a las personas que tienen comprometido el sistema inmunológico, como es el caso de Mima: “Nos da mucho miedo traer los medicamentos por las trochas. Sabemos que hay quienes ofrecen ese servicio, pero también que hay muchos estafadores”. 

COVID-19: se estrecha el canal humanitario con Colombia y solo quedan las trochas

Colombia cerró la frontera y Venezuela impone restricciones de movilidad que afectan a personas con enfermedades crónicas. Foto: Cortesía ONG Comunidad de Naciones

Carlos Enrique Peña, de 59 años de edad, confirma que los únicos que tienen mayor holgura para atravesar  la frontera son las personas con insuficiencias renales que tienen tratamientos de diálisis en Cúcuta: “Yo voy lunes, miércoles y viernes. Pero el viernes pasado -3 de abril-, la Guardia Nacional no dejaba pasar. Yo estuve esperando un rato y me vine para mi casa. Después me enteré que a las tres horas abrieron el paso. Igual perdí mi diálisis del viernes”.

Peña vive en San Antonio del Táchira, recibe diálisis en Cúcuta desde hace siete meses y trabajaba como caletero en el Puente Internacional Simón Bolívar. “Aunque me he mejorado, todavía no puedo volver a caletear maletas. Guardo las fuerzas que tengo para caminar como diez cuadras, después de pasar el puente, porque ahora hay menos transporte público”, explica el hombre.

Un trasplante postergado

La pandemia de COVID-19 puso en espera el trasplante de riñón que necesita José Orlando Romero para vivir. El tachirense estaba haciendo gestiones para recibir el órgano en Colombia cuando el presidente  de ese país Iván Duque cerró la frontera con Venezuela para evitar la propagación del virus.

Desde el 1° de junio de 2017, por resolución del Ministerio de Salud, en Venezuela está suspendido el programa de procura y trasplante de órganos. Ante el obstáculo infranqueable, Romero solicitó y obtuvo la nacionalidad colombiana, adquirió un seguro médico privado y planificó su ingreso al sistema de salud del país vecino para poder ser beneficiario de un trasplante. Los médicos le prometieron que solo tendría que esperar cuatro meses para ser intervenido quirúrgicamente, pero no pudo terminar el proceso antes del cierre fronterizo.

Una vez al mes tiene que recorrer 39 kilómetros de San Cristóbal a San Antonio del Táchira y caminar diez cuadras para cruzar la frontera y llegar a Cúcuta, donde compra varias vitaminas y el cloruro de magnesio con el que baja los niveles de fósforo en su cuerpo después de la diálisis. Romero asegura que aproximadamente 350 personas con insuficiencia renal en el estado Táchira dependen del paso hacia Colombia, donde muchos compran medicinas para controlar la hipertensión y la glucemia.

Y ahora, toque de queda

La restricción de circulación para las personas que necesitan comprar medicinas o recibir tratamiento médico en Colombia es “una declaratoria de muerte”, advierte el director general de la ONG FundaRedes, Javier Tarazona.

Explica que debido a la emergencia humanitaria compleja muchos venezolanos dependen de las droguerías en Cúcuta para abastecerse de medicamentos esenciales. Considera que el estado de emergencia agrava la situación al restringir la circulación en el estado y limitar el acceso hacia los municipios fronterizos que comunican a Táchira con el Departamento colombiano Norte de Santander.

Una persona en silla de ruedas es asistida en la frontera. Por falta de transporte público deben recorrer diez cuadras. Foto: Cortesía ONG Comunidad de Naciones.

“Las medidas de protección ante el podrían causar incluso más víctimas trágicas que la propia pandemia si no se activan mecanismos de solución a la problemática de la carencia de medicamentos”, argumenta en una comunicación que envió a la Región Estratégica de Defensa Integral de Los Andes el 18 de marzo.

Tarazona aseguró que también se puso en contacto con el gobierno colombiano para solicitarle que facilite la adquisición de medicamentos en la ciudad de Cúcuta mientras dure la contingencia por la pandemia.

A la compleja situación de movilidad se suma un decreto de toque de queda en los municipios fronterizos Simón Bolívar y Pedro María Ureña, aprobado por Nicolás Maduro este 6 de abril. Entre las 8:00 pm y las 10:00 am no podrán circular ni personas ni vehículos.

La presidenta de la Fundación Seno y Vida, Nelly Carrero, confirma que hay temor de que el toque de queda afecte el paso de los pacientes oncológicos que necesitan ir cada 21 días a Colombia a comprar las dosis de medicamentos para recibir quimioterapia.

“El cierre de la frontera ha afectado mucho, porque en el país la disponibilidad de medicamentos oncológicos no es fácil y a ellos les corresponde salir del país a buscar los medicamentos en Cúcuta. Hay pacientes que deben ir a recibir la radioterapia también y les cuesta por el cierre”, expresa.

Carrero precisa que el jueves 2 de abril se cerró por completo el canal humanitario, pero lo reabrieron el viernes 3 de abril por la presión que hicieron personas con enfermedades crónicas cerca del Puente Internacional Simón Bolívar.

“Si mi hija no tiene insulina se muere”

Colombia también es la fuente de suministro de insulina para las personas con diabetes. Tania De Abreu también está angustiada por las dificultades para adquirir la medicina por el cierre de la frontera. Lo resume en pocas palabras: “Si mi hija no tiene insulina se muere”.

Desde hace dos años, la joven de 20 años de edad requiere inyectarse cinco veces al día dos tipos de insulina. “Nosotros optamos por Colombia porque, es sustancialmente más barato que en Venezuela. Mientras que en Colombia un “pen” cuesta 15 dólares, aquí  en Venezuela cuesta 25 dólares. Serían 50 dólares al mes, más lo que cuestan (más caro en Venezuela) otros insumos, como las tiras reactivas para medir la glicemia”.

Una joven muestra un informe médico para pasar a Colombia. Foto: Cortesía ONG Comunidad de Naciones.

La madre dice que cuando se trata de insulina no basta un simple “bachaqueo”, pues traer insulina de otro país implica preservar la cadena de frío para que el medicamento no se dañe. “Dios quiera que esta pandemia pase lo más pronto posible, pues, es muy difícil costear la insulina en Venezuela y así sea por las trochas yo tendré que ir a buscarla a Colombia”, dice angustiada.