El arroz es de los primeros cultivos en padecer el cambio climático en Venezuela

CAMBIO CLIMÁTICO · 5 JUNIO, 2022 07:30

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Margaret López


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El arroz es el símbolo de la abundancia y la buena fortuna que se le lanza a los recién casados en Venezuela. Es también el protagonista de dos platos clásicos de la cocina popular: el pabellón y el arroz con pollo. Pero muy pocas veces se le piensa como un cultivo que muestra la huella que el cambio climático comienza a dejar en el país.

“Hace cuatro años, entre 2018 y 2019, vivimos un momento muy crítico. Los cultivos no llegaban a su etapa de maduración, se deformaban, se marchitaban y no se lograba consolidar el grano de arroz. El rendimiento de los cultivos cayó muchísimo y hubo zonas de pérdida total”, recordó José Luis Pérez, presidente de la Federación Venezolana de Organizaciones Productoras de Arroz (Fevearroz), en entrevista para Efecto Cocuyo.

Las palabras del productor José Luis se alargan en la medida que rememora las dificultades de aquel momento. El rendimiento de los cultivos de arroz que sobrevivieron en aquella cosecha cayó a menos de la mitad de lo habitual, aunque lo más importante es lo que aprendieron: el impacto del aumento de la temperatura.

“La variación de la temperatura nocturna por encima de 25 grados (Celsius). Esos años hubo mucha pérdida asociada a esos cambios de temperatura”, acotó el presidente de Fevearroz, cuando se le preguntó por la causa de aquellos años oscuros de la producción arrocera venezolana.

Más calor nocturno, menos producción

Este aumento de la temperatura nocturna en los estados Portuguesa, Guárico, Cojedes y Barinas durante los años recientes seguro pasó como un comentario trivial entre las personas locales, pero para las plantas y los cultivos del arroz fue un asunto muy serio.

¿Por qué importa a cuánto llega la temperatura en las noches en los grandes estados agrícolas venezolanos? Porque es el momento en que todas las plantas respiran y cualquier modificación significativa en sus patrones habituales puede resultar en una calamidad para los sembradíos del arroz, al igual que el resto de los cultivos.

“Lo natural es que las personas se fijen en la temperatura media, pero para los cultivos la más importante es la mínima. En la medida que la temperatura mínima aumenta, la planta aumenta su respiración y se estresa, consume más carbohidratos y llena menos las espigas del arroz”, explicó Rafael Javier Rodríguez, experto en agroclimatología y consultor para organizaciones como el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), en conversación exclusiva para Efecto Cocuyo.

El rendimiento de las cosechas de arroz venezolano es menor a otros países de la región | Foto: Fundación Danac

El calor nocturno afectó a los sembradíos de arroz venezolanos entre 2018 y 2019, al punto que el rendimiento cayó a 2.300 kilos por cada hectárea sembrada. Eso es menos de la mitad de lo que se produjo, por ejemplo, el año pasado, cuando el rendimiento alcanzó los 4.700 kilos por hectárea, de acuerdo con los datos de Fevearroz.

Eso sin contar que el arroz venezolano está por debajo del rendimiento de los cultivos en Colombia, Perú y Uruguay, donde se consiguen entre 7.000 kilos y 8.000 kilos por cada hectárea cultivada.

Efectos directos

“Cuando hablamos del cambio climático se muestran a los osos polares que no tienen ningún lugar a donde ir y la gente piensa que eso no nos va a afectar a nosotros aquí. Cuando lo importante es que hablemos de los efectos del aumento de la temperatura y de la alteración de los patrones de lluvia, porque eso es lo que afecta al arroz, al maíz, la caña de azúcar y al aguacate”, puntualizó Rodríguez, quien coordinó un estudio de modelos de cambio climático en Venezuela hace una década.

El “Plan adaptación al cambio climático del sector agrícola”, escrito por los expertos Juan Carlos Sánchez, Ricardo Castillo, Andrés Kowalski y el propio Rodríguez, estaba centrado en la necesidad de “garantizar la seguridad alimentaria en Venezuela”.

El estudio financiado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) ya advertía de las tres grandes consecuencias agrícolas del cambio climático para Venezuela: una menor producción para los cultivos nacionales, una desmejora de los ingresos de los agricultores y alimentos más caros para los venezolanos.

Los datos de las proyecciones climáticas para Venezuela, además, son muy claros. Los cultivos de arroz perderán un tercio de su rendimiento (31,1%) en la medida que aumente la temperatura en el país, como lo especifica la “Segunda Comunicación Nacional ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático”.

Las producciones de arroz más afectadas serán aquellas ubicadas en Portuguesa (-2,58%), Barinas (-2,22%) y Guárico (-0,65%). Mientras que Cojedes pudiera verse beneficiado con unas condiciones más óptimas para el cultivo del arroz con un aumento de 3,13% del rendimiento por hectárea.

Hora del debate

Al hablar de la relación del arroz y el cambio climático en Venezuela, sin embargo, no hay que olvidarse de las contribuciones de este cereal en el complejo ciclo de aumento de la temperatura global.  

Los sembradíos de arroz suponen un consumo elevado de agua y también emiten al planeta una concentración de metano, que es uno de los gases con efecto invernadero que al final desencadena una temperatura global más alta.  

“La inundación que se practica con los cultivos de arroz trae como consecuencia la emisión de metano. Este gas es 23 veces más potente que el dióxido de carbono en generar el aumento de la temperatura global”, especificó el profesor Rodríguez, quien también hace vida en la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado (Ucla).

Las cosechas de arroz con inundación emiten metano al ambiente | Foto: Fundación Danac

Si se mira un sembradío de arroz desde la altura siempre se ve una inundación alrededor y suele pensarse que esto ocurre por un requerimiento propio del cereal.  

Cuando la verdad es que este método agrícola del arroz se popularizó en el pasado como una forma de abaratar costos, para no tener que trabajar en retirar la maleza durante los cuatro meses entre la siembra y la recogida de la cosecha. Casi puede compararse con quien utiliza el agua potable para barrer el patio de la casa sin considerar que desperdicia un recurso ambiental crucial.   

“Tenemos que hablar más de agricultura climática inteligente y todavía no lo logramos. Hay formas de aumentar la productividad con un mayor análisis de suelo, más drones y tecnología y, sobre todo, con la compra de semillas certificadas. No podemos seguir solo hablando de superficie y rendimiento”, aseguró Saúl Elías López, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (Sviaa), en entrevista para Efecto Cocuyo.

El arroz consume entre 10.000 y 15.000 metros cúbicos de agua por cada hectárea sembrada. Agua que en el ciclo de verano se saca de los embalses en Guárico y Portuguesa, pero que durante el otro ciclo se consigue a punta de bombas hidroeléctricas y pozos de los propios productores, lo que implica también un consumo extra de diésel.

En Vietnam, por ejemplo, ahora utilizan la inundación propia de los cultivos de arroz también para la cría de patos en el mismo terreno como una opción para eliminar las emisiones de metano. En Venezuela todavía no se trabajan en las soluciones locales, pero es hora de que comience, al menos, el debate.  

Foto principal: Fundación Danac