¿Las vacunas contra COVID-19 “contagian” la enfermedad?

COCUYO CHEQUEA · 19 JULIO, 2021 15:30

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Shari Avendaño | @shariavendano


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Si un profesional de la salud dijo que las vacunas “contagian” COVID-19, ya sabe para dónde no hay que ir. A través de las redes sociales, algunos usuarios han preguntado a profesionales de salud dedicados al seguimiento de la pandemia en Venezuela lo siguiente: ¿es verdad que algunos médicos diagnostican COVID-19 a personas que se aplicaron la vacuna? O más concretamente: ¿Las vacunas contra COVID-19 producen la enfermedad?

El médico internista e infectólogo, Julio Castro, respondió a través de sus redes sociales que no existe ninguna posibilidad de contagiarse de COVID-19 producto de la aplicación de la vacuna, posición respaldada por evidencia científica y compartida por organismos multilaterales en materia de salud. 

La Unidad de Verificación de Datos y Fact-checking de Efecto Cocuyo consultó portales de organizaciones sanitarias internacionales para ampliar por qué ninguna de las vacunas aprobadas hasta la fecha puede causar en sí misma COVID-19.

Sin el virus vivo

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), institución sanitaria de Estados Unidos, señalan en su sección de mitos y hechos que ninguna de las inmunizaciones autorizadas hacen que las personas salgan positivos en las pruebas virales. Aclaran que si el organismo genera una respuesta inmunitaria, que es el objetivo de la vacunación, podría salir positivo en algunas pruebas de anticuerpos.

¿Por qué sucede esto? Porque este tipo de test detecta si la persona tuvo una infección previa y, por tanto, tiene algún nivel de protección contra el virus.

Las vacunas contra el COVID-19 autorizadas hasta la fecha (viernes, 16 de julio de 2021) no contienen el virus vivo que causa la enfermedad, por eso no pueden infectar a las personas. Lo que sí puede ocurrir después de la vacunación es que algunas personas presenten efectos secundarios leves. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) nombra algunos como dolor en el sitio de la inyección, fiebre y dolor muscular por poco tiempo. 

Estos síntomas son comunes y son señal de que el cuerpo está generando una respuesta inmunitaria; es decir, los mecanismos necesarios para protegerse de la enfermedad en caso de estar expuesto al virus que la produce. De igual forma, si una persona se vacunó y estos síntomas no se presentan, no significa que la inmunización no generó protección.

De igual forma, las personas pueden contagiarse incluso estando vacunadas, pero por motivos naturales y no por la vacuna en sí, por lo que es necesario protegerse mientras más personas reciben la inmunización y continúan las investigaciones para conocer cuánto dura la inmunidad.

Tipos de pruebas de detección

Según los CDC, existen dos tipos de pruebas de detección de COVID-19: las pruebas virales y de anticuerpos. Los test virales detectan si una persona tiene una infección en curso. En esta categoría entran las pruebas de reacción en cadena de polimerasa, mejor conocidas en Venezuela como PCR-RT, y las pruebas de antígenos.

Los test de anticuerpos o serología indican si una persona tuvo una infección en el pasado, por tanto no deben usarse para diagnosticar una enfermedad en proceso.

El portal web Prodavinci detalló que en Venezuela se realizan tres tipos de pruebas en casos sospechosos o probables de COVID-19: PCR-RT, pruebas de detección de antígenos y pruebas diagnóstico rápido (no recomendadas para el diagnóstico de la enfermedad).

Vacunas aprobadas y su tecnología

Uno de los argumentos que usan los grupos antivacunas desde que la ciencia creó las inmunizaciones es que los productos biológicos contienen el virus vivo. Pero esto es falso, buscan confundir a la población con la tecnología que se usa para crear vacunas.

La OMS explica que, a la fecha, existen tres métodos principales para fabricar vacunas: utilizar un virus o una bacteria íntegra, solo usar fragmentos de estos microorganismos o solo utilizar material genético. Solo en la primera categoría están las vacunas inactivadas, atenuadas y basadas en vectores víricos. A continuación, un resumen de qué significa cada estrategia:

  • Vacunas inactivadas: se aísla el microorganismo para inactivarlo o destruirlo. Ejemplo: algunas inmunizaciones antigripales y antipoliomielíticas, las vacunas de Sinovac y Sinopharm.
  • Vacunas atenuadas: los microorganismos se mantienen activos pero debilitados. Ejemplo: la triple viral (para la rubeola, sarampión y paperas).
  • Vacunas basadas en vectores víricos: usa un virus inocuo para transportar fragmentos específicos del agente patógeno para que se genere la respuesta inmunitaria sin causar la enfermedad. Ejemplo: la Sputnik V contra COVID-19 y la vacuna de Janssen.

Sobre el método basado en el uso de fragmentos de microorganismos, usa partes específicas del virus o bacteria para que el sistema inmune lo reconozca. Nunca usa el agente patógeno íntegro. Las vacunas para combatir la tosferina, el tétanos y la difteria utilizaron este método para su desarrollo.

Uno de los métodos más nuevos para crear vacunas es el que usa material genético. El ARN mensajero (ARNm) lleva la receta molecular (unas “instrucciones”) para que las células fabriquen la proteína viral que requiere el sistema inmune para reconocer el agente patógeno.

Vacunas seguras

Solo hasta marzo del 2021 había más de 260 vacunas contra COVID-19 en desarrollo, según datos de la OPS. Las vacunas, para poder aplicarse en la población, deben pasar varias fases de ensayos clínicos, recibir una autorización por parte de alguna entidad regulatoria nacional. Para que una vacuna entre en la lista de la OMS para uso de emergencia (por tanto, sea una opción para los países que forman parte del Mecanismo Covax) debe tener al menos 50% de eficacia.

En conclusión, las vacunas no transmiten COVID-19 ni generan test positivos. Sin embargo, podría salir positivo en algunas pruebas de anticuerpos (que no se usan para diagnosticar la enfermedad, sino para saber si tuvo infección previa y tiene algún nivel de protección). Las personas pueden contagiarse incluso estando vacunadas, pero por motivos naturales y no por la vacuna en sí.